domingo, 3 de junio de 2012

Gerard Way es un capullo pero Frank le quiere igual.

CAPÍTULO ÚNICO


Frank Iero estaba jodido.

No literalmente, como le gustaría, pero jodido al fin y al cabo.
Tenía 17 años, le faltaban unos meses para empezar la universidad y estaba completa y absolutamente  colgado de su mejor amigo, Gerard Way, aquel niño regordete al que conoció 10 años antes y que con el paso del tiempo se había transformado en un cabrón de ojos esmeralda y pelo negro con el carbón y con un cuerpo que haría babear a cualquiera.

No fue amor a primera vista ni mucho menos, más que nada porque durante los primeros años se llevaron bastante mal.

Frank era amigo de Mikey, el hermano menor de Gerard, quien tenía una edad más cercana a la suya propia. Desde el primer saludo se llevaron de maravilla y sólo les hicieron falta un par de días para empezar a ir juntos todas las tardes al parque o para jugar juntos en el jardín, el de los Way o el de los Iero dependiendo de sus intenciones.

Frank no conoció a Gerard hasta dos meses después de hacerse amigo de Mikey. Y no fue de una forma agradable.

El pequeño Frankie de 7 años estaba sentado bajo el gran árbol de su jardín jugando con su muñeco de Frankenstein, esperando a que llegase su amigo Mikey, cuando de repente una sombra le cubrió entero.  Levantó la vista y se encontró con un niño mofletudo, con el pelo cortado a tazón y cara de malas pulgas.

-¡Hola! –Saludó el pequeño efusivamente con una gran sonrisa– ¿Cómo te llamas? ¿Quieres jugar conmigo?

-No quiero jugar contigo, enano. Sólo vengo a decirte una cosa: Deja en paz a mi hermano. Mikey es mi amigo y por tu culpa ya casi no pasa tiempo conmigo.

-¿P-Por qué no vienes tú con nosotros mejor? Yo quiero mucho a Mikey…

-Yo no quiero ir con un mocoso como tú. ¡Así que aléjate de mi hermano! –Le quitó el muñeco de las manos– O este feo monstruo acabará en el fondo del mar.

-¡Frankenstein no es un monstruo! ¡Dámelo, es mío! –Gritó al borde de las lágrimas.
-No. Me lo quedaré para garantizar que no vuelves a acercarte a Mikey. Si lo haces, el monstruo muere. ¿Te queda claro? –Amenazó.

Y Frank salió corriendo hacia su casa con lágrimas corriendo por sus mejillas. No quería dejar de ser amigo de Mikey, pero tampoco quería demasiado a ese muñeco.

Con el paso del tiempo Gerard dejó de ser tan posesivo con su hermano y se hizo  un lado, permitiendo que Frank y Mikey volviesen a ser tan amigos como antes.
Fue en el cumpleaños número 12 de Frank cuando las cosas cambiaron entre Gerard y él.

Hasta entonces el mayor le había ignorado completamente, pero con 16 años Gerard se dio cuenta de que había sido muy cruel con Frank durante esos años, sobre todo al principio.

Por eso, el 31 de octubre de ese año, le hizo a Frank el mejor regalo de todos. Algo que creía perdido para siempre a pesar de que se moría por recuperarlo: su muñeco de Frankenstein.

Frank se lanzó al cuello de Gerard para abrazarle con todas sus fuerzas, siendo respondido de la misma forma, y a partir de ahí todo mejoró.
Sin darse cuenta de cómo ni de cuándo, Frank empezó a pasar cada vez más tiempo con Gerard, incluso más que con Mikey.
En sus años de instituto Gerard dejó de ser el niño raro, tímido y gordito para ser el chico raro, sensual y atractivo que aún seguía siendo, con ese aire rebelde que siempre le acompañaba. Y Frank no era ciego ni mucho menos, por lo que se descubrió a sí mismo mirando a su amigo con otros ojos (unos más hambrientos) y más tiempo del necesario. Además de que buscaba cualquier excusa para tocarle y para verle cuando se cambiaba de ropa.
Y Gerard no era tonto, así que se dio cuenta enseguida y empezó a seguirle el juego. Nunca había sido inmune a ese algo atrayente que poseía Frank, aunque tampoco había hecho nada por demostrar que le atraía.

