Y no porque se arrepintiesen de lo que había pasado, sino porque tremendo lío de piernas, brazos, cabezas y demás no es una forma típica de despertarse.
Gerard fue el primero en hacerlo.
Frente a él aún estaba Frank, al cual tenía abrazado desde la espalda. Detrás estaba Quinn, quien, a propósito o sin darse cuenta, había colado su erección matutina entre las nalgas del pelirrojo. Y al otro lado de Frank estaba Bert, con una pierna sobre la cintura de Frank y el pelo tapándole la cara.
Al ver la situación no puedo evitar reír por lo bajo. Intentando mover la cama lo menos posible para no molestar a los otros tres, que aún seguían durmiendo, consiguió levantarse. Rebuscó por el suelo y encontró su boxer y sólo con eso salió del cuarto.
Entró a la cocina restregándose los ojos y pensando en meterse un buen café en vena para espabilarse, cuando se encontró de frente con su hermano.
Mikey- Vaya, al fin el anfitrión se digna a aparecer.
G- Buenos días a ti también, Michael. Dime que has hecho café.
Mikey- Por supuesto. ¿Por quién me tomas? -Gerard caminó hasta la cafetera, encontrándola vacía- Pero solo para mí, claro. No soy el criado de nadie.
El mayor de los hermanos gruñó y puso a funcionar la cafetera mientras Mikey se iba al salón riendo. Le encantaba molestar a su hermano recién levantado.
Cuando por fin consiguió su taza de café recién hecho fue al salón y se dejó caer junto a su hermano en el sofá, suspirando tras darle un gran sorbo a la bebida.
G- ¿Qué pasó con los demás?
Mikey- Ray se fue pronto porque hoy tenía que trabajar o no se qué. Pete hizo muy buenas migas con ese tal James y desaparecieron después que vosotros. Y Bill y Shannon se despertaron un poco antes que tú y se fueron. No sé qué habrá sido de los demás, pero me alegro que el rubio ese, Quinn, se haya ido, porque anoche no se despegó de mí ni un momento, intentando sobarme a la menor oportunidad.
Quinn- Es que eres tan mono y tan achuchable... Dan ganas de no despegar las manos de tu cuerpo. -Quinn se había despertado ya y había estado escuchando a Mikey desde detrás del sillón, desde donde hablaba ahora.
Al escucharle Mikey se giró asustado y su cara se volvió de color rojo.
Mikey- Yo, esto... -Intentaba disculparse cuando se dio cuenta de algo, así que frunció el ceño y miró fijamente a su hermano- ¿Por qué sale del dormitorio y tan escaso de ropa como tú?
G- Verás hermanito, es que anoche nosotros... -Pero antes de poder explicarse fue interrumpido.
Mikey- ¡GERARD ARTHUR WAY LEE! No me puedo creer que le hagas eso a Frank. ¡Y menos recién salido del centro de rehabilitación! ¿Dónde está? -Le gritó. Gerard sólo le miraba como si le hubiera salido una tercera cabeza y Quinn prefería mantenerse al margen.
Pero antes de que Mikey decidiese pegar a su hermano o algo por el estilo, Frank entró en la habitación vestido con un boxer y colocándose la camiseta de Gerard.
F- ¿Por qué dais tantas voces? -Preguntó somnoliento y bostezando.
Mikey- ¿Tú también estabas en la habitación? -Se extrañó, calmando su tono de voz.
F- Claro. ¿Dónde iba a estar si no? -Caminó hasta Gerard y se sentó sobre su regazo, quitándole la taza de las manos para beber él.
Mikey- Pero Gerard y Quinn... Ellos dos estaban...
F- Ellos estaban en la habitación conmigo.
Bert- Y conmigo. -El ultimo que faltaba había despertado también- Es imposible dormir si no paráis de moveros y de gritar. -Se quejó. Fue a sentarse en el sitio libre en el sillón y el dolor de su trasero le hizo ver las estrellas- Mierda. Estas son las consecuencias de una noche loca.
Los otros tres que sabían a qué se refería se echaron a reír y Mikey se mostró más confuso aún.
