sábado, 25 de octubre de 2014

De nuevo ella.

Allí está, la ves desde lejos como si fuese una ilusión, un sueňo que apenas recuerdas porque has pasado mucho tiempo sin saber de ella. Tienes su recuerdo guardado como el de una antigua canción que te encantaba pero que al crecer dejaste de escuchar, pero que cuando después de aňos la oyes otra vez aún te la sabes y la cantas, y te emocionas.

Y con ella es lo mismo. La ves y recuerdas sus rasgos, sus gestos y movimientos como si nunca os hubieseis alejado, emocionada como con la canción.

El recuerdo de la calidez y suavidad de su piel provoca que tus dedos piquen ansiando acariciarla y comprobar que todo sigue igual. Te mira y comienzas a andar despacio, acercándote. Ella hace lo mismo y pronto estais frente a frente, recordando viejos tiempos sin decir nada, solo mirándoos a los ojos. Das un paso más, animándote mentalmente a no ser cobarde. Un paso que elimina casi en su totalidad la distancia entre vosotras.


Sonríes, sonríe y apartas su pelo de su rostro con dedos temblorosos. Acaricias su mejilla con las yemas, recorres su mandíbula y cuello y dejas la mano sobre su nuca, mirando sus labios anhelante.

Un poco más, solo unos centímetros más y podrías probarlos de nuevo.

Es hora de revivir viejos tiempos, viejos recuerdos que guardas bajo llave para que no se pierdan nunca.

lunes, 3 de febrero de 2014

Claudia.

Hi (?) yo tampoco sé cómo empezar xD Te dije que te dedicaría unas palabras cuando acabase el fic but… me adelanté un poco.

Bueh pues ya hace mucho tiempo que nos conocemos y tal y nunca te he dicho nada bonito ;A; No soy de esas personas que recuerdan fechas pero es cierto que hace mucho (2 años?) y es curioso que sigamos en contacto cuando hemos cambiado tantas veces de nombre, de cuenta y todas esas cosas, y muchas veces ni nos hemos avisado xD Será el destino (?)

Desde el principio me caíste bien, siendo tan adorable como eres y encima siguiendo mi fic. Y me encantó conocerte en persona al fin aunque sí fue raro porque tú no hablabas mucho pero yo tampoco soy la mejor sacando conversación xD Y me alegro de que hayamos quedado más veces y eso. Además siempre te doy las gracias por haberme enseñado tantas cosas asdhjñk mil gracias de verdad, eres mi ukecito y profesora particular :3 Y por todo te tengo mucho aprecio porque te hacer querer, jo Oh, y estoy encantada de hacerte el fic porque realmente me gusta hacerte “regalos” (son caca, lo sé, pero da igual) ;;

Y ahora voy a ponerme más seria. No soy de las que hablan de sentimientos y esas cosas a menudo, de hecho tiendo a no hacerlo nunca, pero a veces hago excepciones.

Quiero que sepas que no miento si te digo que te aprecio o te tengo cariño, porque es cierto. Tú decías de tener más confianza y eso sería genial no sé, me gustaría que sepas que me tienes aquí para lo que quieras y necesites, cualquier cosa, en cualquier momento, siempre ando con el móvil a mano.

Hay veces que veo lo que escribes y de repente desapareces por unos días y mentiría si dijese que no me preocupo. Leo lo último que has escrito, como esta vez, y hasta que no veo que has vuelto a twittear no dejo de darle vueltas preguntándome qué te ocurre o si estás bien… Y por eso quiero que te quede claro que puedes contar conmigo. No te lo digo más veces porque me da la sensación de que me vas a mandar a la mierda por meterme donde no me llaman (aún puedes hacerlo, de hecho) pero me gustaría poder ayudarte en lo que pueda, aunque sea simplemente hablando o distrayéndote o qué se yo. No me gusta estar días sin saber nada de ti, aunque no hablemos todo el tiempo por lo menos te leo en la TL y sé que estás ahí, ¿es raro? No quiero que te ocurra nada. Muchas veces leo que dices que no tienes a nadie. Pues no sé, aunque dudo que sea cierto, pero yo quiero estar ahí, para cuando lo necesites o simplemente cuando te apetezca.

No me gusta decir/escribir estas cosas porque me siento pesada y entrometida, pero tampoco lo suelo hacer porque no hay mucha gente que me importe realmente, si lo hago contigo es por eso justamente. Y probablemente no me hagas mucho caso pero ahí queda, no miento en nada de lo que te he dicho.

Esta tarde estuve pensando en todo lo que quería decirte pero a la hora de escribir se me han ido algunas cosas de las que tenía en la cabeza… Aunque básicamente era esto,



Y eso, idk, Saranghe! <3

sábado, 9 de marzo de 2013

Ella.







Al despertar es lo primero que ves.

Está tumbada junto a ti, el pelo tapándole los ojos, su pecho subiendo y bajando al ritmo de su respiración, esa respiración que te tranquiliza y adormece cada noche cuando te metes en la cama.

No puedes dejar de mirarla, como cada mañana que despiertas antes que ella. Nunca te cansarías de hacerlo y agradeces al universo que vuestros caminos se cruzasen aquel día, porque tu vida sin ella no sería lo mismo.

Hace un ruidito gracioso con la nariz y ríes en bajo para no despertarla, pero aun así su suelo se rompe y sus ojos empiezan a abrirse lentamente.

Cuando finalmente te enfoca, sonríe y cierra los ojos de nuevo.

La abrazas y suspiras feliz, sintiendo sus brazos alrededor de tu cintura y no puedes evitar apretarla contra ti y suspirar una vez más.

No puede ser nadie más, tiene que ser ella. No creíste que pudieras sentir algo tan fuerte por una persona, pero así es, y es por ella y nada más que por ella.

Janna.   

Acercas tu boca a su oído y susurras, como cada mañana antes de empezar el día.

-Te quiero.

La vida es difícil, pero cuesta menos si la tienes a tu lado. 

viernes, 27 de julio de 2012

Últimos caps de Obsesionados con el Sexo - Epílogo



EPÍLOGO


G- Dime que esto no está pasando. -Rogó en un susurro a su pareja.


F- Otra vez con lo mismo. -Resopló, frustrado por la actitud del pelinegro- Hazte a la idea. Se va.


G- No, en serio, Frank. Dime que esto es una pesadilla. -Dirigió una mirada al joven trajeado que esperaba nervioso a unos metros de ellos.


