viernes, 27 de julio de 2012

Últimos caps de Obsesionados con el Sexo - Epílogo



EPÍLOGO


G- Dime que esto no está pasando. -Rogó en un susurro a su pareja.


F- Otra vez con lo mismo. -Resopló, frustrado por la actitud del pelinegro- Hazte a la idea. Se va.


G- No, en serio, Frank. Dime que esto es una pesadilla. -Dirigió una mirada al joven trajeado que esperaba nervioso a unos metros de ellos.


F- Aggg. Me sacas de quicio, Arthur. Ahora tengo que irme. ¿Me prometes que si te dejo aquí solo no harás nada de lo que luego te arrepientas?


G- Te aseguro que si hago lo que deseo no me arrepentiré nunca. -Respondió, tozudo. Frank se pasó una mano por la cara y el pelo y resopló de nuevo.


F- Tú lo has querido. ¡Mikey! Ven un momento, por favor. -Le llamó al verle unas filas más atrás- ¿Puedes quedarte a vigilar a tu hermano hasta que yo vuelva?


G- ¡Eh! ¡No soy un crío que necesite vigilancia! -Cruzándose de brazos.


F- Pues te comportas como uno.


Mikey- No te preocupes, Frankie. Yo le vigilo. Ahora vete antes de que el chaval se vuelva loco esperando. -Bromeó, mirando al chico de traje, que se apretaba las manos.


F- Sí, pobrecillo. -Gerard gruñó y Frank se acercó a él para hablarle al oído- Si no te comportas como debes, te quedas sin sexo un mes. -El tono frío y autoritario le hizo comprender al pelinegro que iba en serio. También le mandó descargas directas a su entrepierna, pero eso no viene al caso.


Frank dejó al hermano de su marido al cuidado de éste y salió hasta donde ya le esperaban.


No pudo evitar quedarse mirándola con cierto aire nostálgico, dándose cuenta de qué rápido había pasado el tiempo. Cuando ella le miró, pudo verle sus ojos brillantes de lágrimas contenidas.


F- Estás preciosa, pequeña.


H- Gracias, mamá. Pero ya no soy pequeña. Tengo 24 años. -Sonrió, dándole un fuerte abrazo.


F- Siempre serás nuestra pequeña, aunque ya no estés con nosotros. -Un lágrima corrió por la mejilla de Frank y Helena la limpió con su mano.


H- No llores o lloraré yo también y se me correrá el maquillaje.


F- Lo siento, cariño. Ya está. -Se repuso como pudo, estirándose la chaqueta del traje y dobló el brazo para que su hija se agarrase a él.


H- ¿Qué tal está papá?


F- Haciéndose a la idea, ya sabes. -Rió- ¿Estás lista?


Helena cogió aire, cerró los ojos y lo soltó poco a poco.


H- Sí.


Un último beso en la mejilla de su hija justo cuando la música nupcial empezaba a sonar.


Caminaron a paso lento a lo largo del pasillo de la iglesia, sonriendo a los invitados, hasta que el padre dejó a su hija junto al que sería su marido y volvió junto a Gerard, que miraba la escena entre emocionado, triste y enfadado, con los ojos repletos de lágrimas sin derramar.


G- Está preciosa.


F- Pues claro. Es nuestra hija, ¿qué esperabas? -Bromeó para aligerar el estado de su pareja y enlazó sus manos para el resto de ceremonia.


...


G- Todavía estás a tiempo. Sólo dímelo y les distraigo a todos para que puedas huir. -Le susurró a su hija al oído, una vez concluida la ceremonia y la celebración. Se estaban despidiendo para que los recién casados se fuesen de luna de miel.


H- Papá, no empieces otra vez. -Le advirtió.


G- Es verdad, lo siento. Pero no sabes cuánto me cuesta pensar que te nos vas de casa para empezar una nueva vida con tu marido. -Miró hacia la derecha, donde Frank hablaba feliz con el chico.


H- Brian me cuidará bien. Siempre lo ha hecho, ¿no? -Acarició el rostro de su padre y le besó en la mejilla.


G- Tienes razón. Me alegro de que le hayas elegido a él.


H- Tampoco había mucho donde elegir... -Bromeó, refiriéndose a su pequeño grupo de amigos. Gerard rió con ella justo cuando Frank y Brian se acercaban a ellos, lo que hizo que endureciese el gesto.