Mikey- Entonces vosotros cuatro... -Hizo gestos con las manos y les miró uno por uno como asentían con la cabeza- Madre mía, no me lo puedo creer. No he conocido a personas más viciosas que vosotros.
Y con eso solo consiguió que volvieran a reír.
...
Las semanas siguientes a la fiesta Gerard y Frank los dedicaron a la mudanza para así instalarse definitivamente en su nuevo apartamento.
El pelirrojo ya tenía la mayoría de sus cosas allí, así que compraron los muebles y recogieron las de Frank.
Esa tarde se encontraban en el cuarto del menor de su antigua casa metiendo en cajas lo poco que les quedaba ya para terminar la mudanza.
Frank guardaba sus discos en una caja con cuidado de que ni se rompiesen ni se rayasen y Gerard miraba debajo de la cama por si se les había pasado algo.
Y sí que se dejaban algo; Una gran caja negra estaba allí escondida.
Metió medio cuerpo bajo la cama para alcanzarla y tiró de ella hacia afuera, colocándola sobre la cama. Se sentó al lado e intentó abrirla, pero tenía varios candados.
G- Ey, Frankie. ¿Qué es esto?
Frank dejó los discos a un lado para ver a qué se refería y sonrió de lado al descubrir la caja.
F- ¿Por qué no lo averiguas tú mismo? -Rebuscó en una cajón, sacó unas llaves y se las tiró. Gerard las cogió al vuelo y fue probando llave a llave hasta que consiguió abrir todos los candados.
Al abrir la caja sus ojos se quedaron como platos y la boca abierta.
G- No lo puedo creer... -Murmuró. Y cuando se repuso de la sorpresa preguntó, en tono divertido- ¿Has usado todo esto?
F- Pues claro. Todas y cada una de esas cosas.
G- ¿Y se puede saber por qué nunca me dijiste que tenías un arsenal de juguetitos sexuales como éste?
F- Creo que te lo comenté una vez... Cuando te enseñé una de mis películas porno caseras. Pero no te lo llegué a enseñar. -Explicó encogiéndose de hombros.
Gerard seguía cotilleando dentro de la caja, pensando ideas para utilizar todas esas cosas: Aceite para masaje, lubricantes y preservativos, todo de sabores, anillas retardantes, un dildo, un plug, esposas... Todo un sex shop en una caja, vamos.
G- ¿Para qué sirve esto? -Preguntó señalando un pequeño control remoto.
F- Mira, coge esta anilla. -Gerard sujetó lo que le daba en la mano y cuando Frank apretó un botón del mando, la anilla empezó a vibrar- Tiene varias velocidades. La puedes llevar puesta y que otra persona la controle como quiera. -Le contó con voz provocativa.
G- ¿Cuándo vamos a probar todo esto? -Gerard había cogido a Frank de la cintura y le había tirado sobre él en la cama para después besarle el cuello.
La respiración de Frank se agitó al sentir la lengua del pelirrojo contra su piel y las manos apretándole el culo para pegarle más a él.
F- Cuando acabemos la mudanza. -Un sonido lastimero escapó de la garganta de Gerard, pero no se movieron, sino que se besaron como si quisiesen sacarse el alma por la boca, moviendo sinuosamente las caderas para rozarse.
Y cuando mejor se estaba poniendo la cosa, la puerta se abrió y Linda apareció por ella.
Linda- Chicos ya está... Oh, perdón, lo siento. -Se disculpó, avergonzada al verles- Creo que estoy teniendo un deja vù. En fin, sólo venía a deciros que el coche está listo, todas las cajas están dentro ya. -Y salió, cerrando la puerta tras ella.
G- No me lo puedo creer. ¿Por qué tu madre siempre nos pilla en alguna situación comprometida? -Preguntó riendo y sentándose en la cama, aún con Frank sobre sus piernas.
F- Creo que tiene una especie de radar o algo así... ¿Nos vamos? -Se puso de pie, cogiendo la caja de los discos mientras Gerard cogía la recién descubierta y continuaron con la mudanza.