F- Aggg. Me sacas de quicio, Arthur. Ahora tengo que irme. ¿Me prometes que si te dejo aquí solo no harás nada de lo que luego te arrepientas?


G- Te aseguro que si hago lo que deseo no me arrepentiré nunca. -Respondió, tozudo. Frank se pasó una mano por la cara y el pelo y resopló de nuevo.


F- Tú lo has querido. ¡Mikey! Ven un momento, por favor. -Le llamó al verle unas filas más atrás- ¿Puedes quedarte a vigilar a tu hermano hasta que yo vuelva?


G- ¡Eh! ¡No soy un crío que necesite vigilancia! -Cruzándose de brazos.


F- Pues te comportas como uno.


Mikey- No te preocupes, Frankie. Yo le vigilo. Ahora vete antes de que el chaval se vuelva loco esperando. -Bromeó, mirando al chico de traje, que se apretaba las manos.


F- Sí, pobrecillo. -Gerard gruñó y Frank se acercó a él para hablarle al oído- Si no te comportas como debes, te quedas sin sexo un mes. -El tono frío y autoritario le hizo comprender al pelinegro que iba en serio. También le mandó descargas directas a su entrepierna, pero eso no viene al caso.


Frank dejó al hermano de su marido al cuidado de éste y salió hasta donde ya le esperaban.


No pudo evitar quedarse mirándola con cierto aire nostálgico, dándose cuenta de qué rápido había pasado el tiempo. Cuando ella le miró, pudo verle sus ojos brillantes de lágrimas contenidas.


F- Estás preciosa, pequeña.


H- Gracias, mamá. Pero ya no soy pequeña. Tengo 24 años. -Sonrió, dándole un fuerte abrazo.


F- Siempre serás nuestra pequeña, aunque ya no estés con nosotros. -Un lágrima corrió por la mejilla de Frank y Helena la limpió con su mano.


H- No llores o lloraré yo también y se me correrá el maquillaje.


F- Lo siento, cariño. Ya está. -Se repuso como pudo, estirándose la chaqueta del traje y dobló el brazo para que su hija se agarrase a él.


H- ¿Qué tal está papá?


F- Haciéndose a la idea, ya sabes. -Rió- ¿Estás lista?


Helena cogió aire, cerró los ojos y lo soltó poco a poco.


H- Sí.


Un último beso en la mejilla de su hija justo cuando la música nupcial empezaba a sonar.


Caminaron a paso lento a lo largo del pasillo de la iglesia, sonriendo a los invitados, hasta que el padre dejó a su hija junto al que sería su marido y volvió junto a Gerard, que miraba la escena entre emocionado, triste y enfadado, con los ojos repletos de lágrimas sin derramar.


G- Está preciosa.


F- Pues claro. Es nuestra hija, ¿qué esperabas? -Bromeó para aligerar el estado de su pareja y enlazó sus manos para el resto de ceremonia.


...


G- Todavía estás a tiempo. Sólo dímelo y les distraigo a todos para que puedas huir. -Le susurró a su hija al oído, una vez concluida la ceremonia y la celebración. Se estaban despidiendo para que los recién casados se fuesen de luna de miel.


H- Papá, no empieces otra vez. -Le advirtió.


G- Es verdad, lo siento. Pero no sabes cuánto me cuesta pensar que te nos vas de casa para empezar una nueva vida con tu marido. -Miró hacia la derecha, donde Frank hablaba feliz con el chico.


H- Brian me cuidará bien. Siempre lo ha hecho, ¿no? -Acarició el rostro de su padre y le besó en la mejilla.


G- Tienes razón. Me alegro de que le hayas elegido a él.


H- Tampoco había mucho donde elegir... -Bromeó, refiriéndose a su pequeño grupo de amigos. Gerard rió con ella justo cuando Frank y Brian se acercaban a ellos, lo que hizo que endureciese el gesto.


Se acercó a Brian para hablarle fijamente.


G- Te llevas lo más importante que tenemos. Más te vale cuidarla y protegerla o te las verás conmigo. -Frank rodó los ojos a su lado y negó con la cabeza.


Brian- La protegeré con mi vida si hace falta, ya lo sabes. -Le tendió la mano para estrechársela en despedida pero, tras dudar unos segundos, Gerard abrió los brazos para abrazarle.


G- Eres de la familia ahora. -Le dijo antes de soltar el abrazo ante las cálidas miradas de su marido y su hija.


H- Bueno, nosotros nos vamos ya. -Dijo, cogiendo a su marido de la mano.


F- Llamadnos cuando lleguéis. -Asintieron y, con una última sonrisa, subieron al coche que les esperaba.


Gerard y Frank se quedaron mirando el coche hasta que este desapareció.


F- ¿Cómo estás? -le preguntó, al notarle perdido en sus pensamientos. El pelinegro tardó en reaccionar y cuando lo hizo su reacción pilló desprevenido al menor.


G- Tengo que hacer algo, no puede llevársela. -Echó a andar hacia su propio coche con intención de seguirla.


F- Oh, mierda, ya vale de tonterías. -Riendo, le cogió de la mano y tiró hacia él hasta dejarle los brazos alrededor del cuello y besarle con las ganas que había reprimido desde que le vio con el traje puesto.


...


G- Se ve tan vacío el apartamento ahora que no está Helena... -Suspiró mientras dejaba la chaqueta del traje sobre el sillón.


F- Sí. Es raro no ver sus cosas tiradas por todas partes. -Rió con Gerard- Lo bueno es que ya no tendremos que andar con cuidado por la casa. Podremos hacer lo que nos de la gana.


G- Como lleva haciendo ella desde los 15 años. -Resopló. Frank soltó una carcajada al recordar.


F- ¿Te acuerdas de aquel día que...


G- Sí. Lo recuerdo perfectamente. -Le cortó.


-Flashback-


F- Gee. Gee. Hazlo ya. Chúpamela ya, joder. -Gimoteaba.


Estaban los dos solos en casa, exactamente en la terraza, e iban de camino a pasarla realmente bien con una buena sesión de sexo al aire libre.


Gerard sonrió de lado y, justo cuando iba a meter la polla de Frank en su boca, escucharon un golpe en la planta de abajo.


G- ¿Qué ha sido eso? -Preguntó, incorporándose. Frank, en medio de su estupor, no había escuchado nada.


F- No ha sonado nada. Vamos, sigue con lo que hacías.


G- No, no. Ha sonado algo. Vamos.


Se puso de pie y caminó hasta la puerta de la terraza para bajar las escaleras que daban al apartamento, seguido de un Frank enfadado que iba colocándose la ropa.


F- Te digo que no ha sido nada. Habrá sido tu imaginación. -Repitió al final de la escalera.


G- Calla. Oigo voces.


-Mierda, lo hemos roto. Tus padres nos matan. -Se escuchó una voz preocupada.


H- Tranquilo. No están aquí. Les diré que ha sido Sweet Pea. -La voz se su hija se escuchaba amortiguada, acompañada de sonidos húmedos de succión.


Gerard y Frank se miraron. El pelinegro intentó avanzar un poco más para ver con quién estaba su pequeña, dispuesto a arrancarle las pelotas y echarle de casa, pero Frank le detuvo.


-¿Y si vienen antes de tiempo y nos pillan? Tu padre me mata. -Murmuró asustado.


H- Te lo repito. No van a venir. Y si vienen, mamá me cubrirá. -Más ruidos de besos- Lo que vamos a hacer ahora es follar como locos y vas a olvidarte de todo lo demás, ¿vale, rubito?


Los ojos de Gerard se abrieron como platos al escuchar eso de la boca de su hijita mimada. No podía ser. Era su nena, su pequeña, su niña. No podía estar hablando de follar. ¡Tenía 15 años!


-Joder, sí. Vamos a follar. Vamos a tu cuarto.


La voz desesperada del chico consiguió que el interior del pelinegro hirviese de furia.


Con un tirón se escapó del agarre de Frank y consiguió avanzar hasta el comienzo del pasillo donde se encontró con la cara de Helena escondida en el cuello de, nada más y nada menos, Brian.


Él lo sabía. Lo supo el primer día que le vio. Ese chico rubio pervertiría a su hija y él no iba a permitir que le robase la virginidad a su hija.


Lo que no sabía era que su hija hacía tiempo que había dejado de ser virgen. Exactamente desde el día que a Brian y a ella les dio por experimentar, lo cual acabó unas semanas después con un más que cantado noviazgo.


Ya tenía la boca abierta para gritar cuando la mano de Frank le hizo de mordaza impidiéndoselo. Tuvo que usar toda su fuerza y sus tácticas más sucias para arrastrar al pelinegro de nuevo a la terraza, tumbarle en una tumbona y tranquilizarle.


-Fin del flashback-


Frank sonrió al ver el gesto en el rostro de Gerard al recordar ese momento, así que decidió hacerle olvidar como mejor sabía. Cambió su anterior tono divertido a uno más sexual.


F- ¿Sabes? Te has portado muy bien al final. -Comentó, acercándosele peligrosamente.


G- Si, ¿verdad? Era mucho lo que me jugaba. -Se giró hacia él y le pasó los brazos por la cintura. Toda melancolía y tristeza olvidada por el momento- ¿Cuál es mi premio por buen comportamiento?


Las manos de Frank se pasearon por el cuello del mayo, enredándose en su cabello y volviendo hacia adelante hasta llegar a la corbata, la cual fue aflojando poco a poco, sin hablar y mirando todo el rato sus propias manos. Los dientes mordiendo su labio inferior.


Cuando la aflojó lo suficiente, le sacó la corbata al pelinegro por la cabeza y le empujó contra la pared.


F- Creo que ya sabes cual es tu premio. -Susurró contra su boca. Sus ojos vagando desde los labios hasta la mirada esmeralda.


Gerard no lo soportó y se inclinó un poco para besarle fuerte y profundo. Mordiendo y lamiendo todo a su paso. Perdiendo su lengua en la boca de su pareja, donde encontró una igual, pero más juguetona todavía.


Tan sumido estaba en ese beso, que no notó de cuándo Frank había cogido sus manos, llevándolas sobre su cabeza.


Cuando intentó moverlas, se dio cuenta de que estaban unidas con algo. Las bajó, haciendo que Frank se separase un poco con una sonrisa traviesa que el mayor no vio, y descubrió su corbata atada alrededor de sus muñecas. Un buen nudo del que no pudo deshacerse por más que lo intentó.


G- Frank, quítame esto. AHORA. -Su tono de voz autoritario no le asustó lo más mínimo.


F- No, me gusta que estés así. Y a ti también te gusta, ambos lo sabemos. -Susurró, desabrochando su camisa sin perder tiempo para dedicarse a morder los sabrosos pezones de su pareja y hundirlos con la lengua.


Jugueteó un rato en la zona, sintiendo la respiración atascada de Gerard y siguió bajando, acariciando con la lengua, humedeciendo, follándose su ombligo y riendo con los movimientos involuntarios de cadera del pelinegro buscando alivio para su necesitada erección.


F- No tengas prisa. -Ronroneó, sujetando su cadera con una mano. La otra apretándole una nalga a la vez que rozaba su nariz sobre su polla y aspiraba antes de mojar la tela con la lengua.


No tardó ni dos segundos en desabrochar los botones del pantalón de traje y descubrir que no había nada más debajo, sólo piel.


F- Oh, Gee. No me puedo creer que hayas ido a la boda de tu hija sin ropa interior. Eso no se hace. -Le regañó. Y, como castigo, rozó con sus dientes el capullo de su hinchada polla.


G- Ya sabes que -ahhh- me da igual lo que está bien y lo que estáaahhmm mal. -Respondió, a duras penas.


Pero su polla estaba dentro de la boca de Frank, y este no le dejaba hilar dos palabras coherentes seguidas. No se podía esperar mucho más del cerebro del pelinegro.


Las manos atadas se posaron sobre la cabeza del menor. Sin hacer fuerza, sólo sujetándose a algo antes de que sus piernas, que parecían gelatina, dejasen de sostenerle.


G- Santa madre, Frank. Repite eso. Sí, síiii. Así.


A punto estaba de correrse en esa bendita boca, cuando Frank se puso de pie y decidió que era momento de ir a la cama.


G- Oh, vamos. No seas malo conmigo. -Gimoteó, intentando hacer que Frank se arrodillase de nuevo.


F- Vamos a la cama. Tengo algo planeado para ti. -Si las palabras no fueron suficientes para convencerle, lo fue el tono provocativo.


Ya en la habitación, Frank le empujó, cayendo boca arriba y colocándose a duras penas debido a sus ataduras, de las cuales se creía libre cuando sintió a Frank, aún completamente vestido, lidiando con ellas.


Pero cuando fue a sentarse, comprendió que lo único que había hecho era atarlas al cabecero de la cama. Ahora tenía las manos unidas entre ellas y a la madera.


G- ¡Suéltame! -Se retorció.


Ni una palabra ni una mirada recibió de Frank. En cambio, obtuvo un strip-tease silencioso en el que el menor fue quitándose toda su ropa poco a poco hasta quedar únicamente con la corbata.


Entonces, balanceando las caderas y haciendo que al pelinegro se le cayese la baba, caminó hasta la cama y ahí gateó hasta colocarse a horcajadas sobre el pecho del otro.


F- Abre la boquita, cariño.


En el estado en el que estaba Gerard, había obedecido antes de saber realmente qué estaba haciendo. Y al segundo siguiente sintió la boca llena de un caliente trozo de carne. Su boca estaba siendo follada sin compasión y él estaba totalmente feliz.


Cuando se sintió al borde, el menor se apartó y se sacó lentamente la corbata, moviéndose un poco hacia atrás.


Con la tela en la mano, empezó a recorrer todo el cuerpo que temblaba bajo él, acariciando, excitándole más aún, si es que eso era posible.


Se entretuvo en su pelvis más que en el resto, rodeando su erección con la suave corbata una y otra vez. Y cuando vio a Gerard perdido entre las sensaciones con los ojos cerrados, reptó hacia arriba en su cuerpo y cubrió sus ojos con la corbata.


G- ¿Pero qué...? No, no y no. ¡Eso sí que no! ¡Destápame los ojos, pedazo de cabrón!


F- ¿Qué forma es esa de hablarle a tu esposo? -Ronroneó en su oído, tranquilizándole un poco- No estás en condiciones de exigir. ¿Quién sabe qué podría hacer con esto? -Preguntó al aire, apretando sus dedos alrededor de los testículos del pelinegro, que gimió-chilló de forma muy poco masculina.


Al ver que no le daría problemas, Frank se levantó de la cama.


Gerard notó frío de repente cuando se quedó sólo. Y, unos minutos después, cuando ya iba a preguntarle dónde demonios se había metido y por qué le había dejado en semejantes condiciones, escuchó un ruido y notó un segundo de aumento de claridad bajo la tela.


¡El muy cabronazo acababa de hacerle una foto!


Pero no pudo decirle nada al respecto ni enfadarse, pues al segundo siguiente su polla estaba siendo absorbida por una calidez sofocante.


Frank le estaba montando y no le dio ni un respiro cuando ya se estaba moviendo, cabalgándole como si no hubiese mañana.


Y, a pesar de todo, pudo captar un par de fogonazos de luz más, pero ya no se preocupó por nada que no fuese el cuerpo de Frank sobre el suyo, moviéndose sin parar. Arriba y abajo, hacia adelante, en círculos. De todas las formas posibles.


En un momento dado, la corbata de sus ojos cayó por su cuello y sus manos fueron liberadas, así que no se contuvo de toquetear a Frank a su antojo y cambiar posiciones, quedando él arriba hasta que con un último empujón, se corrió dentro de su pareja, sintiendo la corrida de éste entre sus estómagos y sus dedos.


Se quedaron mirándose hasta tranquilizarse y entonces Gerard se echó a un lado, apoyándose en un brazo para verle de frente. Frank hizo lo mismo.


G- ¿Por qué has hecho fotos? -Preguntó divertido.


F- Quería recordar este momento. -Respondió, encogiéndose de hombros- He puesto el disparo automático y la he dejado en la mesilla. Luego las vemos. -Susurró antes de morderle la barbilla.


G- No puedo creer que con nuestros 48 años sigamos haciendo estas cosas. -Rió.


F- Sabes que nunca cambiaremos. -Susurró antes de besarle y cerrar los ojos.


G- Siamo i ragazzi di ieri.*



...







 

*We are the kids from yesterday.

Últimos caps de Obsesionados con el Sexo - 58


CAPÍTULO 58:

F- ¿Qué tal el día en la guardería, cielo?


Frank y Helena iban caminando de la mano por la calle. Era viernes y había ido a buscarla a la guardería y ahora se dirigían a casa de la abuela Donna.


La madre de Gerard había invitado a la pequeña a dormir para que pasase un día con los abuelos, pero no podía ser cualquier día, sino que tenía que ser ese viernes exactamente. Y cuando Frank le preguntó la razón, ella sólo se encogió de hombros.


Así que, tras las súplicas de Helena por ir donde sus abuelos, Frank había terminado cediendo bajo las risas de Gerard, que no paraba de decir que era un blando con la niña y le daba todos sus caprichos.


H- Chupi. Brian y yo hemos hecho una broma al tonto de Mark. -Se tapó la boca con la manita que tenía libre para esconder su risa.


F- Helena, ya te he dicho que no debes insultar a nadie. La próxima vez que lo hagas te quedarás sin clase de guitarra. -Su mirada endurecida se suavizó al ver que Helena le miraba desde abajo con carita de pena- ¿Y qué le habéis hecho? -La niña volvió a sonreír.


H- Hemos echado pegamento en sus zapatillas. -A pesar de que no debería, Frank no pudo evitar reírse con su hija mientras ésta le contada la broma con todo lujo de detalles, hasta que cambió de tema- Y Brian me ha invitado a su casa para conocer a sus papás. ¿Puedo, mami? ¿Sí? Por fa, por fa, por fa. -La niña se había parado en mitad de la calle y miraba a Frank con cara de perrito abandonado mientras daba saltos en el sitio.


F- No sé si a papá le hará mucha gracia... -Comentó pensando en lo sobreprotector que había resultado ser su pareja.


H- Jo, por fa. ¡Yo quiero!


F- Está bien, mi amor. Yo le convenceré. -Le dijo, agachándose para quedar a su altura.


H- ¡Gracias mami! -De un salto se colgó del cuello del mayor, quien estuvo a punto de caer de espaldas pero al final pudo mantenerse en pie. Y así siguieron hasta casa de Donna.


Cuando dejó a la pequeña con su abuela, ésta prácticamente le echó de casa mandándole a la suya, aunque disimuladamente. Así que, totalmente confundido, se vio en el porche de la casa de los padres de su novio, y con la puerta cerrada en las narices.


Dispuesto a hablar con Gerard para pedirle una explicación por el comportamiento de su madre, caminó a buena velocidad hasta su apartamento. Sacó sus llaves para abrir por si Gerard estaba ocupado haciendo algo y, cuando entró y fue a avisarle de que ya estaba en casa, se quedó asombrado mirando alrededor.


Todo estaba a oscuras, a excepción de algunas velas colocadas en puntos estratégicos de la casa, dejando zonas en penumbras y otras iluminadas. Un dulce olor a manzana flotando en el aire.


F- ¿Gerard? ¿Gee, dónde estás? -No hubo dado ni dos pasos, cuando una sombra enana corrió hasta sus pies y se apoyó en su pierna con dos patas- Vaya, ¿quién eres tú?


Era un perrito negro que le miraba con grandes ojos y la lengua fuera. Frank sonrió y se agachó para cogerlo y refugiarlo entre sus brazos. Sin importarle, le dejó que le lamiese un poco la cara para apartarle al darse cuenta de que algo colgaba del collar de su cuello.


F- ¿Qué llevas aquí, enano? -Le puso en el suelo de nuevo y le tranquilizó cuando el perro se revolvió entre sus manos intentando echar a correr de nuevo.


Cuando consiguió quitarle lo que llevaba colgado el perro salió corriendo hacia el salón y Frank pudo contemplar lo que tenía en las manos. Una pequeña caja de terciopelo negro.


F- ¿Pero qué... -Abrió la caja y las palabras se trabaron en su garganta. Dos argollas de plata relucieron cuando la luz de las velas llegó a ellas- Gerard. -Suspiró. Y, justo en ese momento, una figura emergió de entre las sombras. Una figura que reconoció como si fuese la suya misma.


Cuando sus miradas se encontraron, sus ojos brillaron. Avillana frente a esmeralda.


F- Gerard esto... ¿Esto es lo que creo que es? -El chico asintió y Frank volvió a mirar los anillos, embelesado. Gerard carraspeó, intentando quitarse los nervios de encima.


G- Bueno y... ¿qué respondes? -La mirada del menor volvió a clavarse en la suya.


F- Pídemelo. -Susurró. Su mirada cargada se sentimientos y más brillante que nunca.


Gerard sonrió y bajó la mirada avergonzado, pero le quitó la cajita de las manos, cogió uno de los anillos, guardó la caja en un bolsillo y se aclaró la garganta.


G- Frank Anthony Thomas Iero Priccolo. -Un risilla escapó de la atorada garganta de Frank al escuchar su nombre completo- ¿Quieres casarte conmigo? -Tendió la mano libre pidiendo así la de su novio.


Frank sonrió todo lo que la piel de su cara le permitía y acercó su mano.


F- Gerard Arthur Way Lee. Sí. Quiero casarme contigo. -Gerard respondió a su sonrisa emocionada con una igual y cogió su mano para colocar el anillo antes de tirar de él para envolverle entre sus brazos y besarle suavemente durante un eterno momento de felicidad.


Cuando rompieron el beso se quedaron uno frente a otro, con las manos y las frentes unidas, los ojos entrecerrados y dos grandes sonrisas.


G- Ahora deberías de ponerme tú el otro anillo. -Susurró. Sus labios rozándose sensualmente con cada palabra.


Se alejaron lo mínimo necesario, sin ganas de despegarse ni un segundo, y Gerard sacó la caja de su bolsillo para que Frank cogiese el anillo. Le tendió la mano y, sin dejar de mirarse a los ojos, sintió como la argolla se deslizaba por su dedo.


Lo que quedó de noche la dedicaron a disfrutar el uno del otro, de sus cuerpos convertidos en uno


...


Mikey- Relájate, Gerard. -No sabía cuántas veces le había dicho lo mismo ya- Me estás estresando a mí.


Había llegado el día de la boda y el mayor de los hermanos Way estaba atacado de los nervios.


Se encontraban en la playa. La boda sería sobre la arena al atardecer de un día un poco nublado, típico del mes en el que estaban. Eran pocos los invitados. La familia, los amigos más cercanos, Jamia y su pareja y un compañero del trabajo de Gerard.


Los padrinos serían Mikey, por parte de Gerard, y Pete, por parte de Frank. Nada que pillase de improviso a nadie.


Ahora mismo estaban los dos hermanos bajo una especie de carpa enana colocada para que esperase hasta que fuese la hora de caminar hasta el altar. Frank tenía la suya propia al otro lado.


G- ¿Y si no viene, Mikey? ¿Y si se ha arrepentido y me deja plantado, llevándose a Helena y Sweet Pea con él? -Preguntó caminado de un lado a otro en ese sitio que cada vez le parecía más estrecho y asfixiante. Su hermano solo resopló por quinta vez en dos minutos y caminó a la entrada de la carpa para asomar la cabeza antes de volver junto a él.


Mikey- Tu hija y tu perro están colocados en su sitio. Frank no va a ir a ninguna parte. Me atrevería a decir que ahora mismo tiene las mismas paranoias que tú en la cabeza. -Rió por lo bajo.


G- Seguro que no porque Pete es mejor padrino que tú y le habrá tranquilizado. -Dijo cruzándose de brazos. La respuesta del menor fue sacarle la lengua y enseñarle el dedo, justo cuando la música empezaba a sonar fuera y Gerard se ponía más nervioso.


Mikey- Bien. En 4 minutos te toca salir a ti. -El otro asintió intentando acomodarse el pelo y fracasando, limpiándose el sudor de las manos en el pantalón- Suerte, hermano. -La primera respuesta de Gerard fue abrazar a su hermano con todas sus fuerzas.


G- Muchas gracias, Michael. Por todo. Por estar siempre conmigo. -Soltaron el abrazo y Mikey salió de la carpa con una última sonrisa y un guiño a su hermano.


Tres minutos después exactamente, Gerard coge aire, cierra los ojos y cuando los abre ya está fuera de la carpa y caminando hacia el sencillo altar donde la persona con la que quiere pasar el resto de su vida le espera.


No es una boda normal, así que camina solo hasta él, sin nadie que le acompañe. Estirado, sonriendo y todavía nervioso. Aunque ya ha comprobado que Frank no se ha echado atrás ni le ha dejado plantado, su corazón va a toda velocidad.


