miércoles, 21 de diciembre de 2011

Su nombre empieza por S.


-Joder, que aburrimiento...

Te quejas por enésima vez esa noche, tumbada en la cama con la cabeza colgando por uno de los bordes y la melena negra rozando el suelo.

-Recuérdame por qué no hemos salido.

-Mmm... ¿porque no querías? Estamos así por tu culpa, Mer.

Y tu amiga pelirroja tiene razón. Está sentada en la silla giratoria del escritorio, moviéndose de un lado a otro tan aburrida como tú e intentando no asesinarte por tenerla ahí sin hacer nada.

Un chico de vuestra universidad os ha invitado a una fiesta que tiene toda la pinta de ser alucinando pero te has negado sin dar razones y las has convencido a ella para que se quede contigo con la promesa de pasar una buena noche. Cosa que no está sucediendo.

De repente te levantas de un brinco, asustando a la pelirroja, porque se te ha ocurrido una idea que mejorará el ambiente o por tu vieja que te raparás el pelo y se lo darás en sacrificio para disculparte.

-Voy a por algo con lo que conseguiremos divertirnos, nunca falla. Espérame aquí, Shei.

Corres escaleras abajo hasta la cocina y regresas a tu cuarto con unas botellas y algunas cosas más entre los brazos.

-Alcohol. -Dices en tono triunfal como si hubieses descubierto un nuevo continente.

Y es que si el alcohol no os sube el ánimo no sabes qué podría hacerlo.

Dejas las botellas en el suelo junto con todo lo demás y Sheila se acerca curiosa a ver qué más hay: dos vasos, una botella de vodka y una de tequila, un cuchillo, limón y sal.

-Bueno, por fin algo que hacer. -La pelirroja sonríe y tú crees que te derrites. Pero te prohíbes pensar en eso ahora. Tienes cosas más importantes en la cabeza.

Abre la botella de vodka sin rodeos y sirve los dos vasos hasta arriba. Alcohol a palo seco y en grandes cantidades.

Si no caéis inconscientes esta noche, nada podrá con vosotras.

-El primero que sea rápido. -Te dice.

Brindáis sin decir nada y bebéis el líquido de un tirón. Y, joder, quema, tienes la garganta en carne viva y una sensación calentita en el estómago.

Tras unos minutos intentando que esa sensación pase desapercibida, sonreís y llena otro vaso más para repetir el proceso.

Después de la tercera copa, ni la garganta quema ni ostias. La vista está borrosa, las piernas tiemblan aún estando sentadas y ya no importa estar encerradas en una habitación ni que al otro lado de la ciudad estén dando la mejor fiesta del año.

Ahora todo parece jodidamente divertido.

-Creo que es el turno del ¡TEQUILA! -Gritas, y tu voz sale más chillona de lo normal.

Sheila está de acuerdo, por supuesto, y lo preparáis todo para el primer chupito: sal lamida del dorso de la mano, tequila y limón.

-¡Esto hay que inmortalizarlo! -Grita Sheila. Vuestras voces se han elevado unas octavas o tus oídos se han vuelto hipersensibles. Ni lo sabes ni te interesa.

Cuando se ha levantado ha tenido que sujetarse de la cama porque casi cae de morros al suelo, haciéndote reír como una estúpida. Llega con esfuerzo a la estantería y coge tu cámara para empezar a sacarte fotos.

Con pose indiferente (o todo lo indiferente que puedes mostrarte cuando tu cuerpo se tambalea aún estando sentada), enciendes un cigarrillo y fumas como si fueses una puta estrella del rock y la cámara te amase.

Volvéis a servir otro chupito de tequila mientras os turnáis para hacer fotos que por la mañana ni recordaréis haber hecho.

Y en la siguiente tanda, la "inocente" de Sheila quiere jugar un poco. Y que te maten si piensas en negarte.

-Ey, Mer. -¿Su voz siempre ha sido tan sexy o ya estás mal de la cabeza?- Ahora bebes tú. Tienes que lamer la sal de mi hombro, beber, y luego el limón.

Te has quedado en estado de shock. Maldita sea ella y toda su descendencia. Sólo ha dicho lamer su hombro y ya estás divagando demasiado.