G- Espero que terminemos pronto con esto para que podamos usar todas esas cosas. -Resopló antes de salir.
...
G- Oye, Frank.
Gerard salía del dormitorio, recién levantado. El pelo rojo cayendo despeinado sobre sus ojos, el torso al aire y solo un boxer cubriendo su cuerpo.
Frank ya llevaba un rato despierto y preparaba el desayuno en la cocina. En su caso, vestido únicamente con un pantalón de pijama que le quedaba grande y dejaba ver los huesos de su cadera y la línea de vello que bajaba desde su ombligo y se perdía bajo la tela.
Al escuchar que le llamaba se giró y no pudo evitar sonreír al recorrerle de arriba a bajo con la mirada.
F- ¿Estás contento o es que te alegras de verme? -Preguntó con la vista fija en el más que marcado bulto dentro de su ropa interior. Sin darse cuenta se estaba relamiendo los labios.
Gerard sonrió interiormente. Ese último gesto no se le había pasado por alto, lo que le convencía de que su propósito no iba a ser rechazado.
G- Las dos cosas. Dime, ¿qué día es hoy? -Preguntó fingiendo desinterés.
F- Sábado. ¿Por qué? -El pelirrojo se encogió de hombros.
G- ¿Y qué hora es? -Extrañado por tanta pregunta sin sentido, el menor arrugó la frente y miró su reloj.
F- Las 10:20 de la mañana.
G- Muy bien. Pues recuérdalo porque desde este mismo momento hasta mañana domingo a las 10:20 de la mañana, serás mi esclavo. ¿No creerías que se me iba a olvidar? -Frank ronroneó ante el cambio de tono del pelirrojo y sonrió de medio lado.
F- Está bien... AMO. -Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Gerard ante ese apelativo- ¿Qué desea que haga? -Gerard se recompuso como pudo y, con voz firme dijo:
G- Te quiero desnudo y de rodillas comiéndome la polla. Mira cómo estoy por tu culpa. Te metes en mis sueños y me despierto más duro que una piedra.
Frank no dijo nada más. Sólo sonrió con picardía y empezó a quitarse el pantalón. Serían unas 24 horas muy interesantes.
Y eso era justamente lo que pensaba Gerard al ver cómo Frank se arrodillaba frente a él sin dejar de mirarle a los ojos y le bajaba el boxer lo justo para dejar libre su erección.
Tener 24 horas a Frank Iero a su entera disposición era un regalo que no iba a desperdiciar. Recién empezaba el día y ya tenía la cabeza llena de ideas para disfrutar hasta el último segundo.
Además, por fin habían terminado con el traslado al nuevo apartamento y podrían utilizar todos los juguetitos de esa caja tan especial.
Antes de darse cuenta, Frank ya tenía los labios alrededor de la punta de su polla y succionaba como si pretendiese sacar algo de ahí. Lo cual terminaría consiguiendo en un tiempo absolutamente ridículo para Gerard si no paraba de masajear sus pelotas a la vez.
El pelirrojo gemía sin control, pero es que Frank era un verdadero experto dando mamadas y sabía dónde y cuando lamerle para llevarlo al borde y regresarlo y así hacerle sufrir un poco más.
G- Mierdajodermierda. -Murmuró cuando se notó a punto de correrse. Pero no quería acabar tan pronto, así que apretó sus propios dedos alrededor de la base de su polla para evitarlo- Ponte de pie. -Le ordenó.
Frank se incorporó relamiéndose los labios y los dedos, con restos de preseminal. El pelirrojo tuvo que cerrar los ojos. Si le seguía viendo no habría vuelta atrás.
Con la mano libre le llevó hasta la encimera y le colocó de cara a ella, levantándole una pierna para que la pusiese sobre el frío mármol y así dejar su culo a su total disposición.
Le dio una cachetadas en esas nalgas tan respingonas, provocándole gemidos, y se las separó para ver su entrada, que se contraía de anticipación.