Y puede ver que Frank está igual porque juraría haberle visto suspirar de alivio cuando le ha visto al final del pasillo. Y no puede más que sonreír para tranquilizarle, olvidándose de sus propias dudas.


Llega a su lado y sus miradas no se han separado en todo el trayecto. Le toma la mano y le da un suave beso en el dorso que le hace enrojecer.


F- Estás guapísimo. -Le susurra cuando se giran hacia el hombre que les casaría.


Ambos chicos eligieron traje negro después de "discutir" sobre la idea de que Frank vistiese un traje blanco, cosa a la que se negó en rotundo. Camisa blanca y Gerard chaleco negro bajo la chaqueta. Básicamente eso era lo que les diferenciaba, incluso la corbata negra y fina era igual.


La verdadera novedad era el pelo de Gerard, negro de nuevo después de tanto tiempo.


La ceremonia comenzó y fue avanzando lentamente. Los dos protagonistas intercambiando miradas emocionadas y amorosas cada poco tiempo mientras escuchaban el típico discurso (aunque no tan típico, siendo su caso), esperando casi con ansias el momento de los anillos y el beso final.


-Los anillos, por favor.


Frank y Gerard se miraron sin saber quién tenía los anillos y se giraron a los padrinos esperando que ellos se los diesen, pero no fue así.


En cambio escucharon murmullos y ruidos al final del pasillo por el que ellos mismos habían caminado y allí vieron a Helena, con su elegante vestido blanco y su diadema roja y la correa de Sweet Pea sujeta en una mano.


La niña y el perro caminan hasta ellos y la pequeña les entrega los dos anillos que ha sacado de un bolsillito en el trajecito del animal.


No pueden resistirse a darle dos grandes besos antes de que vuelva con Sweet Pea a su sitio.


-Muy bien, sigamos. Frank Iero, ¿aceptas a Gerard Way como legítimo esposo hasta que la muerte los separe?


Sus miradas son una y parece que están conectados de todas las formas posibles cuando responden sin despegar sus ojos de aquellos que tanto aman.


F- Sí, acepto.


- Gerard Way, ¿aceptas a Frank Iero como legítimo esposo hasta que la muerte los separe?


G- Sí, acepto.


-Entonces, por el poder que me confiere el Estado de Nueva Jersey, les declaro marido y marido. Pueden besarse.


Apenas ha terminado la frase cuando ya han unido sus labios bajo los aplausos y voces alegres de los invitados. De fondo una hermosa puesta de sol que hace perfecto el momento pero en la que nadie se fija, ya que solo tienen ojos para los dos chicos que ahora abrazan a Helena.


...


La cena de celebración pasó sin problemas, con muchas fotos y felicitaciones, bromas por parte de los amigos y regalos.


Pero como todo, tenía que terminar y llega el momento de las despedidas (aunque sea solo por unos días). Lo más duro, sin duda, despedirse de su pequeña.


H- ¿Vamos de viaje? -Preguntó emocionada al ver a sus padres despedirse uno por uno de todos los invitados en la puerta del restaurante, donde ya les esperaba el coche.


F- No, mi amor. Tú te quedas con el tío Mikey y su novia. Papá y yo nos vamos. -Casi se echa a llorar al ver la carita de pena de su niña- No, no, no. No llores, mi vida. Volveremos pronto y te traeremos muchos regalos, ¿si?


H- ¿Me vais a comprar cosas? -Su cara se iluminó al escucharle y Gerard la cogió en brazos echándose a reír.


G- Vaya con la nena. Quiere más a los regalos que a nosotros. -Bromeó inflando los cachetes. Helena rió y los apretó con sus manitas para hacerle soltar el aire.


H- Mentira, papá. Yo os quiero mucho. Asíiii de grande. -Separó las manos todo lo que pudo para enseñarle cuánto.


F- Pero qué mona eres, cariño. Anda, ven aquí y dame un beso enorme antes de que nos vayamos. -Tendió sus brazos y la pequeña se lanzó a ellos, abrazándose a su cuello y dándole un beso de ventosa en la mejilla- Te voy a echar mucho de menos, pero volveremos pronto. Dale un beso a papá. -Le dio un beso igual que a Frank y éste la dejó en el suelo junto a Mikey, quien la cogió de la mano.


Mikey- Pasadlo bien, chicos.


F- Gracias, Mikes.


G- Hasta la vuelta, hermano.


Y sin más retraso subieron al coche donde ya tenían las maletas para dirigirse al aeropuerto y desde allí coger el avión que les llevaría a su destino: St. Barts, el Caribe francés.


...


G- Estoy reventado. -Nada más entrar en la habitación y dejar las maletas, se desplomó sobre la cama. Había sido un día largo y tenso y ahora sus músculos sufrían las consecuencias.


F- Oh, Dios, ¡este baño es increíble! -Gritó desde el otro cuarto de la suite. Cuando salió y vio a su pareja tirado en la cama, tuvo una idea. Un rato después volvió a hablar- Gee, cariño. ¿No vamos a probar el jacuzzi? -Preguntó en tono triste.


El pelinegro se removió en la cama murmurando algo que sonó a "estoy jodidamente cansado". Se dio la vuelta con los ojos cerrados, quedando boca arriba y un momento después abrió los ojos adormilados para encontrarse con los de Frank, que le miraban desde el otro lado de la cama.


Pero su mirada no duró mucho tiempo en sus ojos. Le llevó décimas de segundo darse cuenta de que Frank no llevaba nada encima. NADA. Solo la tinta de sus tatuajes.


Todo rastro de cansancio desapareció de su sistema al encontrarse con una semi erección entre esos rizos oscuros que le volvían loco.


G- Santo cielo. -Murmuró, comiéndoselo con la mirada- ¿He oído algo de probar el jacuzzi?


Frank sonrió, vencedor, y le extendió una mano que no dudó en aceptar para ponerse en pie y seguirle hasta el baño donde el menor ya tenía lista la gran bañera. Los chorros y la espuma haciendo su trabajo.


Mordiéndose el labio inferior para reprimirse y no arrancarle el traje a trozos, Frank desnudó a su ahora marido.


Cada porción de piel que quedaba al aire era cubierta por sus manos o su boca hasta que ambos estuvieron en igualdad de condiciones. Entonces se metieron en la bañera, sintiendo enseguida que el agua tibia calmaba sus músculos.


Suspiraron, más relajados y Frank cogió el bote de jabón y se colocó a la espalda de Gerard. Le echó un poco del gel en los hombros y le regaló un fantástico masaje en el cual los hombros quedaron desplazados a un segundo plano cuando sus manos empezaron a acariciar su cuello, su pecho, su estómago y, sólo un segundo, ese duro trozo de carne capaz de llevarlo al paraíso.


Un gruñido escapó de la garganta del pelinegro cuando Frank pasó de largo de esa zona tan necesitada ya de atención, porque "joder, cabrón, duele".


G- Frankie, por lo que más quieras, tócame. -Rogó, impaciente.


F- Ya lo estoy haciendo. -Respondió con tono inocente, paseando sus manos por el interior de los pálidos muslos de su pareja.


G- Ya sabes a lo que me -ahh- refiero. -Gruñó.


F- No, lo siento, no tengo idea. -Su propia erección rozándose con la espalda baja de Gerard y mandándole descargas de placer directas al cerebro.


G- Eres un puto calienta-pollas. -Al escuchar la risa de Frank en su oreja se le erizaron los pelos de la nuca y no lo aguantó más. Con sus manos cogió las de Frank, una cada una, y las llevó directas a su polla, acariciándose a sí mismo con las manos del menor, que en respuesta le había mordido el hombro con fuerza.


Le acarició un rato, besando sus hombros y cuello desde la posición que tenía a su espalda y comiéndose su boca cuando el pelinegro giraba la cabeza dándole espacio.


Una de sus manos se deslizaba por todo lo largo de su polla, jugando con la punta y apretando, y la otra jugaba con sus pelotas, tirantes, donde podías notar el orgasmo formándose. Pero ésta mano fue bajando hasta dar con la entrada del cielo, donde se escurrieron dos dedos de un solo golpe, logrando que Gerard levantase el culo del jacuzzi y se acomodase mejor para darle más espacio de maniobra.


G- Hmm, Frank. Sí, hace eso otra vez. -Jadeó.


Jugó con sus dedos un rato, dejando olvidada la erección con la que minutos antes se entretenía, hasta que no lo soportó más.


F- Joder, Gee. Voy a follarte ya. -Dijo contra su piel.


El aludido, medio ido por todas las atenciones recibidas, se dejó hacer mientras Frank le colocaba.


El menor se sentó con las piernas un poco flexionadas y la espalda apoyada en la bañera y puso a Gerard de frente a él sobre su pelvis, en el hueco entre su pecho y sus rodillas, las cuales le servían de apoyo.


Con una mano sujetó la cadera del pelinegro y con la otra guió su polla hacia la cálida estrechez que hacía rato que le llamaba a gritos.


Gimieron sobre la boca contraria, luchando por meter aire a sus pulmones y Gerard tuvo que agarrarse a los hombros de Frank por miedo a resbalar en una de las embestidas que sacudían su cuerpo.


Su erección, apretada y resbaladiza entre los dos sudorosos cuerpos, fue atendida por la habilidosa mano de Frank, que consiguió llevarle al éxtasis en tiempo record, siguiéndole de cerca.


Ambos chicos sintieron que sus cerebros se derretían y escapaban por sus pollas, porque eso no había sido un orgasmo normal. No. Había sido EL ORGASMO de entre los orgasmos.


Se quedaron en esa posición un rato, recuperándose. La frente del mayor apoyada en el hombro de su pareja, quien le acariciaba los cabellos recién teñidos con mimo.


Se besaron lento, suave y con toda la ternura del mundo antes de cerrar los ojos y relajarse bajo el agua.


Cuando se sintieron con ánimo de moverse de nuevo, se lavaron y secaron y se metieron a la cama tal y como estaban, listos para descansar después de un día agotador. Total, estarían de viaje una semana. Había tiempo de sobra para rendir culto a sus cuerpos.


Tumbados de frente, se miraron y sonrieron, adormilados y pensando en la nueva etapa que recién empezaban en sus vidas.


F- Te amo, señor de Iero.


G- Yo también te amo, señor de Way.


FIN

Últimos caps de Obsesionados con el Sexo - 57


CAPÍTULO 57:


Unas semanas después del primer cumpleaños de Helena, Gerard y Frank jugaban con la niña sentados en el suelo del salón, ella sobre una mantita llena de juguetes.


Los mayores estaban ensimismados viendo a su niña, con una sonrisa en sus rostros, cuando ella se quedó quieta mirando fijamente a Frank.


F- ¿Qué te pasa, preciosa? -Preguntó preocupado cuando pasó un rato y Helena no dejaba de mirarle. Gerard, mientras, observaba atento cualquier gesto que hiciese.


Helena frunció el ceño, como si estuviese totalmente concentrada en algo y empezó a mover su boquita sin emitir sonido, hasta que...


H- Ma-má. -Los ojos y la boca de los dos chicos se abrieron con sorpresa- Maaa-má. -Repitió, estirando los brazos hacia Frank.


Pasado el primer momento de asombro, Gerard se echó a reír mientras aplaudía y Frank arrugó la frente.


F- Sí, cielo. Pero yo soy papá. Pa-pá. -Explicó, agachándose para poner su rostro a la altura de la pequeña.


H- Ma-má. -Repitió de nuevo, agitando sus manitas- Ma-má. Ma-má. Ma-máaa. -Gerard empezó a reír aún más fuerte, ganándose una mirada furibunda de su pareja.


G- ¡Muy bien, mi amor! -Dijo, dando un beso de ventosa a la niña en la mejilla.


F- No te rías. Esto es culpa tuya. Has conseguido que se confunda por llamarme mamá todo el rato. No te valía con princesa. No. Tenías que decirme mamá también. -Se cruzó de brazos enfurruñado y con los mofletes levemente inflados.


G- Oh, venga. No te pongas así, cariño. Asúmelo, eres su mamá. -Le dijo divertido.


H- ¡Ma-má! -Helena seguía repitiendo una y otra vez su primera palabra, feliz por ver a su papá Gerard tan contento. Pero al ver la cara de Frank, gateó hasta él y se apoyó en sus rodillas. -¿Ma-má?


El pucherito que apareció en los labios de la pequeña derritió a Frank y le hizo olvidarse de todo su enfado con Gerard. Relajó su cara y descruzó los brazos para poder coger a su hija y sentarla en su regazo.