Se acercó a Brian para hablarle fijamente.


G- Te llevas lo más importante que tenemos. Más te vale cuidarla y protegerla o te las verás conmigo. -Frank rodó los ojos a su lado y negó con la cabeza.


Brian- La protegeré con mi vida si hace falta, ya lo sabes. -Le tendió la mano para estrechársela en despedida pero, tras dudar unos segundos, Gerard abrió los brazos para abrazarle.


G- Eres de la familia ahora. -Le dijo antes de soltar el abrazo ante las cálidas miradas de su marido y su hija.


H- Bueno, nosotros nos vamos ya. -Dijo, cogiendo a su marido de la mano.


F- Llamadnos cuando lleguéis. -Asintieron y, con una última sonrisa, subieron al coche que les esperaba.


Gerard y Frank se quedaron mirando el coche hasta que este desapareció.


F- ¿Cómo estás? -le preguntó, al notarle perdido en sus pensamientos. El pelinegro tardó en reaccionar y cuando lo hizo su reacción pilló desprevenido al menor.


G- Tengo que hacer algo, no puede llevársela. -Echó a andar hacia su propio coche con intención de seguirla.


F- Oh, mierda, ya vale de tonterías. -Riendo, le cogió de la mano y tiró hacia él hasta dejarle los brazos alrededor del cuello y besarle con las ganas que había reprimido desde que le vio con el traje puesto.


...


G- Se ve tan vacío el apartamento ahora que no está Helena... -Suspiró mientras dejaba la chaqueta del traje sobre el sillón.


F- Sí. Es raro no ver sus cosas tiradas por todas partes. -Rió con Gerard- Lo bueno es que ya no tendremos que andar con cuidado por la casa. Podremos hacer lo que nos de la gana.


G- Como lleva haciendo ella desde los 15 años. -Resopló. Frank soltó una carcajada al recordar.


F- ¿Te acuerdas de aquel día que...


G- Sí. Lo recuerdo perfectamente. -Le cortó.


-Flashback-


F- Gee. Gee. Hazlo ya. Chúpamela ya, joder. -Gimoteaba.


Estaban los dos solos en casa, exactamente en la terraza, e iban de camino a pasarla realmente bien con una buena sesión de sexo al aire libre.


Gerard sonrió de lado y, justo cuando iba a meter la polla de Frank en su boca, escucharon un golpe en la planta de abajo.


G- ¿Qué ha sido eso? -Preguntó, incorporándose. Frank, en medio de su estupor, no había escuchado nada.


F- No ha sonado nada. Vamos, sigue con lo que hacías.


G- No, no. Ha sonado algo. Vamos.


Se puso de pie y caminó hasta la puerta de la terraza para bajar las escaleras que daban al apartamento, seguido de un Frank enfadado que iba colocándose la ropa.


F- Te digo que no ha sido nada. Habrá sido tu imaginación. -Repitió al final de la escalera.


G- Calla. Oigo voces.


-Mierda, lo hemos roto. Tus padres nos matan. -Se escuchó una voz preocupada.


H- Tranquilo. No están aquí. Les diré que ha sido Sweet Pea. -La voz se su hija se escuchaba amortiguada, acompañada de sonidos húmedos de succión.


Gerard y Frank se miraron. El pelinegro intentó avanzar un poco más para ver con quién estaba su pequeña, dispuesto a arrancarle las pelotas y echarle de casa, pero Frank le detuvo.


-¿Y si vienen antes de tiempo y nos pillan? Tu padre me mata. -Murmuró asustado.


H- Te lo repito. No van a venir. Y si vienen, mamá me cubrirá. -Más ruidos de besos- Lo que vamos a hacer ahora es follar como locos y vas a olvidarte de todo lo demás, ¿vale, rubito?


Los ojos de Gerard se abrieron como platos al escuchar eso de la boca de su hijita mimada. No podía ser. Era su nena, su pequeña, su niña. No podía estar hablando de follar. ¡Tenía 15 años!


-Joder, sí. Vamos a follar. Vamos a tu cuarto.


La voz desesperada del chico consiguió que el interior del pelinegro hirviese de furia.


Con un tirón se escapó del agarre de Frank y consiguió avanzar hasta el comienzo del pasillo donde se encontró con la cara de Helena escondida en el cuello de, nada más y nada menos, Brian.