Cuando es tu turno de elegir dónde poner la sal, decides ir un poco más allá, ser una zorra y aprovecharte. ¿Cuántas veces tendrás a Sheila lamiendo tu piel? Pues eso. Te pones de pie y la miras.

-Tú tienes que lamer la sal... -Te sacas la camiseta sensualmente pero sin dejar de reír y terminas la frase- De mi tripa.

Suerte que has elegido un bonito sujetador azul de encaje, porque te lo está mirando sin disimulo alguno.

Te tumbas en el suelo y pones un poco de sal alrededor de tu ombligo.

Temes que se niegue pero, oh no, a Sheila le da igual todo. Hace un círculo con la lengua alrededor de tu ombligo y jadeas sin poder evitarlo, notando como el vello se tus brazos de eriza por la sensación.

Y la tía lame la sal a conciencia, ignorando que te estás volviendo mantequilla bajo su lengua. O tal vez sí lo sabe y por eso se ríe contra tu piel.

-Uf, tengo calor. ¿Tú no tienes calor? Tengo mucho calor. -Por lo que parece ya estáis en el estado de hablar incontroladamente.

De repente se aleja de ti y maldices de nuevo a todos sus descendientes. Camina como puede hasta la ventana y la abre mientras la miras desde el suelo con otro cigarrillo en los labios.

El aire fresco entra en la habitación pero por lo visto no es suficiente para ella, ya que en un arranque intempestivo se ha quitado la camiseta y la ha tirado junto a la tuya y tú babeas sin darte cuenta.

Y así están las cosas. Tú con pitillo y sujetador azules y ella con pitillo sujetador negros.

Aprovechas que tienes la cámara al lado y le haces algunas fotos en poses sensuales antes de levantarte también.

Parecéis crías saltando de un lado a otro y bailando. La música está encendida y no sabes si gracias a ti o a ella.

Estás tan perdida con sus movimientos que no te has dado cuenta de que está demasiado cerca de ti hasta que es demasiado tarde y habéis caído sobre la cama tras un ataque de cosquillas, ella encima de ti con las piernas a cada lado de tus caderas.

Y, joder, llevas mucho tiempo deseándolo, pero no puedes terminar de creerte lo que está pasando, y menos si no para de mirarte fijamente con esos ojos hipnotizantes.

Te mueres de ganas por besarla y parece que se da cuenta, pero cuando te estás acercando, la muy zorra (con perdón) se aleja y te sonríe.

-Creo que hemos bebido demasiado. Todo me da vueltas. -Comenta.

"¿No me jodas?" quieres gritarle por tal obviedad. Pero como la buena chica que no eres, no lo dices.

-Sí, yo también lo creo... -Murmuras a cambios. Un extraño brillo aparece en sus ojos y un escalofrío te recorre desde los dedos de los pies hasta el último pelo de la cabeza.

-Tengo una idea para despejarnos.

No te ha dado tiempo a preguntar nada cuando estas siendo arrastrada fuera de la habitación sin saber dónde vas y, maldita sea, has acabado en el baño y la increíble pelirroja está abriendo los grifos de la bañera.

Te quedas paralizada en la puerta sin saber qué está pasando pero el golpe del pantalón de Sheila contra tu estómago de te devuelve a la realidad.

Vale, si cuando se ha quitado la camiseta has empezado a babear, ahora te estás deshidratando. Pero, Dios, es Sheila. Está frente a ti, sólo con ropa interior (la cual, por cierto, no deja mucho a la imaginación) metiéndose en la bañera y el agua empieza a caer por su cuerpo.

¡Y te está haciendo gestos para que entres con ella! De acuerdo, ahora es cuando sufres un paro cardíaco.

Como sea, no vas a dejar escapar esta oportunidad. Fuera zapatillas y pantalón, coges aire y entras en la bañera.

El agua está fría y te despeja la cabeza. Por fin recobras un poco de consciencia y recuperas el control de tus sentidos.

-¿Te sientes mejor? -Susurra en tu oído haciéndote saltar- Relájate.

Oh, Dios. Sus manos están recorriendo tus brazos de arriba a abajo, se detienen en tus hombros y los masajea antes de bajar por tu espalda hasta la cadera y acariciarte ahí.

El agua ha dejado de estar fría y parece que empiece a hervir. Eso, o eres tú la que está ardiendo, que es lo más probable. Pero la temperatura sube un poco más cuando notas sus labios contra tu hombro y luego en tu cuello, donde aparece su lengua también.

Y te das cuenta de que estás perdida.

Más le vale que deje de hacer eso si solo está jugando porque estás a nada de perder el control, darte la vuelta y estamparla contra la pared para adueñarte de su boca y de todo lo que puedas.

Sin embargo, sigue con lo que hace y sus manos acarician tu vientre rodeándote desde atrás, centrándose en la parte inferior al ombligo, rozando con la yema de los dedos la porción de piel que se encuentra debajo de la goma de tu ropa interior.

Se acabó. La racionalidad se ha esfumado y haces lo que habías pensado.

Ahora la pelirroja está atrapada entre tu cuerpo y la pared, tus manos sujetan su cintura y vuestros alientos se entremezclan con el vaho que empieza a salir de la bañera.

Os miráis a los ojos y puedes jurar que se muere de ganas de que elimines la distancia entre las dos tanto como lo haces tú.

Pero no. Como ya has dicho, llevas demasiado tiempo esperando un acercamiento de este tipo con ella y tienes que aclarar las cosas.

-¿A qué vienes esto, Sheila? -No sabes ni cómo has podido hablar, aunque tu voz suena agitada y muy baja. Y la suya está igual.

-¿A qué te refieres?

-Todo esto. ¿Es solo por el alcohol?

-Tengo que admitir que ha ayudado un poco, pero no. Es porque quiero. Dios, te deseo tanto, Mer...

Vale, tal vez quieras algo más que una simple noche de placer pero, mierda, esa forma de morderse el labio y mirarte de arriba a abajo te está matando, así que no añades más, ya habrá tiempo para hablar, y la besas.

Y qué beso, madre mía. Los has tenido buenos pero este no se compara con ninguno anterior. Es dulce y delicado, pero cargado de sensualidad y necesidad. Es especial, como todo en ella.

Te pegas a ella todo lo que puedes, sintiendo sus manos enredarse en tu pelo, tirando de él un poco cuando una de tus manos se sitúa en la curvatura de su espalda, bajando poco a poco hasta colarse bajo su ropa interior y acariciarle la suave y tersa piel de su culo. Aprietas y ahoga un gemido contra tu boca.

Entonces decide que no va a quedarse atrás y saca las manos de tu pelo para desabrocharte el sujetador y tirarlo fuera de la bañera.

En serio, sus manos... Si antes te volvían loca ahora que han pasado a tocar zonas muchos más sensibles de tu cuerpo (tus tetas, joder, tus tetas) te das cuenta de que son un arma capaz de terminar con cualquiera. No quieres ni imaginar cómo se sentirán en otro sitio...

Vuelves a la realidad dispuesta a ir a por todas. Fuera su sujetador, caricias por un lado y por otro y estáis tumbadas sobre la fría bañera, tú sobre ella. Toda la ropa ha desaparecido así que estáis cuerpo contra cuerpo cuando bajas con tus labios sobre su piel, desde su cuello hasta su ombligo, deteniéndote en sus pechos para lamer sus pezones y endurecerlos, haciéndola jadear y retorcerse.

Sigues bajando y por fin estás donde querías.

Recorres su zona más sensible con los dedos y dobla las rodillas para facilitarte el trabajo cuando tu lengua desaparece entre sus piernas.

Dios, nunca creíste que te gustase tanto hacer eso pero tratándose de Sheila debiste suponerlo. Todo lo que tenga relación con ella te gusta y su sabor no va a ser menos.

Se derrama contra tus labios y te coge de los hombros para ponerte a su altura y poder besarte por milésima vez. Y cuando estás totalmente entregada a ese increíble y caliente beso, sus dedos delinean tu intimidad para terminar hundiéndose en ella.

Nombras a todos los dioses que conoces al sentirlos en tu interior y pierdes el control de tu garganta, la cual deja salir ruidos que no sabías que eras capaz de hacer. Porque tenías razón: sus manos son maravillosas y nunca has sentido algo parecido.

Cuando te dejas ir aún con ella dentro gritas una maldición que se habrá escuchado en toda la casa, pero te da igual quien esté. Ahora mismo no hay nada más allá de esta bañera y nadie aparte de vosotras, que os dedicáis a beber de la boca contraria como si de ella brotase el agua que os salvará de la deshidratación.