Hasta esa noche en la que, por casualidades de la vida, la película que veían en la televisión se terminó y empezó una peli porno. Disimuladamente, Gerard se fue acercando a Frank y le susurró al oído con voz ronca: “¿Sabes que muchos amigos se masturban entre ellos para disfrutarlo más?”. Y sin más, llevó una mano hacia la entrepierna del menor.
Terminaron haciéndose una paja el uno al otro y esa fue la perdición de Frank. Tenía 15 años y Gerard 19 cuando empezó a enamorarse de su mejor amigo.

Y ahora está jodido, porque, sí, Gerard siempre le ha seguido el juego, y a las pajas les siguieron las mamadas. Pero nunca han hablado de sentimientos y Frank está enamorado hasta las trancas mientras Gerard simplemente continúa tonteando con él… A pesar de tener novia.

Sí, señoras y señores, Gerard Way tiene novia desde hace unos meses. Una perfecta y magnífica novia.

Y Frank no puede odiar a la zorra de su novia (insultarla sí, aunque solo lo haga mentalmente), porque la tía es simpática y cariñosa y se hace querer desde el primer segundo. Preferiría pensar que es una perra sin sentimientos para no sentirse tan mal cuando su novio y él se hacen pajas o se comen las pollas a escondidas, pero no puede, porque en realidad es una tía genial.
Total, que sí se siente culpable, pero ¿cómo negarse a hacer esas cosas con Gerard cuando es lo único que puede tener con él más allá de la amistad?
Así que Frank se siente un mierda por permitir que Gerard engañe a esa pedazo de novia que tiene y que no se merece.

Pero todo sentimiento de culpabilidad se le olvida cuando siente la mano de Gerard sobre su cuerpo. Como ahora.

Han ido los 3 juntos al cine y Gerard está sentado en el medio. Frank a su derecha y su novia a su izquierda. Todo está a oscuras, la película acaba de comenzar y están prácticamente solos.

Frank está perdido entre la pantalla y sus pensamientos cuando nota la mano de Gerard sobre su muslo, la palma sintiéndose caliente a través del pantalón.

Frank da un respingo en su asiento y mira a Gerard, que se gira un segundo hacia él para sonreírle juguetón y guiñarle un ojo antes de inclinarse hacia su novia y comentarle algo sobre la película sin quitar su mano de donde está.

Según pasan los segundos (que a Frank le parecen horas), la mano de Gerard va subiendo por su pierna al compás de su temperatura corporal y, cuando llega a su polla (la cual está rogando por un poco de atención, lágrimas de semen incluidas), Frank ve a Gerard comiéndole la boca a su novia, literalmente.
Ahí se da cuenta de que Gerard es el cabrón hijo de puta más grande del planeta y alrededores porque le está desgastando los morros a su novia y a la vez está desabrochándole el pantalón a él, colando la mano dentro de su calzoncillo un segundo después y ohDiosjodersí, Frank ha dejado de pensar nada coherente y tiene que morderse el puño si no quiere que las cuatro personas que hay desperdigadas por la sala le escuchen gemir y jadear como un poseso gracias a los rudos y expertos movimientos del moreno sobre su polla.

Gerard tiene el brazo izquierdo sobre los hombros de su novia, acercándola más a su cuerpo para comérsela mejor, mientras la mano izquierda hace estragos en su mejor amigo, agarrándole con firmeza y pasando el pulgar por la cabeza.

Frank se deja llevar y abre más las piernas, dándole todo el espacio que puede a Gerard porque asíGeeasíMásmásmás, su cabeza golpeando el asiento para no volverse loco. Y no puede más. La mano de Gerard baja un poco y una simple caricia en sus pelotas hace que se corra, manchando su pantalón, la mano de Gerard e incluso el asiento de delante. Y si no fuese porque Gerard la está distrayendo con sus dientes y su lengua, la chica se habría dado cuenta. Fijo.