Él lo sabía. Lo supo el primer día que le vio. Ese chico rubio pervertiría a su hija y él no iba a permitir que le robase la virginidad a su hija.


Lo que no sabía era que su hija hacía tiempo que había dejado de ser virgen. Exactamente desde el día que a Brian y a ella les dio por experimentar, lo cual acabó unas semanas después con un más que cantado noviazgo.


Ya tenía la boca abierta para gritar cuando la mano de Frank le hizo de mordaza impidiéndoselo. Tuvo que usar toda su fuerza y sus tácticas más sucias para arrastrar al pelinegro de nuevo a la terraza, tumbarle en una tumbona y tranquilizarle.


-Fin del flashback-


Frank sonrió al ver el gesto en el rostro de Gerard al recordar ese momento, así que decidió hacerle olvidar como mejor sabía. Cambió su anterior tono divertido a uno más sexual.


F- ¿Sabes? Te has portado muy bien al final. -Comentó, acercándosele peligrosamente.


G- Si, ¿verdad? Era mucho lo que me jugaba. -Se giró hacia él y le pasó los brazos por la cintura. Toda melancolía y tristeza olvidada por el momento- ¿Cuál es mi premio por buen comportamiento?


Las manos de Frank se pasearon por el cuello del mayo, enredándose en su cabello y volviendo hacia adelante hasta llegar a la corbata, la cual fue aflojando poco a poco, sin hablar y mirando todo el rato sus propias manos. Los dientes mordiendo su labio inferior.


Cuando la aflojó lo suficiente, le sacó la corbata al pelinegro por la cabeza y le empujó contra la pared.


F- Creo que ya sabes cual es tu premio. -Susurró contra su boca. Sus ojos vagando desde los labios hasta la mirada esmeralda.


Gerard no lo soportó y se inclinó un poco para besarle fuerte y profundo. Mordiendo y lamiendo todo a su paso. Perdiendo su lengua en la boca de su pareja, donde encontró una igual, pero más juguetona todavía.


Tan sumido estaba en ese beso, que no notó de cuándo Frank había cogido sus manos, llevándolas sobre su cabeza.


Cuando intentó moverlas, se dio cuenta de que estaban unidas con algo. Las bajó, haciendo que Frank se separase un poco con una sonrisa traviesa que el mayor no vio, y descubrió su corbata atada alrededor de sus muñecas. Un buen nudo del que no pudo deshacerse por más que lo intentó.


G- Frank, quítame esto. AHORA. -Su tono de voz autoritario no le asustó lo más mínimo.


F- No, me gusta que estés así. Y a ti también te gusta, ambos lo sabemos. -Susurró, desabrochando su camisa sin perder tiempo para dedicarse a morder los sabrosos pezones de su pareja y hundirlos con la lengua.


Jugueteó un rato en la zona, sintiendo la respiración atascada de Gerard y siguió bajando, acariciando con la lengua, humedeciendo, follándose su ombligo y riendo con los movimientos involuntarios de cadera del pelinegro buscando alivio para su necesitada erección.


F- No tengas prisa. -Ronroneó, sujetando su cadera con una mano. La otra apretándole una nalga a la vez que rozaba su nariz sobre su polla y aspiraba antes de mojar la tela con la lengua.


No tardó ni dos segundos en desabrochar los botones del pantalón de traje y descubrir que no había nada más debajo, sólo piel.


F- Oh, Gee. No me puedo creer que hayas ido a la boda de tu hija sin ropa interior. Eso no se hace. -Le regañó. Y, como castigo, rozó con sus dientes el capullo de su hinchada polla.


G- Ya sabes que -ahhh- me da igual lo que está bien y lo que estáaahhmm mal. -Respondió, a duras penas.


Pero su polla estaba dentro de la boca de Frank, y este no le dejaba hilar dos palabras coherentes seguidas. No se podía esperar mucho más del cerebro del pelinegro.


Las manos atadas se posaron sobre la cabeza del menor. Sin hacer fuerza, sólo sujetándose a algo antes de que sus piernas, que parecían gelatina, dejasen de sostenerle.


G- Santa madre, Frank. Repite eso. Sí, síiii. Así.


A punto estaba de correrse en esa bendita boca, cuando Frank se puso de pie y decidió que era momento de ir a la cama.


G- Oh, vamos. No seas malo conmigo. -Gimoteó, intentando hacer que Frank se arrodillase de nuevo.


F- Vamos a la cama. Tengo algo planeado para ti. -Si las palabras no fueron suficientes para convencerle, lo fue el tono provocativo.


Ya en la habitación, Frank le empujó, cayendo boca arriba y colocándose a duras penas debido a sus ataduras, de las cuales se creía libre cuando sintió a Frank, aún completamente vestido, lidiando con ellas.


Pero cuando fue a sentarse, comprendió que lo único que había hecho era atarlas al cabecero de la cama. Ahora tenía las manos unidas entre ellas y a la madera.


G- ¡Suéltame! -Se retorció.


Ni una palabra ni una mirada recibió de Frank. En cambio, obtuvo un strip-tease silencioso en el que el menor fue quitándose toda su ropa poco a poco hasta quedar únicamente con la corbata.


Entonces, balanceando las caderas y haciendo que al pelinegro se le cayese la baba, caminó hasta la cama y ahí gateó hasta colocarse a horcajadas sobre el pecho del otro.


F- Abre la boquita, cariño.


En el estado en el que estaba Gerard, había obedecido antes de saber realmente qué estaba haciendo. Y al segundo siguiente sintió la boca llena de un caliente trozo de carne. Su boca estaba siendo follada sin compasión y él estaba totalmente feliz.


Cuando se sintió al borde, el menor se apartó y se sacó lentamente la corbata, moviéndose un poco hacia atrás.


Con la tela en la mano, empezó a recorrer todo el cuerpo que temblaba bajo él, acariciando, excitándole más aún, si es que eso era posible.


Se entretuvo en su pelvis más que en el resto, rodeando su erección con la suave corbata una y otra vez. Y cuando vio a Gerard perdido entre las sensaciones con los ojos cerrados, reptó hacia arriba en su cuerpo y cubrió sus ojos con la corbata.


G- ¿Pero qué...? No, no y no. ¡Eso sí que no! ¡Destápame los ojos, pedazo de cabrón!


F- ¿Qué forma es esa de hablarle a tu esposo? -Ronroneó en su oído, tranquilizándole un poco- No estás en condiciones de exigir. ¿Quién sabe qué podría hacer con esto? -Preguntó al aire, apretando sus dedos alrededor de los testículos del pelinegro, que gimió-chilló de forma muy poco masculina.


Al ver que no le daría problemas, Frank se levantó de la cama.


Gerard notó frío de repente cuando se quedó sólo. Y, unos minutos después, cuando ya iba a preguntarle dónde demonios se había metido y por qué le había dejado en semejantes condiciones, escuchó un ruido y notó un segundo de aumento de claridad bajo la tela.


¡El muy cabronazo acababa de hacerle una foto!


Pero no pudo decirle nada al respecto ni enfadarse, pues al segundo siguiente su polla estaba siendo absorbida por una calidez sofocante.


Frank le estaba montando y no le dio ni un respiro cuando ya se estaba moviendo, cabalgándole como si no hubiese mañana.


Y, a pesar de todo, pudo captar un par de fogonazos de luz más, pero ya no se preocupó por nada que no fuese el cuerpo de Frank sobre el suyo, moviéndose sin parar. Arriba y abajo, hacia adelante, en círculos. De todas las formas posibles.


En un momento dado, la corbata de sus ojos cayó por su cuello y sus manos fueron liberadas, así que no se contuvo de toquetear a Frank a su antojo y cambiar posiciones, quedando él arriba hasta que con un último empujón, se corrió dentro de su pareja, sintiendo la corrida de éste entre sus estómagos y sus dedos.


Se quedaron mirándose hasta tranquilizarse y entonces Gerard se echó a un lado, apoyándose en un brazo para verle de frente. Frank hizo lo mismo.


G- ¿Por qué has hecho fotos? -Preguntó divertido.


F- Quería recordar este momento. -Respondió, encogiéndose de hombros- He puesto el disparo automático y la he dejado en la mesilla. Luego las vemos. -Susurró antes de morderle la barbilla.


G- No puedo creer que con nuestros 48 años sigamos haciendo estas cosas. -Rió.


F- Sabes que nunca cambiaremos. -Susurró antes de besarle y cerrar los ojos.


G- Siamo i ragazzi di ieri.*



...







 

*We are the kids from yesterday.

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