Te abraza poniendo las manos en tu espalda mientras tranquilizáis vuestras respiraciones y os calmáis un poco y tú te dejas caer a un lado de ella, descansando ambos cuerpos sobre la bañera.

Y, por más que odies romper el momento de calma, silencio y sexo que hay a vuestro alrededor, tienes que preguntar.

-¿Esto ha sido sólo sexo para ti? ¿Solo deseo?

-Sería más fácil si fuese sólo eso. Pero contigo nada es sencillo, ¿sabes?.

-¿Qué quieres decir? -Estás cruzando los dedos imaginariamente esperando que diga lo que más anhelas. Ella resopla y entonces sabes que vas por buen camino al pensar eso, porque odia hablar de sus sentimientos.

-¿En serio tengo que decirlo? -"Sí, por favor, sí". Quieres suplicar pero te quedas en silencio- ¡Está bien! Me gustas Mer. Nunca has sido una simple amiga para mí y no quiero que lo seas nunca. Yo quiero todo de ti. Quiero que seas mía y de nadie más.

Quieres saltar, gritar y decirle a todo el mundo lo que acabas de escuchar, pero solo sonríes con una estúpida antes de besarla para que sienta todo lo que sientes tú y murmurar contra sus labios:

-Ya soy tuya, princesa. Siempre lo fui y siempre lo seré.








Fin.

martes, 20 de diciembre de 2011

La noche ideal.


"Interrumpimos la programación para contarles los últimos sucesos que se han producido esta noche en Jersey.
Hace unas dos horas aproximadamente, un joven de 27 años era atropellado al salir del edificio de su pareja y cruzar la calle hacia el estacionamiento donde había dejado su coche. El chico se encuentra en estado muy crítico en el hospital sur. El conductor causante del atropello huyó después de éste, según ha informado un testigo del incidente.
De nuevo las calles de New Jersey nos demuestran lo inseguras que son.
Seguiremos investigando este terrible hecho y les mantendremos informados."

La radio del coche estaba encendida y era escuchada superficialmente por su dueño mientras miraba el vacío que se extendía ante el.

El coche estaba parado frente a un acantilado desde hacía algunas horas y el chico que estaba dentro apretaba con fuerza el volante, sin mover un solo músculo y sin desviar la mirada del frente.

Así llevaba desde que había llegado al lugar, sumergido en sus pensamientos, recordando una y otra vez lo que había ocurrido a lo largo de ese horrible día.

...
Finalmente había comprobado lo que llevaba algún tiempo sospechando: su novio, con el que llevaba saliendo tres años, le estaba engañando con alguien.

Hacía semanas, por no decir meses, que había empezado a encontrar pistas sobre ello.

Al principio lo achaco todo a su exceso de celos en cuanto a su pareja se trataba. Pero con el paso del tiempo se dio cuenta de que no eran imaginaciones suyas y algo raro pasaba.

Su novio llegaba tarde a la casa que compartían, salía a menudo con cualquier excusa, rechazando la "innecesaria" compañía del otro, su ropa olía a un perfume desconocido y su móvil estaba repleto de llamadas y mensajes de un numero que tampoco conocía.

Esas eran solo algunas de las de esas pistas, pero la respuesta la obtuvo esa misma mañana.

Como tantas otras veces, su pareja le había dicho que tenia que salir a hacer algo importante, que se quedase descansando y que volvería lo antes posible.

Pero no le hizo caso. Cuando el chico salio con la cazadora al hombro, le siguió.

Caminó distraído, sin imaginar a quien llevaba detrás, y llego a un parquecito a unas cuantas cuadras, donde se acerco a una chica que miraba hacia el lado contrario.

Al llegar por su espalda, la abrazó por la cintura asustándola, bajo la atenta mirada del chico que se escondía entre los árboles.

Ella se dio la vuelta sonriendo y se besaron en los labios con ternura, sin deshacer el abrazo.

Los ojos del otro hombre se humedecieron y sus puños se apretaron de rabia.

Pero lo peor fue cuando, minutos después y una vez sentados en un banco, el que había sido su novio por años sacaba una cajita del bolsillo del pantalón, sujetaba una mano de ella entre las suyas y le mostraba un anillo.