F- Muy bien, mi vida. Eres una nena muy lista... -Sonrió y la besó en la frente, logrando que la pequeña riese de nuevo y diese unas palmadas al aire- Supongo que entonces tu serás papá. -Comentó mirando a Gerard. Helena también le miró cuando le sintió acercarse.


H- ¿Paaa-pá?


G- ¡Sí! Muy bien, cariño. -La felicitó- Tenemos a la niña más lista del mundo.


El tiempo seguiría pasando y Helena nunca dejaría de llamar mamá a Frank, por muy mayor que fuese.


...


Con dos años y medio, Helena ya tenía un vocabulario bastante extenso, más de lo que sus padres habrían deseado y es que la niña se había quedado con varias palabras que alguien de su edad no debería ni conocer. Y todo por haber escuchado a escondidas alguna que otra conversación entre los dos chicos en momentos de perversión a lo largo de la noche, cuando debería de estar dormida.


Nunca se les olvidará cuando, estando los dos sentados en el sofá viendo una película y con Helena a sus pies jugando con unos muñecos en el suelo, la escucharon:


Helena- ¡Shi, shiii! ¡Dame másh! Lo quero todo dentro. -Gritaba sin tener ni idea del significado de sus palabras.


Gerard y Frank se miraron entre ellos, asustados por no saber cuándo había escuchado su hija esas cosas, y casi saltaron de sus asientos para regañarla y explicarle que no podía decir esas cosas.


Se prometieron a sí mismos no volver a hablar mientras hacían el amor por temor a ser escuchados de nuevo.


...


Y, con esas misma edad, llegó el momento de llevar a Helena a la guardería, aunque las cosas no fueron tan fáciles para la niña como a sus padres les hubiese gustado...


Apenas al tercer día de su estadía allí, recibieron una llamada.


-Hola, ¿es el papá de Helena?


G- Sí, soy Gerard. ¿Quién llama?


-Llamo de la guardería. Helena ha tenido problemas con algunos niños y sería bueno para ella que vinieran a recogerla.


G- Claro, en seguida vamos. ¿Pero está bien, no?


-Sí, sólo está un poco alterada y no conseguimos que deje de llorar. Sólo sabe decir que quiere ver a sus padres.


G- Enseguida vamos. Gracias por avisarnos.


-Hasta ahora.


Gerard colgó el teléfono y fue al cuarto que utilizaban como estudio a llamar a Frank, que en ese momento practicaba con su guitarra.


G- Frank, acaba de llamar una profesora de Helena y dice que vayamos a por ella, que ha tenido problemas con algunos chicos y no consiguen tranquilizarla. -En cuanto le escuchó, el aludido soltó la guitarra y se puso en pie.


F- ¿Qué le ocurre? ¿Está bien?


G- Me ha dicho que no deja de llorar, así que vamos a por ella.


F- Sí, sí, vamos.


Los chicos cogieron una cazadora y cogieron el coche para llegar hasta la guardería. En menos de 15 minutos estaban allí, con la pequeña Helena en brazos de Gerard mientras trataban de tranquilizarla y averiguar qué había pasado.


La pequeña se aferraba a Gerard rodeando su cuello con los pequeños bracitos y escondía el rostro en su cuello. El moreno la balanceaba de un lado a otro y la arrullaba al oído y Frank acariciaba su espalda.


F- Peque, ¿qué ha pasado? -Le preguntó bajito cuando la niña parecía más tranquila.


H- Unos niños me han llamado bicho raro porque no tengo mamá. Dicen que tener dos papás no es normal y por eso no quieren ser mis amigos. -Frank y Gerard se miraron apenados.


G- No les hagas caso, mi amor. Esos niños no merecen ser tus amigos. Ya verás que cuando te conozcan, todos querrán ser amiguitos tuyos.


F- Sí, no te preocupes por ellos. ¿Tú eres feliz con dos papás? -Helena sorbió por su naricilla y asintió- Entonces da igual lo que digan. Sólo te tienen envidia.


La niña suavizó su rostro, asintiendo, y le tendió los brazos para que la cogiese. Al tenerla sujeta, habló de nuevo.


H- Yo no quiero una mamá. Tú eres mi mami.


G- Claro que sí, preciosa. Nos tienes a mami Frank y a mí. -Le dio un eso en la mejilla y sintió un tirón de su pantalón.


Al agachar la mirada se encontró a un rubito de la edad de su hija tirando de la tela de su pantalón vaquero para llamar su atención. Se acuclilló para quedar a su altura.


-Señor, ¿qué le pasa? -Preguntó, señalando a la niña.


G- Unos chicos se han metido con ella porque tiene dos papás.


-¿Dos papás?


G- Sí. Tú tienes una mamá y un papá, ¿a que sí? -El chico asintió efusivamente con la cabeza- Pues Helena tiene dos papás y no tiene mamá. Y por eso unos niños le han dicho que no quieren ser sus amigos.


-Pobrecita. -Murmuró, antes de volverse a Frank y tirarle también del pantalón, indicándole con un dedito que bajase para hablar con ella- No llores. Yo creo que tener a dos papis tiene que ser muy divertido. Además, eres muy bonita y no puedes llorar. ¿Quieres ser mi amiga?


Helena se le quedó mirando, admirando la gran sonrisa del rubio. Sonrió ella también y movió la cabeza en afirmación. Se removió en los brazos de Frank para que la dejase en el suelo y se acercó al niño.


H- ¡Me llamo Helena!


-Yo soy Brian. ¿Vienes a jugar en los columpios?


H- ¡Síii!


Y los dos pequeños salieron corriendo hacia la zona de juegos cogidos de la mano, dejando a Gerard y Frank con una gran sonrisa y la mirada enternecida.


G- Parece un buen chaval.


F- Sí... Tal vez cuando sean mayores se hagan pareja y todo.


G- ¿QUÉ? ¡Ni hablar! No dejaré que ningún jovencito salga con mi Helena. -Se negó, cruzándose de brazos y frunciendo el ceño.


F- No sé por qué me da que vas a ser un padre muy sobreprotector. -Comentó divertido, pasando un brazo sobre sus hombros.


G- No es eso. Simplemente que no dejaré que un adolescente hormonal toque a mi pequeña.


F- Bueno, aún queda mucho para eso, aunque no te extrañes si la peque sale como nosotros... Por el momento hay que alegrarse de que Helena tenga un amigo.