Frank se deshace sobre su butaca, intentando recuperar el aliento y aspirando bocanadas de aire de la forma más disimulada posible, cuando nota algo contra sus labios y abre los ojos para encontrarse la mano de Gerard esperando ser limpiada.

Y sería algo asqueroso en cualquier otro momento, pero después de lo que han hecho es obsceno y caliente. Y sexy. Así que le chupa los dedos que le ofrece y oye un gemido por parte de Gerard, aún pegado a la boca de la chica, pero Frank SABE que lo ha causado él y la realidad le golpea fuerte como un sartenazo en la cabeza.

Gerard ha vuelto a engañar a su novia, OTRA VEZ, estando ella delante y se siente un rastrero y miserable por permitirlo. Además, Gerard se está poniendo cachondo y será su novia quien se lleve el premio mientras él se queda así, sintiéndose culpable y celoso. MUY celoso.
Por eso se levanta de repente, haciendo que Gerard le mire extrañado, despegándose de la boca esa perra (novia perfecta, pero perra al fin y al cabo) y le siga con la mirada hasta que desaparece por la puerta de la sala.
Frank huye hasta la calle y enciende un cigarrillo, porque es lo único que le puede calmar un poco y hacer que no sufra un ataque de ansiedad.

El humo le calma un poco y cierra los ojos, dejando que el frío aire de la noche haga el resto. Y no va ni por la mitad del cigarro cuando le escucha tras él.
-Frankie, ¿qué te pasa?
Frank suelta el humo despacio, dándose tiempo para hablar y decirle de una buena vez todo lo que pasa por su cabeza y girándose para hablarle.
-Gerard, estoy harto de esto. Al principio estaba bien pero no puedo seguir con ello sabiendo que estás engañando a tu novia, porque es una tía increíble y no quiero hacerla daño. No se lo merece, Gee, y eres un cabrón por hacerla esto.
-Frank…

-No, déjame hablar. Al principio dejé que esto pasase porque llevaba deseándolo mucho tiempo. Y aún lo hago. Y no me he negado a pesar de que tuvieses novia porque era la única forma de tenerte de esta forma, pero ya no más… Yo te quiero, Gee, más de lo que te imaginas y más de lo que se quiere a un amigo. Pero si para tener algo contigo tienes que engañar a esa fantástica novia que tienes, se acabó.
Y antes de darse cuenta, tiene a Gerard enganchado a su boca y le está besando con todo lo que tiene y más, rodeándole con los brazos por todas partes y apretándole contra su cuerpo.
-Eres tonto, Frankie. –Susurra sobre sus labios, mirándole fijamente a los ojos, las frentes aún unidas. Le da otro beso antes de seguir hablando– Eres un imbécil porque tenías que ponerte celoso, no encariñarte con ella. –Otro beso– Ella solo es una gran amiga que accedió a salir conmigo a ver si conseguía ponerte celoso y así descubrir si me querías como yo te quiero a ti.

La cabeza de Frank trabajaba a toda velocidad intentando entender lo que ocurre, y cuando lo logra, se separa del mayor con el ceño fruncido y los brazos cruzados sobre su pecho.

-¡Eres un gilipollas, Gerard Way! ¡Llevo meses sintiéndome una basura por tu culpa por creer que le estábamos haciendo daño a ella!

-Lo siento, lo siento, lo siento. Ella lo sabe todo. Además, nunca hemos hecho nada, sólo besitos tontos delante de ti y tal… No te enfades.

Esa cara de perrito mojado derriba las barreras de Frank, pero no va a darle la satisfacción de saberlo tan pronto. Que sufra. Así que sigue en la misma postura.

-Tendrás que recompensarme.

Y Gerard sabe lo que tiene que hacer para deshacerse del enfado de ese mocoso del cual se enamoró desde el primer momento en que lo vio desde su ventana. Al que había amenazado por sentirse celoso de que siempre jugase con su hermano y no con él. A quien le robó el muñeco de Frankenstein solo porque era suyo y le recordaba a su dueño.

Ahora lo tenía a él y no pensaba devolverlo.