Ella chilló de alegría y se abalanzó sobre él, comiéndoselo a besos y siendo respondida de igual forma.

Ahí fue cuando un fuerte dolor se instauro en el pecho del observador, que recordaba las palabras que el chico le dijese un tiempo atrás:

"Lo siento, cariño, pero no creo en el matrimonio. Te amo pero no quiero casarme contigo"

Y ahora le pedía matrimonio a ella... Todo era una jodida mierda.

Salió de donde se encontraba evitando ser visto y volvió a casa, donde se sentó en el sofá dejando que pasasen las horas y su novio regresase.

...

"Les traemos nuevos datos sobre el atropello del joven. 
Fuentes cercanas nos han contado que se encontraba en el lugar para hacer publico su futuro compromiso con su novia.
La chica se encuentra destrozada por el incidente y ha tenido que ser ingresada tras sufrir un ataque de ansiedad y desmayarse cuando intentaban estabilizar al joven, cuyo estado de salud sigue en peligro.
Según fuentes policiales, el testigo describe el coche como un Volvo C70 negro y defiende que el atropello no fue accidental y que el conductor no trataba de huir tras arrollar a la victima, sino que simplemente siguió su camino a velocidad normal tras mirar el cuerpo del joven tendido en el asfalto durante unos segundos.
El suceso cada vez parece más un asesinato planeado y las fuerzas del orden centran sus esfuerzos en encontrar el coche."

Y ese coche es el que reposaba al borde del acantilado sin intención de ser conducido a ninguna parte.

Su dueño solo hacia tiempo hasta escuchar la noticia que mas deseaba oír, mientras seguía pensando en los acontecimientos del día y cómo había llegado hasta donde ahí.

...

Cerca de las 4 de la tarde el chico regresaba a casa con una sonrisa de oreja a oreja, encontrando a su novio sentando en el sofá mirando la televisión sin verla y totalmente inmóvil.

-Hola, mi amor. Al final me he retrasado más de la cuenta. Perdóname.

Caminó hasta el mueble y se sentó junto a él para besarle levemente los labios como saludo.
El otro giró su rostro hacia él con una expresión tranquila, muy diferente a cómo se sentía en realidad. No iba a decir nada, le daría una oportunidad para explicarse, si es que quería hacerlo.

-¿Dónde estuviste, que vienes tan feliz?

-Oh, en ningún sitio en especial. Estuve caminando, despejándome del estrés del trabajo. Fui al parque, me tumbé entre unos árboles y escuché música mirando el cielo. Ha sido muy, muy relajante. Necesitaba estar solo. ¿No te molesta, verdad?

-No, claro... ¿Estuviste solo todas estas horas allí?

-Ahám. Voy a comer algo. Me muero de hambre. -Le apretó el muslo con carió y se levantó para ir a la cocina.

El engañado estaba que no cabía en sí de furia. Después de lo que había visto, ahora iba a casa y hacía como si nada hubiese pasado. ¿Qué pretendía? ¿Casarse con esa y seguir saliendo con él como si tal cosa?

Él no iba a permitir eso. El chico era suyo o de nadie. No estaba dispuesto a compartirlo. Y menos a permitir que se casase cuando a él le había hecho a la idea de que no se casarían nunca.

Ahora lo entendía. ¿Cómo iba a casarse con un depresivo como él que aún tenía que hacer visitas puntuales al psicólogo pudiendo hacerlo con esa bella chica de pelo negro y enorme sonrisa?

Y fue ahí cuando una loca idea pasó por su cabeza, tal vez demasiado extremista, pero le hizo caso omiso y permaneció donde estaba, sin moverse aún, ideando un plan.

Pasó el resto de la tarde sin ningún cambio, simulando que no sabía nada y que todo iba bien, sonriendo cuando hacía falta y contestando cuando era necesario.

Hasta que se hizo de noche y su novio le avisó de que saldría de nuevo "para buscar unos papeles" que se había dejado en la discográfica en la que trabajaba de productor.

Sabiendo la verdad, el joven traicionado se decidió jurando que el otro se arrepentiría y volvió a salir tras él.

Cegado por los celos y con la ira hirviendo en su interior, le siguió en su coche a una distancia que no le delatase, resistiéndose a llorar.

