sábado, 9 de marzo de 2013

Ella.







Al despertar es lo primero que ves.

Está tumbada junto a ti, el pelo tapándole los ojos, su pecho subiendo y bajando al ritmo de su respiración, esa respiración que te tranquiliza y adormece cada noche cuando te metes en la cama.

No puedes dejar de mirarla, como cada mañana que despiertas antes que ella. Nunca te cansarías de hacerlo y agradeces al universo que vuestros caminos se cruzasen aquel día, porque tu vida sin ella no sería lo mismo.

Hace un ruidito gracioso con la nariz y ríes en bajo para no despertarla, pero aun así su suelo se rompe y sus ojos empiezan a abrirse lentamente.

Cuando finalmente te enfoca, sonríe y cierra los ojos de nuevo.

La abrazas y suspiras feliz, sintiendo sus brazos alrededor de tu cintura y no puedes evitar apretarla contra ti y suspirar una vez más.

No puede ser nadie más, tiene que ser ella. No creíste que pudieras sentir algo tan fuerte por una persona, pero así es, y es por ella y nada más que por ella.

Janna.   

Acercas tu boca a su oído y susurras, como cada mañana antes de empezar el día.

-Te quiero.

La vida es difícil, pero cuesta menos si la tienes a tu lado. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario