viernes, 27 de julio de 2012

Últimos caps de Obsesionados con el Sexo - Epílogo



EPÍLOGO


G- Dime que esto no está pasando. -Rogó en un susurro a su pareja.


F- Otra vez con lo mismo. -Resopló, frustrado por la actitud del pelinegro- Hazte a la idea. Se va.


G- No, en serio, Frank. Dime que esto es una pesadilla. -Dirigió una mirada al joven trajeado que esperaba nervioso a unos metros de ellos.


F- Aggg. Me sacas de quicio, Arthur. Ahora tengo que irme. ¿Me prometes que si te dejo aquí solo no harás nada de lo que luego te arrepientas?


G- Te aseguro que si hago lo que deseo no me arrepentiré nunca. -Respondió, tozudo. Frank se pasó una mano por la cara y el pelo y resopló de nuevo.


F- Tú lo has querido. ¡Mikey! Ven un momento, por favor. -Le llamó al verle unas filas más atrás- ¿Puedes quedarte a vigilar a tu hermano hasta que yo vuelva?


G- ¡Eh! ¡No soy un crío que necesite vigilancia! -Cruzándose de brazos.


F- Pues te comportas como uno.


Mikey- No te preocupes, Frankie. Yo le vigilo. Ahora vete antes de que el chaval se vuelva loco esperando. -Bromeó, mirando al chico de traje, que se apretaba las manos.


F- Sí, pobrecillo. -Gerard gruñó y Frank se acercó a él para hablarle al oído- Si no te comportas como debes, te quedas sin sexo un mes. -El tono frío y autoritario le hizo comprender al pelinegro que iba en serio. También le mandó descargas directas a su entrepierna, pero eso no viene al caso.


Frank dejó al hermano de su marido al cuidado de éste y salió hasta donde ya le esperaban.


No pudo evitar quedarse mirándola con cierto aire nostálgico, dándose cuenta de qué rápido había pasado el tiempo. Cuando ella le miró, pudo verle sus ojos brillantes de lágrimas contenidas.


F- Estás preciosa, pequeña.


H- Gracias, mamá. Pero ya no soy pequeña. Tengo 24 años. -Sonrió, dándole un fuerte abrazo.


F- Siempre serás nuestra pequeña, aunque ya no estés con nosotros. -Un lágrima corrió por la mejilla de Frank y Helena la limpió con su mano.


H- No llores o lloraré yo también y se me correrá el maquillaje.


F- Lo siento, cariño. Ya está. -Se repuso como pudo, estirándose la chaqueta del traje y dobló el brazo para que su hija se agarrase a él.


H- ¿Qué tal está papá?


F- Haciéndose a la idea, ya sabes. -Rió- ¿Estás lista?


Helena cogió aire, cerró los ojos y lo soltó poco a poco.


H- Sí.


Un último beso en la mejilla de su hija justo cuando la música nupcial empezaba a sonar.


Caminaron a paso lento a lo largo del pasillo de la iglesia, sonriendo a los invitados, hasta que el padre dejó a su hija junto al que sería su marido y volvió junto a Gerard, que miraba la escena entre emocionado, triste y enfadado, con los ojos repletos de lágrimas sin derramar.


G- Está preciosa.


F- Pues claro. Es nuestra hija, ¿qué esperabas? -Bromeó para aligerar el estado de su pareja y enlazó sus manos para el resto de ceremonia.


...


G- Todavía estás a tiempo. Sólo dímelo y les distraigo a todos para que puedas huir. -Le susurró a su hija al oído, una vez concluida la ceremonia y la celebración. Se estaban despidiendo para que los recién casados se fuesen de luna de miel.


H- Papá, no empieces otra vez. -Le advirtió.


G- Es verdad, lo siento. Pero no sabes cuánto me cuesta pensar que te nos vas de casa para empezar una nueva vida con tu marido. -Miró hacia la derecha, donde Frank hablaba feliz con el chico.


H- Brian me cuidará bien. Siempre lo ha hecho, ¿no? -Acarició el rostro de su padre y le besó en la mejilla.


G- Tienes razón. Me alegro de que le hayas elegido a él.


H- Tampoco había mucho donde elegir... -Bromeó, refiriéndose a su pequeño grupo de amigos. Gerard rió con ella justo cuando Frank y Brian se acercaban a ellos, lo que hizo que endureciese el gesto.


Se acercó a Brian para hablarle fijamente.


G- Te llevas lo más importante que tenemos. Más te vale cuidarla y protegerla o te las verás conmigo. -Frank rodó los ojos a su lado y negó con la cabeza.


Brian- La protegeré con mi vida si hace falta, ya lo sabes. -Le tendió la mano para estrechársela en despedida pero, tras dudar unos segundos, Gerard abrió los brazos para abrazarle.


G- Eres de la familia ahora. -Le dijo antes de soltar el abrazo ante las cálidas miradas de su marido y su hija.


H- Bueno, nosotros nos vamos ya. -Dijo, cogiendo a su marido de la mano.


F- Llamadnos cuando lleguéis. -Asintieron y, con una última sonrisa, subieron al coche que les esperaba.


Gerard y Frank se quedaron mirando el coche hasta que este desapareció.


F- ¿Cómo estás? -le preguntó, al notarle perdido en sus pensamientos. El pelinegro tardó en reaccionar y cuando lo hizo su reacción pilló desprevenido al menor.


G- Tengo que hacer algo, no puede llevársela. -Echó a andar hacia su propio coche con intención de seguirla.


F- Oh, mierda, ya vale de tonterías. -Riendo, le cogió de la mano y tiró hacia él hasta dejarle los brazos alrededor del cuello y besarle con las ganas que había reprimido desde que le vio con el traje puesto.


...


G- Se ve tan vacío el apartamento ahora que no está Helena... -Suspiró mientras dejaba la chaqueta del traje sobre el sillón.


F- Sí. Es raro no ver sus cosas tiradas por todas partes. -Rió con Gerard- Lo bueno es que ya no tendremos que andar con cuidado por la casa. Podremos hacer lo que nos de la gana.


G- Como lleva haciendo ella desde los 15 años. -Resopló. Frank soltó una carcajada al recordar.


F- ¿Te acuerdas de aquel día que...


G- Sí. Lo recuerdo perfectamente. -Le cortó.


-Flashback-


F- Gee. Gee. Hazlo ya. Chúpamela ya, joder. -Gimoteaba.


Estaban los dos solos en casa, exactamente en la terraza, e iban de camino a pasarla realmente bien con una buena sesión de sexo al aire libre.


Gerard sonrió de lado y, justo cuando iba a meter la polla de Frank en su boca, escucharon un golpe en la planta de abajo.


G- ¿Qué ha sido eso? -Preguntó, incorporándose. Frank, en medio de su estupor, no había escuchado nada.


F- No ha sonado nada. Vamos, sigue con lo que hacías.


G- No, no. Ha sonado algo. Vamos.


Se puso de pie y caminó hasta la puerta de la terraza para bajar las escaleras que daban al apartamento, seguido de un Frank enfadado que iba colocándose la ropa.


F- Te digo que no ha sido nada. Habrá sido tu imaginación. -Repitió al final de la escalera.


G- Calla. Oigo voces.


-Mierda, lo hemos roto. Tus padres nos matan. -Se escuchó una voz preocupada.


H- Tranquilo. No están aquí. Les diré que ha sido Sweet Pea. -La voz se su hija se escuchaba amortiguada, acompañada de sonidos húmedos de succión.


Gerard y Frank se miraron. El pelinegro intentó avanzar un poco más para ver con quién estaba su pequeña, dispuesto a arrancarle las pelotas y echarle de casa, pero Frank le detuvo.


-¿Y si vienen antes de tiempo y nos pillan? Tu padre me mata. -Murmuró asustado.


H- Te lo repito. No van a venir. Y si vienen, mamá me cubrirá. -Más ruidos de besos- Lo que vamos a hacer ahora es follar como locos y vas a olvidarte de todo lo demás, ¿vale, rubito?


Los ojos de Gerard se abrieron como platos al escuchar eso de la boca de su hijita mimada. No podía ser. Era su nena, su pequeña, su niña. No podía estar hablando de follar. ¡Tenía 15 años!


-Joder, sí. Vamos a follar. Vamos a tu cuarto.


La voz desesperada del chico consiguió que el interior del pelinegro hirviese de furia.


Con un tirón se escapó del agarre de Frank y consiguió avanzar hasta el comienzo del pasillo donde se encontró con la cara de Helena escondida en el cuello de, nada más y nada menos, Brian.


Él lo sabía. Lo supo el primer día que le vio. Ese chico rubio pervertiría a su hija y él no iba a permitir que le robase la virginidad a su hija.


Lo que no sabía era que su hija hacía tiempo que había dejado de ser virgen. Exactamente desde el día que a Brian y a ella les dio por experimentar, lo cual acabó unas semanas después con un más que cantado noviazgo.


Ya tenía la boca abierta para gritar cuando la mano de Frank le hizo de mordaza impidiéndoselo. Tuvo que usar toda su fuerza y sus tácticas más sucias para arrastrar al pelinegro de nuevo a la terraza, tumbarle en una tumbona y tranquilizarle.


-Fin del flashback-


Frank sonrió al ver el gesto en el rostro de Gerard al recordar ese momento, así que decidió hacerle olvidar como mejor sabía. Cambió su anterior tono divertido a uno más sexual.


F- ¿Sabes? Te has portado muy bien al final. -Comentó, acercándosele peligrosamente.


G- Si, ¿verdad? Era mucho lo que me jugaba. -Se giró hacia él y le pasó los brazos por la cintura. Toda melancolía y tristeza olvidada por el momento- ¿Cuál es mi premio por buen comportamiento?


Las manos de Frank se pasearon por el cuello del mayo, enredándose en su cabello y volviendo hacia adelante hasta llegar a la corbata, la cual fue aflojando poco a poco, sin hablar y mirando todo el rato sus propias manos. Los dientes mordiendo su labio inferior.


Cuando la aflojó lo suficiente, le sacó la corbata al pelinegro por la cabeza y le empujó contra la pared.


F- Creo que ya sabes cual es tu premio. -Susurró contra su boca. Sus ojos vagando desde los labios hasta la mirada esmeralda.


Gerard no lo soportó y se inclinó un poco para besarle fuerte y profundo. Mordiendo y lamiendo todo a su paso. Perdiendo su lengua en la boca de su pareja, donde encontró una igual, pero más juguetona todavía.


Tan sumido estaba en ese beso, que no notó de cuándo Frank había cogido sus manos, llevándolas sobre su cabeza.


Cuando intentó moverlas, se dio cuenta de que estaban unidas con algo. Las bajó, haciendo que Frank se separase un poco con una sonrisa traviesa que el mayor no vio, y descubrió su corbata atada alrededor de sus muñecas. Un buen nudo del que no pudo deshacerse por más que lo intentó.


G- Frank, quítame esto. AHORA. -Su tono de voz autoritario no le asustó lo más mínimo.


F- No, me gusta que estés así. Y a ti también te gusta, ambos lo sabemos. -Susurró, desabrochando su camisa sin perder tiempo para dedicarse a morder los sabrosos pezones de su pareja y hundirlos con la lengua.


Jugueteó un rato en la zona, sintiendo la respiración atascada de Gerard y siguió bajando, acariciando con la lengua, humedeciendo, follándose su ombligo y riendo con los movimientos involuntarios de cadera del pelinegro buscando alivio para su necesitada erección.


F- No tengas prisa. -Ronroneó, sujetando su cadera con una mano. La otra apretándole una nalga a la vez que rozaba su nariz sobre su polla y aspiraba antes de mojar la tela con la lengua.


No tardó ni dos segundos en desabrochar los botones del pantalón de traje y descubrir que no había nada más debajo, sólo piel.


F- Oh, Gee. No me puedo creer que hayas ido a la boda de tu hija sin ropa interior. Eso no se hace. -Le regañó. Y, como castigo, rozó con sus dientes el capullo de su hinchada polla.


G- Ya sabes que -ahhh- me da igual lo que está bien y lo que estáaahhmm mal. -Respondió, a duras penas.


Pero su polla estaba dentro de la boca de Frank, y este no le dejaba hilar dos palabras coherentes seguidas. No se podía esperar mucho más del cerebro del pelinegro.


Las manos atadas se posaron sobre la cabeza del menor. Sin hacer fuerza, sólo sujetándose a algo antes de que sus piernas, que parecían gelatina, dejasen de sostenerle.


G- Santa madre, Frank. Repite eso. Sí, síiii. Así.


A punto estaba de correrse en esa bendita boca, cuando Frank se puso de pie y decidió que era momento de ir a la cama.


G- Oh, vamos. No seas malo conmigo. -Gimoteó, intentando hacer que Frank se arrodillase de nuevo.


F- Vamos a la cama. Tengo algo planeado para ti. -Si las palabras no fueron suficientes para convencerle, lo fue el tono provocativo.


Ya en la habitación, Frank le empujó, cayendo boca arriba y colocándose a duras penas debido a sus ataduras, de las cuales se creía libre cuando sintió a Frank, aún completamente vestido, lidiando con ellas.


Pero cuando fue a sentarse, comprendió que lo único que había hecho era atarlas al cabecero de la cama. Ahora tenía las manos unidas entre ellas y a la madera.


G- ¡Suéltame! -Se retorció.


Ni una palabra ni una mirada recibió de Frank. En cambio, obtuvo un strip-tease silencioso en el que el menor fue quitándose toda su ropa poco a poco hasta quedar únicamente con la corbata.


Entonces, balanceando las caderas y haciendo que al pelinegro se le cayese la baba, caminó hasta la cama y ahí gateó hasta colocarse a horcajadas sobre el pecho del otro.


F- Abre la boquita, cariño.


En el estado en el que estaba Gerard, había obedecido antes de saber realmente qué estaba haciendo. Y al segundo siguiente sintió la boca llena de un caliente trozo de carne. Su boca estaba siendo follada sin compasión y él estaba totalmente feliz.


Cuando se sintió al borde, el menor se apartó y se sacó lentamente la corbata, moviéndose un poco hacia atrás.


Con la tela en la mano, empezó a recorrer todo el cuerpo que temblaba bajo él, acariciando, excitándole más aún, si es que eso era posible.


Se entretuvo en su pelvis más que en el resto, rodeando su erección con la suave corbata una y otra vez. Y cuando vio a Gerard perdido entre las sensaciones con los ojos cerrados, reptó hacia arriba en su cuerpo y cubrió sus ojos con la corbata.


G- ¿Pero qué...? No, no y no. ¡Eso sí que no! ¡Destápame los ojos, pedazo de cabrón!


F- ¿Qué forma es esa de hablarle a tu esposo? -Ronroneó en su oído, tranquilizándole un poco- No estás en condiciones de exigir. ¿Quién sabe qué podría hacer con esto? -Preguntó al aire, apretando sus dedos alrededor de los testículos del pelinegro, que gimió-chilló de forma muy poco masculina.


Al ver que no le daría problemas, Frank se levantó de la cama.


Gerard notó frío de repente cuando se quedó sólo. Y, unos minutos después, cuando ya iba a preguntarle dónde demonios se había metido y por qué le había dejado en semejantes condiciones, escuchó un ruido y notó un segundo de aumento de claridad bajo la tela.


¡El muy cabronazo acababa de hacerle una foto!


Pero no pudo decirle nada al respecto ni enfadarse, pues al segundo siguiente su polla estaba siendo absorbida por una calidez sofocante.


Frank le estaba montando y no le dio ni un respiro cuando ya se estaba moviendo, cabalgándole como si no hubiese mañana.


Y, a pesar de todo, pudo captar un par de fogonazos de luz más, pero ya no se preocupó por nada que no fuese el cuerpo de Frank sobre el suyo, moviéndose sin parar. Arriba y abajo, hacia adelante, en círculos. De todas las formas posibles.


En un momento dado, la corbata de sus ojos cayó por su cuello y sus manos fueron liberadas, así que no se contuvo de toquetear a Frank a su antojo y cambiar posiciones, quedando él arriba hasta que con un último empujón, se corrió dentro de su pareja, sintiendo la corrida de éste entre sus estómagos y sus dedos.


Se quedaron mirándose hasta tranquilizarse y entonces Gerard se echó a un lado, apoyándose en un brazo para verle de frente. Frank hizo lo mismo.


G- ¿Por qué has hecho fotos? -Preguntó divertido.


F- Quería recordar este momento. -Respondió, encogiéndose de hombros- He puesto el disparo automático y la he dejado en la mesilla. Luego las vemos. -Susurró antes de morderle la barbilla.


G- No puedo creer que con nuestros 48 años sigamos haciendo estas cosas. -Rió.


F- Sabes que nunca cambiaremos. -Susurró antes de besarle y cerrar los ojos.


G- Siamo i ragazzi di ieri.*



...







 

*We are the kids from yesterday.

Últimos caps de Obsesionados con el Sexo - 58


CAPÍTULO 58:

F- ¿Qué tal el día en la guardería, cielo?


Frank y Helena iban caminando de la mano por la calle. Era viernes y había ido a buscarla a la guardería y ahora se dirigían a casa de la abuela Donna.


La madre de Gerard había invitado a la pequeña a dormir para que pasase un día con los abuelos, pero no podía ser cualquier día, sino que tenía que ser ese viernes exactamente. Y cuando Frank le preguntó la razón, ella sólo se encogió de hombros.


Así que, tras las súplicas de Helena por ir donde sus abuelos, Frank había terminado cediendo bajo las risas de Gerard, que no paraba de decir que era un blando con la niña y le daba todos sus caprichos.


H- Chupi. Brian y yo hemos hecho una broma al tonto de Mark. -Se tapó la boca con la manita que tenía libre para esconder su risa.


F- Helena, ya te he dicho que no debes insultar a nadie. La próxima vez que lo hagas te quedarás sin clase de guitarra. -Su mirada endurecida se suavizó al ver que Helena le miraba desde abajo con carita de pena- ¿Y qué le habéis hecho? -La niña volvió a sonreír.


H- Hemos echado pegamento en sus zapatillas. -A pesar de que no debería, Frank no pudo evitar reírse con su hija mientras ésta le contada la broma con todo lujo de detalles, hasta que cambió de tema- Y Brian me ha invitado a su casa para conocer a sus papás. ¿Puedo, mami? ¿Sí? Por fa, por fa, por fa. -La niña se había parado en mitad de la calle y miraba a Frank con cara de perrito abandonado mientras daba saltos en el sitio.


F- No sé si a papá le hará mucha gracia... -Comentó pensando en lo sobreprotector que había resultado ser su pareja.


H- Jo, por fa. ¡Yo quiero!


F- Está bien, mi amor. Yo le convenceré. -Le dijo, agachándose para quedar a su altura.


H- ¡Gracias mami! -De un salto se colgó del cuello del mayor, quien estuvo a punto de caer de espaldas pero al final pudo mantenerse en pie. Y así siguieron hasta casa de Donna.


Cuando dejó a la pequeña con su abuela, ésta prácticamente le echó de casa mandándole a la suya, aunque disimuladamente. Así que, totalmente confundido, se vio en el porche de la casa de los padres de su novio, y con la puerta cerrada en las narices.


Dispuesto a hablar con Gerard para pedirle una explicación por el comportamiento de su madre, caminó a buena velocidad hasta su apartamento. Sacó sus llaves para abrir por si Gerard estaba ocupado haciendo algo y, cuando entró y fue a avisarle de que ya estaba en casa, se quedó asombrado mirando alrededor.


Todo estaba a oscuras, a excepción de algunas velas colocadas en puntos estratégicos de la casa, dejando zonas en penumbras y otras iluminadas. Un dulce olor a manzana flotando en el aire.


F- ¿Gerard? ¿Gee, dónde estás? -No hubo dado ni dos pasos, cuando una sombra enana corrió hasta sus pies y se apoyó en su pierna con dos patas- Vaya, ¿quién eres tú?


Era un perrito negro que le miraba con grandes ojos y la lengua fuera. Frank sonrió y se agachó para cogerlo y refugiarlo entre sus brazos. Sin importarle, le dejó que le lamiese un poco la cara para apartarle al darse cuenta de que algo colgaba del collar de su cuello.


F- ¿Qué llevas aquí, enano? -Le puso en el suelo de nuevo y le tranquilizó cuando el perro se revolvió entre sus manos intentando echar a correr de nuevo.


Cuando consiguió quitarle lo que llevaba colgado el perro salió corriendo hacia el salón y Frank pudo contemplar lo que tenía en las manos. Una pequeña caja de terciopelo negro.


F- ¿Pero qué... -Abrió la caja y las palabras se trabaron en su garganta. Dos argollas de plata relucieron cuando la luz de las velas llegó a ellas- Gerard. -Suspiró. Y, justo en ese momento, una figura emergió de entre las sombras. Una figura que reconoció como si fuese la suya misma.


Cuando sus miradas se encontraron, sus ojos brillaron. Avillana frente a esmeralda.


F- Gerard esto... ¿Esto es lo que creo que es? -El chico asintió y Frank volvió a mirar los anillos, embelesado. Gerard carraspeó, intentando quitarse los nervios de encima.


G- Bueno y... ¿qué respondes? -La mirada del menor volvió a clavarse en la suya.


F- Pídemelo. -Susurró. Su mirada cargada se sentimientos y más brillante que nunca.


Gerard sonrió y bajó la mirada avergonzado, pero le quitó la cajita de las manos, cogió uno de los anillos, guardó la caja en un bolsillo y se aclaró la garganta.


G- Frank Anthony Thomas Iero Priccolo. -Un risilla escapó de la atorada garganta de Frank al escuchar su nombre completo- ¿Quieres casarte conmigo? -Tendió la mano libre pidiendo así la de su novio.


Frank sonrió todo lo que la piel de su cara le permitía y acercó su mano.


F- Gerard Arthur Way Lee. Sí. Quiero casarme contigo. -Gerard respondió a su sonrisa emocionada con una igual y cogió su mano para colocar el anillo antes de tirar de él para envolverle entre sus brazos y besarle suavemente durante un eterno momento de felicidad.


Cuando rompieron el beso se quedaron uno frente a otro, con las manos y las frentes unidas, los ojos entrecerrados y dos grandes sonrisas.


G- Ahora deberías de ponerme tú el otro anillo. -Susurró. Sus labios rozándose sensualmente con cada palabra.


Se alejaron lo mínimo necesario, sin ganas de despegarse ni un segundo, y Gerard sacó la caja de su bolsillo para que Frank cogiese el anillo. Le tendió la mano y, sin dejar de mirarse a los ojos, sintió como la argolla se deslizaba por su dedo.


Lo que quedó de noche la dedicaron a disfrutar el uno del otro, de sus cuerpos convertidos en uno


...


Mikey- Relájate, Gerard. -No sabía cuántas veces le había dicho lo mismo ya- Me estás estresando a mí.


Había llegado el día de la boda y el mayor de los hermanos Way estaba atacado de los nervios.


Se encontraban en la playa. La boda sería sobre la arena al atardecer de un día un poco nublado, típico del mes en el que estaban. Eran pocos los invitados. La familia, los amigos más cercanos, Jamia y su pareja y un compañero del trabajo de Gerard.


Los padrinos serían Mikey, por parte de Gerard, y Pete, por parte de Frank. Nada que pillase de improviso a nadie.


Ahora mismo estaban los dos hermanos bajo una especie de carpa enana colocada para que esperase hasta que fuese la hora de caminar hasta el altar. Frank tenía la suya propia al otro lado.


G- ¿Y si no viene, Mikey? ¿Y si se ha arrepentido y me deja plantado, llevándose a Helena y Sweet Pea con él? -Preguntó caminado de un lado a otro en ese sitio que cada vez le parecía más estrecho y asfixiante. Su hermano solo resopló por quinta vez en dos minutos y caminó a la entrada de la carpa para asomar la cabeza antes de volver junto a él.


Mikey- Tu hija y tu perro están colocados en su sitio. Frank no va a ir a ninguna parte. Me atrevería a decir que ahora mismo tiene las mismas paranoias que tú en la cabeza. -Rió por lo bajo.


G- Seguro que no porque Pete es mejor padrino que tú y le habrá tranquilizado. -Dijo cruzándose de brazos. La respuesta del menor fue sacarle la lengua y enseñarle el dedo, justo cuando la música empezaba a sonar fuera y Gerard se ponía más nervioso.


Mikey- Bien. En 4 minutos te toca salir a ti. -El otro asintió intentando acomodarse el pelo y fracasando, limpiándose el sudor de las manos en el pantalón- Suerte, hermano. -La primera respuesta de Gerard fue abrazar a su hermano con todas sus fuerzas.


G- Muchas gracias, Michael. Por todo. Por estar siempre conmigo. -Soltaron el abrazo y Mikey salió de la carpa con una última sonrisa y un guiño a su hermano.


Tres minutos después exactamente, Gerard coge aire, cierra los ojos y cuando los abre ya está fuera de la carpa y caminando hacia el sencillo altar donde la persona con la que quiere pasar el resto de su vida le espera.


No es una boda normal, así que camina solo hasta él, sin nadie que le acompañe. Estirado, sonriendo y todavía nervioso. Aunque ya ha comprobado que Frank no se ha echado atrás ni le ha dejado plantado, su corazón va a toda velocidad.


Y puede ver que Frank está igual porque juraría haberle visto suspirar de alivio cuando le ha visto al final del pasillo. Y no puede más que sonreír para tranquilizarle, olvidándose de sus propias dudas.


Llega a su lado y sus miradas no se han separado en todo el trayecto. Le toma la mano y le da un suave beso en el dorso que le hace enrojecer.


F- Estás guapísimo. -Le susurra cuando se giran hacia el hombre que les casaría.


Ambos chicos eligieron traje negro después de "discutir" sobre la idea de que Frank vistiese un traje blanco, cosa a la que se negó en rotundo. Camisa blanca y Gerard chaleco negro bajo la chaqueta. Básicamente eso era lo que les diferenciaba, incluso la corbata negra y fina era igual.


La verdadera novedad era el pelo de Gerard, negro de nuevo después de tanto tiempo.


La ceremonia comenzó y fue avanzando lentamente. Los dos protagonistas intercambiando miradas emocionadas y amorosas cada poco tiempo mientras escuchaban el típico discurso (aunque no tan típico, siendo su caso), esperando casi con ansias el momento de los anillos y el beso final.


-Los anillos, por favor.


Frank y Gerard se miraron sin saber quién tenía los anillos y se giraron a los padrinos esperando que ellos se los diesen, pero no fue así.


En cambio escucharon murmullos y ruidos al final del pasillo por el que ellos mismos habían caminado y allí vieron a Helena, con su elegante vestido blanco y su diadema roja y la correa de Sweet Pea sujeta en una mano.


La niña y el perro caminan hasta ellos y la pequeña les entrega los dos anillos que ha sacado de un bolsillito en el trajecito del animal.


No pueden resistirse a darle dos grandes besos antes de que vuelva con Sweet Pea a su sitio.


-Muy bien, sigamos. Frank Iero, ¿aceptas a Gerard Way como legítimo esposo hasta que la muerte los separe?


Sus miradas son una y parece que están conectados de todas las formas posibles cuando responden sin despegar sus ojos de aquellos que tanto aman.


F- Sí, acepto.


- Gerard Way, ¿aceptas a Frank Iero como legítimo esposo hasta que la muerte los separe?


G- Sí, acepto.


-Entonces, por el poder que me confiere el Estado de Nueva Jersey, les declaro marido y marido. Pueden besarse.


Apenas ha terminado la frase cuando ya han unido sus labios bajo los aplausos y voces alegres de los invitados. De fondo una hermosa puesta de sol que hace perfecto el momento pero en la que nadie se fija, ya que solo tienen ojos para los dos chicos que ahora abrazan a Helena.


...


La cena de celebración pasó sin problemas, con muchas fotos y felicitaciones, bromas por parte de los amigos y regalos.


Pero como todo, tenía que terminar y llega el momento de las despedidas (aunque sea solo por unos días). Lo más duro, sin duda, despedirse de su pequeña.


H- ¿Vamos de viaje? -Preguntó emocionada al ver a sus padres despedirse uno por uno de todos los invitados en la puerta del restaurante, donde ya les esperaba el coche.


F- No, mi amor. Tú te quedas con el tío Mikey y su novia. Papá y yo nos vamos. -Casi se echa a llorar al ver la carita de pena de su niña- No, no, no. No llores, mi vida. Volveremos pronto y te traeremos muchos regalos, ¿si?


H- ¿Me vais a comprar cosas? -Su cara se iluminó al escucharle y Gerard la cogió en brazos echándose a reír.


G- Vaya con la nena. Quiere más a los regalos que a nosotros. -Bromeó inflando los cachetes. Helena rió y los apretó con sus manitas para hacerle soltar el aire.


H- Mentira, papá. Yo os quiero mucho. Asíiii de grande. -Separó las manos todo lo que pudo para enseñarle cuánto.


F- Pero qué mona eres, cariño. Anda, ven aquí y dame un beso enorme antes de que nos vayamos. -Tendió sus brazos y la pequeña se lanzó a ellos, abrazándose a su cuello y dándole un beso de ventosa en la mejilla- Te voy a echar mucho de menos, pero volveremos pronto. Dale un beso a papá. -Le dio un beso igual que a Frank y éste la dejó en el suelo junto a Mikey, quien la cogió de la mano.


Mikey- Pasadlo bien, chicos.


F- Gracias, Mikes.


G- Hasta la vuelta, hermano.


Y sin más retraso subieron al coche donde ya tenían las maletas para dirigirse al aeropuerto y desde allí coger el avión que les llevaría a su destino: St. Barts, el Caribe francés.


...


G- Estoy reventado. -Nada más entrar en la habitación y dejar las maletas, se desplomó sobre la cama. Había sido un día largo y tenso y ahora sus músculos sufrían las consecuencias.


F- Oh, Dios, ¡este baño es increíble! -Gritó desde el otro cuarto de la suite. Cuando salió y vio a su pareja tirado en la cama, tuvo una idea. Un rato después volvió a hablar- Gee, cariño. ¿No vamos a probar el jacuzzi? -Preguntó en tono triste.


El pelinegro se removió en la cama murmurando algo que sonó a "estoy jodidamente cansado". Se dio la vuelta con los ojos cerrados, quedando boca arriba y un momento después abrió los ojos adormilados para encontrarse con los de Frank, que le miraban desde el otro lado de la cama.


Pero su mirada no duró mucho tiempo en sus ojos. Le llevó décimas de segundo darse cuenta de que Frank no llevaba nada encima. NADA. Solo la tinta de sus tatuajes.


Todo rastro de cansancio desapareció de su sistema al encontrarse con una semi erección entre esos rizos oscuros que le volvían loco.


G- Santo cielo. -Murmuró, comiéndoselo con la mirada- ¿He oído algo de probar el jacuzzi?


Frank sonrió, vencedor, y le extendió una mano que no dudó en aceptar para ponerse en pie y seguirle hasta el baño donde el menor ya tenía lista la gran bañera. Los chorros y la espuma haciendo su trabajo.


Mordiéndose el labio inferior para reprimirse y no arrancarle el traje a trozos, Frank desnudó a su ahora marido.


Cada porción de piel que quedaba al aire era cubierta por sus manos o su boca hasta que ambos estuvieron en igualdad de condiciones. Entonces se metieron en la bañera, sintiendo enseguida que el agua tibia calmaba sus músculos.


Suspiraron, más relajados y Frank cogió el bote de jabón y se colocó a la espalda de Gerard. Le echó un poco del gel en los hombros y le regaló un fantástico masaje en el cual los hombros quedaron desplazados a un segundo plano cuando sus manos empezaron a acariciar su cuello, su pecho, su estómago y, sólo un segundo, ese duro trozo de carne capaz de llevarlo al paraíso.


Un gruñido escapó de la garganta del pelinegro cuando Frank pasó de largo de esa zona tan necesitada ya de atención, porque "joder, cabrón, duele".


G- Frankie, por lo que más quieras, tócame. -Rogó, impaciente.


F- Ya lo estoy haciendo. -Respondió con tono inocente, paseando sus manos por el interior de los pálidos muslos de su pareja.


G- Ya sabes a lo que me -ahh- refiero. -Gruñó.


F- No, lo siento, no tengo idea. -Su propia erección rozándose con la espalda baja de Gerard y mandándole descargas de placer directas al cerebro.


G- Eres un puto calienta-pollas. -Al escuchar la risa de Frank en su oreja se le erizaron los pelos de la nuca y no lo aguantó más. Con sus manos cogió las de Frank, una cada una, y las llevó directas a su polla, acariciándose a sí mismo con las manos del menor, que en respuesta le había mordido el hombro con fuerza.


Le acarició un rato, besando sus hombros y cuello desde la posición que tenía a su espalda y comiéndose su boca cuando el pelinegro giraba la cabeza dándole espacio.


Una de sus manos se deslizaba por todo lo largo de su polla, jugando con la punta y apretando, y la otra jugaba con sus pelotas, tirantes, donde podías notar el orgasmo formándose. Pero ésta mano fue bajando hasta dar con la entrada del cielo, donde se escurrieron dos dedos de un solo golpe, logrando que Gerard levantase el culo del jacuzzi y se acomodase mejor para darle más espacio de maniobra.


G- Hmm, Frank. Sí, hace eso otra vez. -Jadeó.


Jugó con sus dedos un rato, dejando olvidada la erección con la que minutos antes se entretenía, hasta que no lo soportó más.


F- Joder, Gee. Voy a follarte ya. -Dijo contra su piel.


El aludido, medio ido por todas las atenciones recibidas, se dejó hacer mientras Frank le colocaba.


El menor se sentó con las piernas un poco flexionadas y la espalda apoyada en la bañera y puso a Gerard de frente a él sobre su pelvis, en el hueco entre su pecho y sus rodillas, las cuales le servían de apoyo.


Con una mano sujetó la cadera del pelinegro y con la otra guió su polla hacia la cálida estrechez que hacía rato que le llamaba a gritos.


Gimieron sobre la boca contraria, luchando por meter aire a sus pulmones y Gerard tuvo que agarrarse a los hombros de Frank por miedo a resbalar en una de las embestidas que sacudían su cuerpo.


Su erección, apretada y resbaladiza entre los dos sudorosos cuerpos, fue atendida por la habilidosa mano de Frank, que consiguió llevarle al éxtasis en tiempo record, siguiéndole de cerca.


Ambos chicos sintieron que sus cerebros se derretían y escapaban por sus pollas, porque eso no había sido un orgasmo normal. No. Había sido EL ORGASMO de entre los orgasmos.


Se quedaron en esa posición un rato, recuperándose. La frente del mayor apoyada en el hombro de su pareja, quien le acariciaba los cabellos recién teñidos con mimo.


Se besaron lento, suave y con toda la ternura del mundo antes de cerrar los ojos y relajarse bajo el agua.


Cuando se sintieron con ánimo de moverse de nuevo, se lavaron y secaron y se metieron a la cama tal y como estaban, listos para descansar después de un día agotador. Total, estarían de viaje una semana. Había tiempo de sobra para rendir culto a sus cuerpos.


Tumbados de frente, se miraron y sonrieron, adormilados y pensando en la nueva etapa que recién empezaban en sus vidas.


F- Te amo, señor de Iero.


G- Yo también te amo, señor de Way.


FIN

Últimos caps de Obsesionados con el Sexo - 57


CAPÍTULO 57:


Unas semanas después del primer cumpleaños de Helena, Gerard y Frank jugaban con la niña sentados en el suelo del salón, ella sobre una mantita llena de juguetes.


Los mayores estaban ensimismados viendo a su niña, con una sonrisa en sus rostros, cuando ella se quedó quieta mirando fijamente a Frank.


F- ¿Qué te pasa, preciosa? -Preguntó preocupado cuando pasó un rato y Helena no dejaba de mirarle. Gerard, mientras, observaba atento cualquier gesto que hiciese.


Helena frunció el ceño, como si estuviese totalmente concentrada en algo y empezó a mover su boquita sin emitir sonido, hasta que...


H- Ma-má. -Los ojos y la boca de los dos chicos se abrieron con sorpresa- Maaa-má. -Repitió, estirando los brazos hacia Frank.


Pasado el primer momento de asombro, Gerard se echó a reír mientras aplaudía y Frank arrugó la frente.


F- Sí, cielo. Pero yo soy papá. Pa-pá. -Explicó, agachándose para poner su rostro a la altura de la pequeña.


H- Ma-má. -Repitió de nuevo, agitando sus manitas- Ma-má. Ma-má. Ma-máaa. -Gerard empezó a reír aún más fuerte, ganándose una mirada furibunda de su pareja.


G- ¡Muy bien, mi amor! -Dijo, dando un beso de ventosa a la niña en la mejilla.


F- No te rías. Esto es culpa tuya. Has conseguido que se confunda por llamarme mamá todo el rato. No te valía con princesa. No. Tenías que decirme mamá también. -Se cruzó de brazos enfurruñado y con los mofletes levemente inflados.


G- Oh, venga. No te pongas así, cariño. Asúmelo, eres su mamá. -Le dijo divertido.


H- ¡Ma-má! -Helena seguía repitiendo una y otra vez su primera palabra, feliz por ver a su papá Gerard tan contento. Pero al ver la cara de Frank, gateó hasta él y se apoyó en sus rodillas. -¿Ma-má?


El pucherito que apareció en los labios de la pequeña derritió a Frank y le hizo olvidarse de todo su enfado con Gerard. Relajó su cara y descruzó los brazos para poder coger a su hija y sentarla en su regazo.


F- Muy bien, mi vida. Eres una nena muy lista... -Sonrió y la besó en la frente, logrando que la pequeña riese de nuevo y diese unas palmadas al aire- Supongo que entonces tu serás papá. -Comentó mirando a Gerard. Helena también le miró cuando le sintió acercarse.


H- ¿Paaa-pá?


G- ¡Sí! Muy bien, cariño. -La felicitó- Tenemos a la niña más lista del mundo.


El tiempo seguiría pasando y Helena nunca dejaría de llamar mamá a Frank, por muy mayor que fuese.


...


Con dos años y medio, Helena ya tenía un vocabulario bastante extenso, más de lo que sus padres habrían deseado y es que la niña se había quedado con varias palabras que alguien de su edad no debería ni conocer. Y todo por haber escuchado a escondidas alguna que otra conversación entre los dos chicos en momentos de perversión a lo largo de la noche, cuando debería de estar dormida.


Nunca se les olvidará cuando, estando los dos sentados en el sofá viendo una película y con Helena a sus pies jugando con unos muñecos en el suelo, la escucharon:


Helena- ¡Shi, shiii! ¡Dame másh! Lo quero todo dentro. -Gritaba sin tener ni idea del significado de sus palabras.


Gerard y Frank se miraron entre ellos, asustados por no saber cuándo había escuchado su hija esas cosas, y casi saltaron de sus asientos para regañarla y explicarle que no podía decir esas cosas.


Se prometieron a sí mismos no volver a hablar mientras hacían el amor por temor a ser escuchados de nuevo.


...


Y, con esas misma edad, llegó el momento de llevar a Helena a la guardería, aunque las cosas no fueron tan fáciles para la niña como a sus padres les hubiese gustado...


Apenas al tercer día de su estadía allí, recibieron una llamada.


-Hola, ¿es el papá de Helena?


G- Sí, soy Gerard. ¿Quién llama?


-Llamo de la guardería. Helena ha tenido problemas con algunos niños y sería bueno para ella que vinieran a recogerla.


G- Claro, en seguida vamos. ¿Pero está bien, no?


-Sí, sólo está un poco alterada y no conseguimos que deje de llorar. Sólo sabe decir que quiere ver a sus padres.


G- Enseguida vamos. Gracias por avisarnos.


-Hasta ahora.


Gerard colgó el teléfono y fue al cuarto que utilizaban como estudio a llamar a Frank, que en ese momento practicaba con su guitarra.


G- Frank, acaba de llamar una profesora de Helena y dice que vayamos a por ella, que ha tenido problemas con algunos chicos y no consiguen tranquilizarla. -En cuanto le escuchó, el aludido soltó la guitarra y se puso en pie.


F- ¿Qué le ocurre? ¿Está bien?


G- Me ha dicho que no deja de llorar, así que vamos a por ella.


F- Sí, sí, vamos.


Los chicos cogieron una cazadora y cogieron el coche para llegar hasta la guardería. En menos de 15 minutos estaban allí, con la pequeña Helena en brazos de Gerard mientras trataban de tranquilizarla y averiguar qué había pasado.


La pequeña se aferraba a Gerard rodeando su cuello con los pequeños bracitos y escondía el rostro en su cuello. El moreno la balanceaba de un lado a otro y la arrullaba al oído y Frank acariciaba su espalda.


F- Peque, ¿qué ha pasado? -Le preguntó bajito cuando la niña parecía más tranquila.


H- Unos niños me han llamado bicho raro porque no tengo mamá. Dicen que tener dos papás no es normal y por eso no quieren ser mis amigos. -Frank y Gerard se miraron apenados.


G- No les hagas caso, mi amor. Esos niños no merecen ser tus amigos. Ya verás que cuando te conozcan, todos querrán ser amiguitos tuyos.


F- Sí, no te preocupes por ellos. ¿Tú eres feliz con dos papás? -Helena sorbió por su naricilla y asintió- Entonces da igual lo que digan. Sólo te tienen envidia.


La niña suavizó su rostro, asintiendo, y le tendió los brazos para que la cogiese. Al tenerla sujeta, habló de nuevo.


H- Yo no quiero una mamá. Tú eres mi mami.


G- Claro que sí, preciosa. Nos tienes a mami Frank y a mí. -Le dio un eso en la mejilla y sintió un tirón de su pantalón.


Al agachar la mirada se encontró a un rubito de la edad de su hija tirando de la tela de su pantalón vaquero para llamar su atención. Se acuclilló para quedar a su altura.


-Señor, ¿qué le pasa? -Preguntó, señalando a la niña.


G- Unos chicos se han metido con ella porque tiene dos papás.


-¿Dos papás?


G- Sí. Tú tienes una mamá y un papá, ¿a que sí? -El chico asintió efusivamente con la cabeza- Pues Helena tiene dos papás y no tiene mamá. Y por eso unos niños le han dicho que no quieren ser sus amigos.


-Pobrecita. -Murmuró, antes de volverse a Frank y tirarle también del pantalón, indicándole con un dedito que bajase para hablar con ella- No llores. Yo creo que tener a dos papis tiene que ser muy divertido. Además, eres muy bonita y no puedes llorar. ¿Quieres ser mi amiga?


Helena se le quedó mirando, admirando la gran sonrisa del rubio. Sonrió ella también y movió la cabeza en afirmación. Se removió en los brazos de Frank para que la dejase en el suelo y se acercó al niño.


H- ¡Me llamo Helena!


-Yo soy Brian. ¿Vienes a jugar en los columpios?


H- ¡Síii!


Y los dos pequeños salieron corriendo hacia la zona de juegos cogidos de la mano, dejando a Gerard y Frank con una gran sonrisa y la mirada enternecida.


G- Parece un buen chaval.


F- Sí... Tal vez cuando sean mayores se hagan pareja y todo.


G- ¿QUÉ? ¡Ni hablar! No dejaré que ningún jovencito salga con mi Helena. -Se negó, cruzándose de brazos y frunciendo el ceño.


F- No sé por qué me da que vas a ser un padre muy sobreprotector. -Comentó divertido, pasando un brazo sobre sus hombros.


G- No es eso. Simplemente que no dejaré que un adolescente hormonal toque a mi pequeña.


F- Bueno, aún queda mucho para eso, aunque no te extrañes si la peque sale como nosotros... Por el momento hay que alegrarse de que Helena tenga un amigo.

Últimos caps de Obsesionados con el Sexo - 56


CAPÍTULO 56:


F y G- Ya no aguanto más.

La frase fue dicha por los dos chicos, en sitios diferentes y a personas distintas.

Frank estaba hablando con Pete, sentados en el salón del piso del primero, mientras Helena dormía por fin en su cuna. Y Gerard hablaba con su hermano en una cafetería cercana al trabajo del mayor.

Dos conversaciones parecidas y simultáneas.

 

Pete- ¿Qué te ocurre, enano?

F- Estoy agotado y cansado de todo. ¿Sabes cuánto tiempo hace que no duermo en condiciones? Amo a Helena, joder que lo hago. Pero nunca imaginé que tener un bebé sería tan estresante. Lo único que hace es llorar, comer, gastar pañales y gatear por toda la casa. Me tiene loco. ¡Loco!

Pete- Venga ya, no será para tanto. -Movió la cabeza y la mano restándole importancia- Llevo aquí más de una hora y no ha hecho ni un ruido. Está durmiendo como un angelito.

F- ¿Un angelito? JÁ. Un demonio es lo que es. Ahora estará tranquila, pero tú no pasas las noches aquí. No la has visto gatear de un lado a otro y yo detrás con cuidado de que no se haga daño con nada. ¡Ha vaciado los cajones más de 5 veces!

Pete- Vale, tal vez tengas razón, yo no paso aquí más que un rato. Pero aún así no creo que sea para tanto. Tienes a Gerard contigo, que te ayuda, ¿no? -Frank bufó.


 

Mikey- ¿Qué te pasa, Gee? Se te ve agotado. Estás ojeroso y más pálido de lo normal.

G- Me pasa que estoy la mitad del tiempo trabajando y cuando llego a casa me toca cuidar de Helena para que Frank descanse un poco o al menos lo intente. Está igual que yo. Creo que dormimos una media de 5 horas al día desde que nació Helena. ¡Y de eso hacen ya 8 meses!

Mikey- ¿Tan bicho es?

G- No sabes cuánto. El otro día tiró la guitarra favorita de Frank y se le rompieron las cuerdas. Menos mal que no le cayó encima... -Suspiró- El caso es que no puedo más. No sé qué hacer. Necesito dormir, relajarme, pero es imposible.

F- Pero está Frank. ¿Él no te ayuda a relajarte? -Su tono era insinuante y Gerard sabía perfectamente a lo que se refería.

G- Sí, claro... -Respondió con tono sarcástico.


 
F- ¡¿Sabes cuánto hace que Gerard y yo no follamos?! Estoy que me subo por las paredes, coño. -Pete le vio gruñir y golpearse la cabeza con el sofá y solamente pudo reír.

Pete- Ese sí puede ser vuestro mayor problema siendo tan viciosos y salidos. ¿Cuándo fue la última vez?

F- Hace 3 jodidos meses. Desde entonces lo único que hemos podido tener ha sido un poco de toqueteo, pero siempre terminamos quedándonos a medias porque Helena se despierta y llora o porque él se tiene que ir a trabajar o cualquier mierda así
Pete- Creo que lo que necesitas es coger a Gerard por banda y encerraros en una habitación hasta deshidrataros o algo así. Lo que se llama una buena follada, vamos.

F- Eso es justo lo que necesito. -Asintió, aún con los ojos cerrados y la cabeza hacia atrás. De repente, con un movimiento brusco se incorporó para mirar a Pete de forma extraña.

Pete le devolvía la mirada extrañado, intentando adivinar qué pensaba, hasta que vio que comenzaba a acercarse a él con una mirada depredadora, gateando sobre el sofá hasta quedar casi sobre sus piernas. Entonces comprendió y frunció el ceño.

Pete- Frank Anthony Thomas Iero Priccolo, ¿qué crees que haces? Vuelve a tu sitio.

F- Pero... -Se fue a quejar pero le interrumpió.

Pete- Tienes que follar con TU NOVIO. -Remarcó- No conmigo ni con cualquier otro. -Su voz era típica de regañina pero también comprensiva y Frank pareció volver en sí de repente, como si el que había intentado seducir a su mejor amigo hubiese sido otra persona.

F- Dios, tienes razón. No sé qué me ha pasado... -Suspiró y tiró la cabeza hacia atrás de nuevo, masajeándose las sienes con los dedos.


 

G- ¿Sabes cuántas veces he estado a punto de caer ante los coqueteos de Josh, uno de los dibujantes? No soporto estar tanto tiempo matándome a pajas.

Mikey- Tienes que aguantar, Gee. No puedes hacerle eso a Frank.

G- Lo sé. Es por eso que siempre me hecho atrás en el último momento, por él, porque le amo. Pero no sé cuánto más aguantaré. Puedo parecer un cabrón que solo piensa en sexo, pero LO NECESITO. No sé vivir sin sexo.

Mikey- Ya me había dado cuenta de eso hace unos años. -Bromeó. Gerard le sacó la lengua- Tenéis que aprovechar la mínima ocasión que tengáis. No puedes trabajar tanto. Doblas los turnos para no llegar a casa y encontrarte con horas y horas de lloros, no lo niegues. -El pelirrojo tuvo la decencia de parecer avergonzado- Pero tampoco puedes dejarle a Frank toda la responsabilidad. Deber ayudarle.

G- Tienes razón. Como siempre.

 

Pete- Lo que tenéis que hacer es tomaros un tiempo libre, solo para lo dos.

F-Como si fuera tan fácil. -Bufó de nuevo.


 
Mikey- Iros por ahí a pasar un fin de semana o algo así. Vosotros solos.

G- ¿Y qué pasa con Helena, listo?

Mikey- Algo se me ocurrirá.


 
Pete- Tú déjamelo a mí. -Le guiñó un ojo a Frank.

...

Unos días después de esas conversaciones, exactamente el viernes por la tarde, les daban una buena noticia.

Gerard y Frank veían la televisión en el sofá, con la niña en brazos del primero, cuando llamaron al timbre de la puerta.

Al otro lado estaban Donna y Linda.

F- ¡Mamá, Donna! -Las saludó a las dos con un beso en la mejilla- ¿Qué hacéis aquí?

Linda- ¿No nos invitas a entrar, cariño?

F- Oh, sí, claro. Pasad. Gerard y Helena están en el salón. -Siguió a las mujeres hasta allí, las cuales saludaron al pelirrojo y a su nieta, y se sentaron.

Donna- Bueno, chicos. Nos hemos dado cuenta de que en estos 8 meses no habéis tenido ni un segundo libre para vosotros y Mikey y Pete nos lo han confirmado.

Linda- Estáis siendo unos padres increíbles, pero también necesitáis desahogaros, necesitáis tranquilidad, tiempo libre.

Frank y Gerard las miraban en silencio, esperando a ver dónde querían llegar. Todo eso ya lo sabían, lo que necesitaban era una solución, no una charla.

Donna- Así que hemos decidido que nos haremos cargo de la pequeña Helena el fin de semana y que os ayudaremos más a menudo.

G- ¿El fin de semana?

Linda- Sí. Nos vendremos aquí, para que la niña tenga todas sus cosas, y la cuidaremos mientras estáis fuera.

F- ¿Fuera? Nosotros no hemos planeado nada.

Linda- Vosotros no, pero Mikey y Pete sí. -Les informó sonriendo. Acto seguido, Donna sacó unos papeles de su bolso y se los tendió a Frank.

Eran un par de billetes de tren para la costa y la reserva de un hotel. Además, había un mapa para que pudiesen llegar a él fácilmente y una nota en la esquina de éste que decía "Esperamos que folléis como conejos. Dedicadnos un orgasmo. P y M".

...

Esa misma noche salía el tren, así que guardaron lo básico en una maleta (total, tampoco iban a usar mucha ropa), de despidieron de su pequeña, lo cual les llevó más tiempo del planeado, ya que les costaba horrores despedirse de ella, y salieron hacia la estación.

G- No puedo creerme que vayamos a estar solos todo el fin de semana. -Comentó mirando por la ventanilla una vez en el tren.

F- Yo no me puedo creer que hayamos dejado a Helena sola.

G- Cómo que sola, está con sus abuelas. Cariño, no te preocupes. -Le pasó un brazo por los hombros y le besó la mejilla- No podría estar en mejores manos. La mimarán y la darán todo lo que se le antoje. Cuando regresemos el lunes será una niña mimada. -Rió.

F-Sí, tienes razón. Pero me cuesta tanto no estar con ella..

G- Yo haré que te olvides de todo. -Le susurró al oído en tono sensual y Frank ronroneó.

F- Mm, ¿en serio? ¿Cómo?

G- Pues para empezar te arrancaré toda esa ropa que no hace más que estorbar y no me deja admirar tu cuerpo lleno de tinta. Te besaré y te lameré cada milímetro de piel. Te haré gemir y jadear y gritarás cuando me meta dentro de ti, hasta el fondo, una y otra vez. -Todo esto se lo dijo al oído, haciéndolo más íntimo y causándole escalofríos de anticipación.

F- Dios, dime que queda poco para llegar. -Pidió desesperado, pasando su lengua por la mejilla del pelirrojo- Ves haciéndote a la idea de que no te dejaré salir de esa cama en todo el tiempo que dure el viaje.

G- No tenía intención de ir a ningún sitio donde no estés tú desnudo. -Terminó, besándole en los labios durante largo rato, ignorando al resto de viajantes.

...

El hotel se llamaba Congress Hall, con un estilo victoriano al igual que el resto de la ciudad en la que se encontraba.

Era un edificio alto, amarillo y con columnas a lo largo de toda su extensión y tenía una piscina en una gran zona verde que daba directamente a la playa, donde se distinguían pequeñas cabañas que podías alquilar en el hotel. Por dentro eran todo colores claros y estilo recargado.

La habitación eran más simple que el resto, de color azul cielo con cama matrimonial y una terraza con vistas a la piscina y al Atlántico.

Lo primero que hicieron Gerard y Frank nada más entrar a la habitación fue soltar la maleta y asomarse al balcón, desde donde podían escuchar el sonido de mar y se distinguían algunas luces de las cabañas y antorchas decorativas a lo largo de la playa.

G- Guau. Es hermoso.

F- Sí, es increíble. -Se quedaron un rato en silencio escuchando la naturaleza- Les ha tenido que costar una pasta.

G- Aham... Por eso sería una grosería no aprovechar todo esto, ¿no crees? -Preguntó, envolviéndole con los brazos desde la espalda.

F- Totalmente de acuerdo. -Giró sobre sus talones y quedó de frente a él para poder besarle.

Lo que empezó como un tierno y romántico beso bajo las estrellas se convirtió en pura pasión y deseo.

Sin romper el beso, Frank fue empujando a su pareja hacia atrás hasta que las piernas de ésta chocaron contra la cama, cayendo sentado.

Se separaron un poco y sonrieron con picardía. Frank rozó sus labios una vez más y los abandonó por el momento, centrando sus atenciones en acariciar los brazos y el pecho del pelirrojo y sacarle la camiseta.

Besó sus hombros con mucha lengua y saliva, mordió su cuello y descendió por el pecho, deteniéndose a pellizcar rítmicamente los pezones.

La respiración de Gerard salía entrecortada y sus ojos se habían cerrado solos para sentir todo con mayor intensidad. Y, por eso, no vio cuando la boca de Frank se adueñó de su polla, con ropa en medio y todo.

El pelirrojo gritó sorprendido y tuvo que apoyar las manos en la cama para no caer hacia atrás. La boca de Frank se paseaba por su paquete y le mordía de vez en cuando hasta que se cansó y con destreza y hambre desabrochó el cinturón y el pantalón, apartó el boxer y engulló esa polla que le hacía la boca agua.

G- Ahh, joderostiaputa Frank. -Gimió y se mordió el labio para intentar mantenerse en silencio. Pero Frank no quería eso y sabía que le haría gemir sin control si masajeaba y chupaba sus testículos, y eso hizo.

Cuando le notó tensarse a punto de correrse, se separó, dejándole a medias. Gerard gruñó roncamente y le miró esperando una razón para dejarle así.

F- Creo que en el tren me prometiste algo... -Dijo poniéndose de pie, con las manos en la cintura.

Gerard exprimió su cerebro para averiguar de qué le estaba hablando ya que su estado era todo menos lúcido y por fin se acordó.

G- Oh, es verdad. -Dijo poniéndose de pie- ¿Qué fue lo primero que te dije? -Preguntó para sí mismo- Ah, sí. Que me desharía de toda tu ropa y te lamería enterito.

Sin más se lanzó hacia él besándole deseoso mientras se deshacía de toda su ropa con una velocidad increíble.

En menos de dos minutos le tenía totalmente desnudo sobre la cama y su lengua estaba pegada a la piel tatuada, escurriéndose por los lugares más escondidos y privados.

Preparó su culo para poder meterse en él después de tanto tiempo añorando ese lugar y cuando le tuvo listo y rogando por más fue a quitarse los pantalones y boxers pero Frank le detuvo.

F- No, no. No te los quites. Fóllame así. Te hace parecer más dominante y duro. -Jadeó con lujuria brillando en sus ojos.

Una especie de rugido escapó de la garganta del pelirrojo para después besarle otra vez, todo lengua y dientes, y empezar a introducirse en su paraíso privado.

Le dio unas cuantas embestidas antes de girarle sin salir de él y dejarle a cuatro patas, mirando hacia los pies de la cama. Volvió a moverse, entrando y saliendo de él.

Frank disfrutaba con la mirada fija en el colchón y una mano acariciando su erección cuando Gerard le sujetó del pelo y tiró haciéndole levantar la cabeza. En la pared de enfrente descubrió un espejo que hasta el momento había pasado desapercibido para él y se encontró con la mirada penetrante de su pareja a través de él.

Sin despegar sus miradas Gerard volvió a moverle. Pasando un brazo por su cintura le hizo incorporarse, quedando los dos de rodillas, follando frente al espejo. El pelirrojo apartó la mano de Frank de su polla para cambiarla por la suya y le masturbó al mismo ritmo que le penetraba.

La imagen que tenían delante era lo más erótico que habían visto en mucho tiempo y fue lo último que necesitaron para tener un orgasmo brutal que les hizo caer desplomados hacia adelante.

F- Joder, Gerard.

G- Sí, eso es lo que hemos hecho. -Jadeó contra su espalda, donde había caído.

F- Eres un puto Dios del sexo.

G- Dime algo que no sepa. -Le mordió en el hombro, sonriendo al escuchar la risita infantil de su novio y se acomodó a su lado, con un brazo rodeando su espalda y la barbilla contra su brazo.

F- Te amo, aunque seas un egocéntrico. -Susurró medio dormido.

G- Te amo aunque me llames egocéntrico.

...

Pasaron el sábado entero enredados en las sábanas, saliendo sólo lo justo y necesario, recuperando el tiempo perdido, follando sin parar, en todas las posiciones posibles y algunas que perecerían imposibles. Y probaron la gigantesca bañera llena de espuma, el sillón, una mesita de té que nadie sabe como sobrevivió y la terraza.

El domingo decidieron descansar de tanta actividad física y salieron a pasear por la ciudad. Comieron fuera y pasearon descalzos por la playa hasta que se cansaron y se sentaron en la orilla.

Fue un día romántico como pocos. Hablaron, rieron, bromearon y se besaron frente al mar hasta que anocheció y se quedaron solos en el lugar.

G- Hoy es el último día aquí. -Susurró.

F- Sí... Lo bueno siempre acaba pronto. Pero bueno, tengo ganas de ver a Helena ya.

G-Yo también la echo de menos... -Reconoció taciturno, mirando al frente de nuevo. Se quedaron un rato en silencio, pero Frank decidió que no quería pasar así su última noche libre en quién sabe cuánto tiempo.

F- Me apetece darme un baño. -Dijo de repente. Se puso en pie de un salto y empezó a quitarse la ropa. Gerard le miraba con el ceño fruncido.

Al final, Frank quedó totalmente desnudo y los ojos del pelirrojo se abrieron todo lo que pudieron antes de mirar hacia todos lados vigilando que no hubiese nadie cerca. Cuando su mirada volvió a Frank, éste ya estaba corriendo el trozo que le separaba del mar, su culo respingón balanceándose y Gerard derritiéndose en la arena ante semejante imagen.

F- ¡Vamos, Gee! ¡Ven conmigo! -Le gritó ya desde el agua.

Gerard lo pensó un momento. Seguramente el agua estaría helada... Pero, por otra parte, un Frank Iero desnudo le esperaba dentro y sólo de pensarlo era capaz de calentarse y soportar las más bajas temperaturas.

Finalmente se puso de pie sonriendo, echó una última mirada a la playa y se quitó la ropa tan rápido como pudo antes de correr hasta el agua.

Sí que estaba fría, sentía que le llegaba hasta los huesos y eso le hacia tiritar, pero ya era tarde para arrepentirse.

G- ¿Frank? -Preguntó, buscándole a su alrededor, sin encontrarle- Frankie, ¿dónde estás? No tiene gracia. -Daba vueltas flotando en el mar pero seguía sin verle, hasta que algo tiró de su pie.

El pelirrojo se asustó y pataleó para quitarse lo que fuese de encima y entonces Frank emergió del agua soltando una gran carcajada al ver su cara de terror.

G- Hijo de puta, casi me da un infarto. -Le dijo enfadado. Y, al ver que no paraba de reír, fue hasta el y le hizo una aguadilla, poniendo las manos en sus hombros le metió bajo el agua unos segundos.

Cuando le soltó, Frank salió con la respiración agitada y tosiendo. Le lanzó una mirada furiosa al pelirrojo, quien ahora sí que reía.

F- Eres un cabrón. Casi me ahogo. -Un puchero apareció en sus labios y a Gerard le dieron ganas de morderlo.

G- Vamos, no es para tanto. Ven aquí, precioso. -Abrió los brazos para recibirle y caminó hacia él.

Frank se hizo el resentido unos segundo, pero en seguida sonrió y se acurrucó en sus brazos, compartiendo calor.

Se quedaron un rato así, siendo mecidos por las olas, besándose cálidamente, pero el movimiento estaba haciendo que sus cuerpos se rozasen y ciertas partes empezaban a despertar, así que el beso se hizo más profundo y desesperado.

Gerard llevó sus manos de la cadera del petizo a sus piernas. Acarició sus muslos y los sujetó para que se enroscase con ellos a su cintura.

Más besos, más caricias, más moriscos y Gerard estaba dentro de su novio otra vez.

Entre el movimiento del mar y los propios del sexo, terminaron acercándose más y más a la orilla, hasta caer el la arena, donde rompían las olas.

Mantuvieron un frenético baile de pasión y deseo, pero antes de llegar al orgasmo, el pelirrojo paró y se salió del cuerpo de Frank, quien le miró con una ceja alzada.

G- Ahora te toca a ti estar dentro de mi. -Le susurró al oído para después meter la lengua en su oreja.

Frank no se hizo de rogar y al segundo estaba preparándole.

G- No hace falta todo eso. Me tienes bien abierto de estos días.

F- Lo sé. Pero me encanta meterte los dedos y sentir cómo te aprietas sobre ellos. -Jadeó, besando su cuello.

Pero era cierto y ya había disfrutado de esa parte, así que quitó los dedos y presionó la punta de su polla con la apretada entrada del pelirrojo, desesperándole un poco más. Pero estaba seguro de que ninguno de los dos duraría mucho más, así que con un golpe certero de cadera se hundió hasta el fondo.

Gerard, bajo él y con la espalda en la arena, se arqueó y apretó dos puñados de tierra con las manos.

Se acompasaron con la primera embestida, Frank empujando hacia adelante y Gerard moviendo su cadera para encontrarse con la del otro.

Las olas chocaban contra ellos, la arena se movía debajo de sus cuerpos y el aire erizaba sus pieles.

Todo era perfecto y así lo demostró el orgasmo que tuvieron, que les hizo sentir una corriente de electricidad desde las puntas de los pies hasta el último pelo de sus cabezas.

Tras un momento de recuperación, Frank se dejó caer a un lado de Gerard, apoyando la cabeza en un brazo de éste y se quedaron mirando el cielo.

G- Nunca olvidaré este fin de semana.

F- Yo tampoco. Ha sido perfecto, fantástico.

G- ¿Y sabes qué ha sido lo mejor? -Giró el rostro para mirarle y Frank hizo lo propio.

F- ¿El qué?

G- Que ha sido contigo.

Frank sonrió, sus ojos más brillantes que nunca fijos en las esmeraldas de su pareja.

Con una nueva declaración de amor, terminó el fin de semana de relax y sexo.


Continuará...