G- No te voy a preparar. Tu culo ya está más que acostumbrado a mi polla y con tu saliva tendremos suficiente. -Susurró en su oído. Y sin más empezó a meterse en él, pese a todo, con cuidado de no dañarle- Te gusta, ¿verdad? Querrías tenerme dentro de ti todo el día, ¿a que sí? Partiéndote en dos, una y otra vez. -La única respuesta de Frank fue un gruñido- Vamos, precioso. Córrete para mí y apriétame hasta exprimirme la última gota.
Y eso fue lo que hizo. Un par de caricias le sirvieron para correrse contra el mueble y tensar todos los músculos de su cuerpo, logrando que Gerard se dejase llevar también.
Agotado se desplomó sobre la encimera y el pelirrojo sobre su espalda, respirando entrecortadamente. Dejó unos besos sobre su piel, lamiendo las pequeñas gotas de sudor.
G- Eres genial. -Murmuró contra su piel- Ven, vamos a la ducha.
Tras un relajante baño y algo de picoteo como desayuno, se tiraron en el sillón, uno junto al otro, viendo la televisión.
F- ¿Qué tienes pensado para hoy... amo?
G- Uh, ya lo irás viendo. De momento, ahora que sacas el tema, te explicaré algunas cosas que tendrás que cumplir como buen esclavo que eres. -Le contó, dándole un pequeño beso en los labios- Primero: Todo el tiempo que estemos en casa, tendrás que estar desnudo. Así que ya sabes qué hacer. -Le dirigió una mirada a la escasa ropa que se había puesto tras la ducha y Frank se puso en pie para quitársela y quedar como le había dicho- Bien. Segundo: Cuando salgamos, no llevarás ropa interior, así tendré menos impedimentos para tocarte siempre que me apetezca. -Y sus palabras fueron acompañadas de una ligera caricia sobre su polla, que ahora descansaba, pero empezaba a ponerse dura- ¿Entendido?
Frank asintió con la cabeza, jadeando al sentir un nuevo apretón, y Gerard retiró su mano.
G- Colócate boca abajo, anda. Te voy a dar un regalo por lo bien que te has portado antes.
Al tenerle como quería, se inclinó sobre él y empezó a besarle la nuca, paseando su lengua por cada centímetro de piel, bajando por su espalda hasta llegar a su espalda baja.
Cuando su barbilla chocó contra sus nalgas, las mordió, primero una y luego la otra, dejando sus dientes marcadas, sonriendo al escuchar una maldición de boca de Frank. Siguió bajando, separándolas con las manos todo lo que podía, y rozó con su nariz la línea que las unía, hasta llegar a sus testículos y volver a subir, esta vez acariciando con la punta de la lengua.
Centró los movimientos de su juguetona lengua en su entrada, penetrándola con ella y calentándose solo con escuchar todos los sonidos que Frank dejaba escapar. Pero es que esos ruiditos serían capaces de llevar al orgasmo a cualquiera.
Y así fue. Sin llegar a tocarse, solo de la fricción con la tela de su boxer, se corrió, justo cuando las paredes internas de Frank apretaban su lengua, síntoma de que también había alcanzado el orgasmo.
F- Joderrrrrrr... -Fue su último grito, apoyando su cabeza en el reposabrazos del que se había estado sujetando y arqueando la espalda- ¿Pretendes matarme hoy?
G- Sí. A base de orgasmos. -Respondió con una risilla- Mierda, tendremos que lavarnos otra vez.
...
F- Ha llamado Pete. Nos invita a comer con él y con James. Aún no puedo creerme que esos dos se hayan liado.
G- ¿No será que estás celoso? -Preguntó con el ceño fruncido.
F- ¿Por qué iba a estarlo? -Gerard se encogió de hombros.
G- Siempre pensé que tenías un rollito raro con Pete. Sois muy apegados... Pero recuerda que ESTO -Apretó con fuerza entre sus dedos la polla de Frank, que estaba desnudo tal y como el pelirrojo le había dicho- es sólo mío. TÚ entero eres mío.
F- Lo sé. Igual que tú eres solo mío.
Gerard sonrió mostrando todos sus dientes y le abrazó para darle un suave beso en los labios.