En su cabeza se preguntaba una y otra vez cómo pudo engañarle de esa forma cuando se habían jurado amor incontables veces a lo largo de ese tiempo, pensando que sería para siempre.

Finalmente llegó a un edificio y aparcó en frente para después entrar y subir casi corriendo. Su seguidor esperó dentro de su coche entre las sombras, atento a todo el que saliese de allí.

La calle estaba desierta y en penumbras, exceptuando la tenue luz que daban un par de farolas al otro lado de la calle.

Esperó y esperó y una hora después, su novio salía del edificio camino al coche con el que había llegado.

"Ahora o nunca" se dijo el acechador.

Arrancó el coche y aceleró, sorprendiendo al futuro espeso en mitad de la carretera, quien no vio el coche por llevar las luces apagadas hasta que fue demasiado tarde.

Una mirada demente de color esmeralda se encontró con otra aterrorizada de color avellana. Al reconocer al conductor, su cara de espanto se transformó en una de arrepentimiento. Agachó la cabeza y gesticuló con los labios un "lo siento" sabiendo lo que venía.

Sin dejar de mirarle aceleró más el coche y, con un golpe certero todo terminó para el joven mentiroso.

Con el fuerte golpe el cuerpo voló por encima del coche y quedó tirado en el suelo detrás de éste.

El conductor frenó un poco más alante y observó por el retrovisor al chico que tanto amaba, tirado en el suelo, sin mover ni un solo hueso, ni gritar, ni pedir ayuda, ni nada.

Cuando un hombre mayor corría a socorrerle, esperando que el conductor bajase del coche como debería hacer, fue cuando arrancó de nuevo y continuó su camino como si nada hubiese pasado.

A pesar de la escasa luz, el testigo pudo apreciar el tipo de coche y el pelo largo y negro del fugitivo, que seguía su camino sin arrepentimientos.

...

Y ahí le había llevado su huída. Aunque su verdadera idea no era huir.

Sabía que le encontrarían, pero esperaba recibir la tan ansiada noticia primero. Y, entonces, la radio hizo acto de presencia otra vez.

"Nos acaban de indicar que el joven atropellado del que venimos hablando toda la noche y que ahora sabemos que se trata del gran productor musical Frank Iero, acaba de morir en el hospital debido a una gran hemorragia interna ocasionada por el golpe. Los médicos no han podido hacer nada por evitarlo.
Le enviamos nuestras condolencias a la familia y a su recién prometida y esperamos que encuentren al culpable, quien, se sospecha, podría ser un tal Gerard Way, con quien se sabe que estaba viviendo hasta ahora y al parecer mantenía una relación más allá de la amistad.
De ser así, esto sería un crimen pasional con un trágico resultado.
Ojala y este tipo de sucesos dejen de repetirse en nuestras calles."

Y esa era la noticia que llevaba esperando toda la noche.

Echó la cabeza hacia atrás, apoyándola en el reposacabezas sin soltar el volante aún, exhaló fuerte y sonrió satisfecho.

Había muerto. Frank, su Frank, había muerto y ahora pagaría en el infierno por su engaño.

Las sirenas de policía le sacaron de su ensimismamiento y por el espejo retrovisor vio las luces centelleantes de los coches. Le habían encontrado finalmente, justo a tiempo.

Gerard encendió el coche y dio marcha atrás unos metros. Llenó sus pulmones de aire y volvió a sonreír justo cuando metía una marcha y aceleraba.

La velocidad aumentaba y el barranco cada vez estaba más cerca, al igual que los coches patrulla.

Se aproximó más y más y sintió que su liberación le saludaba.

Por fin terminaría con una vida que le había obligado a deshacerse de lo único bueno que había recibido a lo largo de sus 30 años.

Adiós Frank. Adiós Gerard.

...

"Hola a todos nuestros oyentes.
Ayer os comentábamos que el famoso productor Frank Iero había muerto víctima de un atropello.
Hemos sabido finalmente que el culpable fue su amante Gerard Way, quien, después de arrollarle y cuando la policía estaba a punto de atraparle, se precipitó barranco abajo, muriendo en el acto.
Quién sabe las razones que le llevarían a obrar de esta manera..."
 
 
 
 
 
 
 
FIN