G- Pues ya tenemos planes para hoy.
...
Una vez arreglados y listos para salir y encontrarse con sus amigos en el restaurante, Gerard detuvo a Frank antes de salir de casa.
G- Espera, ven aquí un momento. -Le abrazó por la cintura y coló una mano bajo su pantalón, descubriendo gustoso que no llevaba ropa interior, que había cumplido sus "órdenes"- Qué buen esclavo eres. -Murmuró en su oído antes de morderle la oreja- Antes de irnos quiero que te pongas una cosa.
Se alejó de él, dejándole expectante, y cogió una pequeña mochila que había sobre una mesa y sacó algo de ella.
Al volver hasta Frank, le desabrochó el pantalón sin decir nada, cogió su polla y lo deslizó alrededor de ella hasta dejarlo enganchado bajo sus huevos. Le colocó el paquete y cerró el pantalón.
G- No puedes quitártelo hasta que yo lo diga.
Frank aceptó sin saber exactamente qué era, pues no lo había visto muy bien mientras se lo ponía.
F- ¿Qué llevas ahí? -Preguntó, señalando la mochila.
G- Cosas. -Fue su única respuesta, unida a una sonrisa prometedora.
Y por fin salieron de casa.
...
James- Hola chicos. Por fin llegáis. -Les saludó cuando se encontraron en la puerta del restaurante donde esperaban fumándose un cigarro.
Pete- Seguro que se han entretenido haciendo guarrerías por el camino.
F- Pero qué bien nos conoces, cariño. -Bromeó. Se acercó a él después de saludar a James y le dejó un casto beso sobre los labios.
Gerard, que miraba desde un lado de James, al verle darle ese beso, apretó el botón de un mando que llevaba en el bolsillo.
Justo entonces, su novio sintió una extraña vibración dentro de su pantalón, lo que le hizo jadear un poco, aún cerca de los labios de su amigo.
Pete- ¿Qué te ocurre, Frankie? ¿Estás bien?
Frank miró a Gerard, que le devolvía la mirada con un fingido gesto de inocencia que nadie, y menos él, se creerían. Entrecerró los ojos y contestó.
F- Todo perfecto. ¿Entramos?
El restaurante era pequeñito pero bastante concurrido, por lo que habían reservado una mesa para los cuatro. James y Pete se sentaron uno junto al otro en un lado y Frank y Gerard en el otro.
Mientras miraban la carta y hablaban de trivialidades, Gerard volvió a apretar el botón del mando, esta vez unos segundos más, logrando que Frank dejase caer el menú que tenía en las manos.
Y eso se repitió varias veces a lo largo del primer plato.
F- Gerard, joder, ¿se puede saber qué haces? -Le preguntó en voz baja para que los otros no le escuchasen. Acababan de llevarles el segundo plato y, al mirar más de la cuenta al camarero, la anilla había empezado a vibrar con insistencia.
G- ¿Yo? Nada. -Respondió haciéndose el desentendido- Desabróchate el pantalón.
F- ¿Qué? ¡No! -Miraba continuamente a los otros dos con miedo de que se diesen cuenta de lo que estaba pasando, pero estaban muy entretenidos dándose de comer uno al otro y besándose entre medias como para prestarles demasiada atención.
G- Vamos, es sólo para comprobar una cosa. Además, es una orden. -Añadió con tono serio y profundo.
Frank miró una vez más a sus amigos y llevó la mano izquierda bajo la mesa para abrir el pantalón.
Al hacerlo, su polla se vio liberada al fin, golpeando con el movimiento su estómago y haciéndole suspirar.
Volvió a dejar sus manos sobre la mesa y se llevó un pedazo de su comida a la boca para disimular.
Gerard dejó su mano derecha sujetando el tenedor y llevó la izquierda debajo de la mesa hasta dejarla en el muslo de su novio. Le acarició distraídamente y fue subiendo hasta llegar donde quería.
Ahí se dio cuenta de que Frank estaba imposiblemente duro, tal como esperaba.
G- Dios, estás tan duro que tiene que doler. -Susurró- Sabía que te gustaría. Y que estén ellos y puedan descubrirnos solo te pone más caliente aún. -Hizo una pausa, aspirando una bocanada de aire- Quiero follarte ahora mismo.
Frank no dijo nada. Él quería lo mismo. Tanta vibración le tenía al límite, pero no podía terminar solo con eso, así que llevaba casi una hora más duro que en toda su puta vida.
Al sentir que la mano del pelirrojo abandonada esa zona tan necesitada dejó escapar un sonido lastimero que hizo sonreír a Gerard.
G- Abróchate. -Tras decir eso volvió a dirigir su atención a los otros dos y sacó conversación como si nada hubiese pasado.
Pero cuando estaban por terminar y pedir el postre, volvió a hacer vibrar la anilla de Frank, quien soltó el tenedor sin querer, golpeando el plato con un fuerte ruido, llamando la atención de sus acompañantes.
James- ¿Seguro que estás bien? Tienes la cara roja. Parece que tengas fiebre. -Frank no contestó porque la anilla seguía vibrando y si habría la boca solo podría llorar de frustración.
G- Le voy a acompañar al baño a que se eche agua, a ver si se le pasa, ¿vale? -Les informó en tono preocupado- Id pidiendo el postre, enseguida volvemos.
Dicho eso, se levantó, cogiendo su mochila, y ayudó a Frank a levantarse, ya que le temblaban las piernas.
Nada más traspasar la puerta del baño, Frank se apoyó contra la pared, cerrando los ojos con fuerza, y Gerard cerró el pestillo para que nadie les molestase.
G- No tenemos mucho tiempo. Bájate el pantalón.
F- Mierda, Gee, me estás matando. ¡Necesito correrme ya! Por favor... -Rogó. Se bajó el pantalón, dándole una excelente vista al pelirrojo que su tiesa polla, y enseguida se dio la vuelta, apoyando la frente contra la pared y sacando el culo, invitando (o más bien implorando) a Gerard que le follase de una vez.
G- Me encanta verte tan desesperado por mí. -Suspiró malicioso, aproximándose. Acarició sus muslos con una mano mientras removía su ropa lo justo para poder sacar su polla- Pero yo estoy igual por ti. -Le susurró al oído, restregándose contra su culo y desesperándole más.
F- Ostia puta. ¡Hazlo ya!
G- Ay, pero que impaciente eres. -Y sin más le penetró de una fuerte estocada. Frank gimió como un loco al sentirse lleno por fin y le incitó a moverse moviendo el sus caderas. Pero cuando fue a llevar una de sus manos hasta su entrepierna, Gerard le paró- No, no. Vamos a hacer una cosa. Lograré que te corras solo con la anilla y con mi polla dentro de ti. No puedes tocarte.
Y Frank lloriqueó por milésima vez esa tarde y más al sentir que Gerard apresaba sus manos a su espalda, imposibilitándole cualquier movimiento.
Aún así, solo le hicieron falta un par de roces en su próstata y la sensación de la anilla para tener un brutal orgasmo que le hizo ver luces de colores.
Poco después sintió a Gerard terminar en su interior y su aliento rozando su mejilla cuando apoyó la cabeza en su hombro.
F- Eres un hijo de puta. -Gruñó cuando por fin pudo hablar, haciéndole reír entre dientes- ¿Puedes salir de mí para que me vista?
G- Oh, claro. Es que se está tan a gusto... Pero espera un momento. -Como pudo, y aún dentro de él, logró coger su mochila y sacó un pequeño dildo. Sacó su polla ya medio flácida y rápidamente le colocó el juguetito.
F- Ahhh... ¿Qué haces?
G- Quiero que mantengas mi corrida dentro de ti hasta que lleguemos a casa. -Le dijo, mordiéndole el cuello y dejando una pequeña marca rojiza- A cambio, te quito esto. -Apagó la anilla y se la quitó.
F- Ash. Te odio. -Refunfuñó, colocándose la ropa. Al agacharse sobre el lavamanos para limpiarse y echarse agua fría en la cara, notó el aparatito moverse y sintió un escalofrío.
G- Me amas. Y te encantan esas cosas. -Le abrazó por detrás, sonriéndole a través del espejo. Frank rodó los ojos y se deshizo de su abrazo para salir del baño y volver a la mesa, con el pelirrojo detrás.
Pete- ¿Estás mejor? -Le preguntó en cuento le vieron acercarse.
F- Sí. Sólo estaba un poco mareado. -Al sentarse, el dilde se metió un poco más adentro, por lo que gruñó, intentando disimular un gemido.
Pete y James le miraron extrañados y más a ver la cara de diversión del pelirrojo.
Algo raro pasaba, pero preferían no preguntar. Tratándose de esos dos podía ser cualquier cosa.
...
G- Cariño, sabes lo que tienes que hacer, ¿verdad?
Eran más de las 8 de la tarde cuando llegaban a casa por fin.
Al final la comida se había alargado y después habían paseado por las calles hasta acabar en un café charlando y riendo. Pasando un buen rato.
Aunque uno de ellos estuvo toda la tarde un poco distraído.
Frank no podía pasar por alto que tenía un dildo metido en el culo y al mínimo movimiento que hacía, éste se movía y le hacía ver las estrellas. No de dolor, ni mucho menos, sino todo lo contrario.
Pasó toda la tarde jodidamente duro, frustrado. Deseando llegar a casa, quitarse la cosa esa y cambiarla por la polla de Gerard. Disfrutar, gritar, pajearse y correrse de una puta vez.
Y por fin estaban ahí.
G- Ropa fuera, princesa.
Frank se quitó la ropa ahí mismo, en el recibidor, tirándola en cualquier parte. Y enseguida en su boca había dos lenguas, y una no era suya.
El pelirrojo le besó feroz, como si hubiesen pasado años desde la última vez. Dejó que una mano vagase por ese cuerpo que tan bien conocía y con la otra sujetó el dildo para que no se saliese con el movimiento.
La respiración de Frank se aceleró al ver que por fin iba a tener lo que quería. Sus brazos se movieron solos hasta rodear el cuello del mayor, profundizando el contacto todo lo posible.
G- Sube. -Murmuró contra su cuello.
Frank dio un salto y enlazó sus piernas en la cintura de Gerard, que le cargó hasta la habitación sin dejar de besar y morder cada trozo de piel al que llegaba.
Ya en el cuarto, le dejó suavemente sobre la cama y descendió con sus labios a lo largo del pecho contrario, deteniéndose un poco en los erectos pezones, a los cuales les regaló un par de mordiscos. Siguió bajando, sus manos acariciando los muslos que temblaban de anticipación. Y por fin llegó donde Frank le quería.
Su experta lengua revoloteó sobre el glande y Frank arqueó su espalda tanto que parecía imposible. Bajó hasta la base y Frank cerró los ojos y abrió sus piernas todo lo que pudo. Y le tragó entero y Frank se había convertido en una masa temblorosa que decía cosas sin sentido.
Pero, de nuevo, Gerard le dejó a medias.
Se alejó, le besó suavemente en los labios, y habló.
G- Ponte en cuatro. Vamos a ver qué tal sigue mi leche. -Comentó como si fuese lo más normal del mundo. Lascivia y deseo tiñendo cada palabra mientras quitaba con cuidado el dildo- Dios, deberías verlo. Es tan caliente pensar que mi corrida lleva toda la tarde metida en tu culo. -Acercó un par de dos y los introdujo en esa entrada totalmente abierta y preparada para él- Será un lubricante perfecto. -Sacó con sus dedos todo lo que pudo de esa sustancia blanquecina y cubrió su erección con ella, masajeándola un par de veces para evitar correrse en la primera embestida.
G- ¿Estás listo? -Preguntó, dando húmedos besos en su espalda hasta quedar pegado a él, pecho con espalda, y besar su mejilla.
F- Dios, sí. Si no lo haces ya, te mato. -Gruñó/jadeó/gimoteó. Ya no sabía ni lo que hacía.
El pelirrojo sonrió de lado, pero no se movió.
G- ¿Qué forma es esa de tratarme, esclavo? -Le dio una nalgada que resonó en el cuarto, unida al gemido de Frank- ¿Cómo se dice?
F- Sí, AMO, por favor. Fólleme ya. -Pidió. Y otro escalofrío recorrió al pelirrojo al escucharle, igual que en la mañana.
Sin más dilación, le penetró hasta el fondo.
Pasión, sudor y gemidos fue todo lo que hubo en la habitación hasta que llegaron al momento cúlmine, un orgasmo que les quemó desde los dedos de los pies hasta el último pelo de su cabeza.
Se dejaron caer sobre el colchón, uno junto al otro, y se durmieron todavía unidos.
Pero a quién le importa eso si lo único que quieres es descansar después de tanta actividad.
...
Y realmente estaban cansados, porque no volvieron a despertarse hasta la mañana siguiente, cuando el rugido de sus estómagos les hizo darse cuenta de que ni si quiera había cenado.
Gerard se despertó con un brazo alrededor de Frank, que estaba boca abajo, con las manos bajo la almohada.
Se quedó un rato observándole.
F- No me mires así. No puedo dormir si no dejas de mirarme. -Murmuró contra la almohada.
G- Lo siento. Es que me encanta hacerlo. -Se disculpó, besándole el hombro más cercano.
F- ¿Qué hora es?
G- Las 10:40. Tu día de esclavo ha terminado.
F- Aham... Joder, me muero de hambre. -Se quejó, estirándose.
G- Entonces vamos a desayunar.
Frank asintió e intentó darse la vuelta en la cama, pero al sentarse un fuerte dolor apareció en su trasero, haciéndole caer de espaldas.
G- ¿Qué te pasa? ¿Estás bien?
F- Sí, es sólo... Auch. Me duele el culo. No puedes follarme tantas veces un mismo día de forma tan desesperada, ¿sabes? -Se quejó.
G- Ayer no parecías estar en contra. Eres un esclavo fantástico. -Dijo burlón, por lo que el otro le sacó la lengua como un crío- Lo siento. Para compensarte te traeré el desayuno a la cama, ¿te parece bien?
Frank asintió con una sonrisa brillante, por la que se ganó un beso.
Así, Gerard hizo el desayuno para los dos y lo llevó en una bandeja a la cama, donde comieron uno junto al otro hasta sentirse llenos, dejar la bandeja a un lado y recostarse otro rato.
Más tarde, el pelirrojo preparó una bañera con agua caliente y aceites, colocó velas por todas partes y llevó a Frank en brazos hasta allí para darse juntos un relajante baño y terminar de reponerse del increíble sábado que habían pasado como amo y esclavo.
A ver, al principio, lo de Mikey y el café ha sido la hostia XDD Qué mono es este chaval :3
ResponderEliminarA lo largo del capítulo hay unas cuantas pasadas así que me hacen reír. En este y en la mayoría de los capítulos. Siempre que leo algo así, que me hace reír pienso: Dios, qué maja. Y es que tiene que ser la hostia estar un rato contigo, tiene que ser muy divertido.
La esclavitud... ¿Qué decir? Gerard es un capullo. Yo no aguantaría con un dildo metido en el culo todo el día... Normal que le doliera a la mañana siguiente XDD Y lo de la anilla también fue muy cruel.
En fin, todo muy hot. Lo de guardar el semen en el culo de Frank fue un poco: WTF? ._. Perverso, ya sabes XDD Pero bueno, son ellos. Y no puedo evitar pensar que en cierto modo es muy romántico todo. Porque sí, son unos degenerados adictos al sexo, pero lo hacen todo con una ternura y se quieren tanto... Monísimos.
No entendí muy bien que Frank saludara a Pete con un beso, yo también le habría dado al botón si fuera Gee. Me habría puesto celosísima. Supongo que Frank lo hacía para molestar a Gerard y tú lo colaste ahí para que Gee tuviera escusa para darle calambres al enano... Aunque no necesita motivos XDD
En fin, que me encanta. Y han habido partes que he dicho: Voy a correrme.
XDDDDDD