CAPÍTULO 57:
Unas semanas después del primer cumpleaños de Helena, Gerard y Frank jugaban con la niña sentados en el suelo del salón, ella sobre una mantita llena de juguetes.
Los mayores estaban ensimismados viendo a su niña, con una sonrisa en sus rostros, cuando ella se quedó quieta mirando fijamente a Frank.
F- ¿Qué te pasa, preciosa? -Preguntó preocupado cuando pasó un rato y Helena no dejaba de mirarle. Gerard, mientras, observaba atento cualquier gesto que hiciese.
Helena frunció el ceño, como si estuviese totalmente concentrada en algo y empezó a mover su boquita sin emitir sonido, hasta que...
H- Ma-má. -Los ojos y la boca de los dos chicos se abrieron con sorpresa- Maaa-má. -Repitió, estirando los brazos hacia Frank.
Pasado el primer momento de asombro, Gerard se echó a reír mientras aplaudía y Frank arrugó la frente.
F- Sí, cielo. Pero yo soy papá. Pa-pá. -Explicó, agachándose para poner su rostro a la altura de la pequeña.
H- Ma-má. -Repitió de nuevo, agitando sus manitas- Ma-má. Ma-má. Ma-máaa. -Gerard empezó a reír aún más fuerte, ganándose una mirada furibunda de su pareja.
G- ¡Muy bien, mi amor! -Dijo, dando un beso de ventosa a la niña en la mejilla.
F- No te rías. Esto es culpa tuya. Has conseguido que se confunda por llamarme mamá todo el rato. No te valía con princesa. No. Tenías que decirme mamá también. -Se cruzó de brazos enfurruñado y con los mofletes levemente inflados.
G- Oh, venga. No te pongas así, cariño. Asúmelo, eres su mamá. -Le dijo divertido.
H- ¡Ma-má! -Helena seguía repitiendo una y otra vez su primera palabra, feliz por ver a su papá Gerard tan contento. Pero al ver la cara de Frank, gateó hasta él y se apoyó en sus rodillas. -¿Ma-má?
El pucherito que apareció en los labios de la pequeña derritió a Frank y le hizo olvidarse de todo su enfado con Gerard. Relajó su cara y descruzó los brazos para poder coger a su hija y sentarla en su regazo.
F- Muy bien, mi vida. Eres una nena muy lista... -Sonrió y la besó en la frente, logrando que la pequeña riese de nuevo y diese unas palmadas al aire- Supongo que entonces tu serás papá. -Comentó mirando a Gerard. Helena también le miró cuando le sintió acercarse.
H- ¿Paaa-pá?
G- ¡Sí! Muy bien, cariño. -La felicitó- Tenemos a la niña más lista del mundo.
El tiempo seguiría pasando y Helena nunca dejaría de llamar mamá a Frank, por muy mayor que fuese.
...
Con dos años y medio, Helena ya tenía un vocabulario bastante extenso, más de lo que sus padres habrían deseado y es que la niña se había quedado con varias palabras que alguien de su edad no debería ni conocer. Y todo por haber escuchado a escondidas alguna que otra conversación entre los dos chicos en momentos de perversión a lo largo de la noche, cuando debería de estar dormida.
Nunca se les olvidará cuando, estando los dos sentados en el sofá viendo una película y con Helena a sus pies jugando con unos muñecos en el suelo, la escucharon:
Helena- ¡Shi, shiii! ¡Dame másh! Lo quero todo dentro. -Gritaba sin tener ni idea del significado de sus palabras.
Gerard y Frank se miraron entre ellos, asustados por no saber cuándo había escuchado su hija esas cosas, y casi saltaron de sus asientos para regañarla y explicarle que no podía decir esas cosas.
Se prometieron a sí mismos no volver a hablar mientras hacían el amor por temor a ser escuchados de nuevo.
...
Y, con esas misma edad, llegó el momento de llevar a Helena a la guardería, aunque las cosas no fueron tan fáciles para la niña como a sus padres les hubiese gustado...
Apenas al tercer día de su estadía allí, recibieron una llamada.
-Hola, ¿es el papá de Helena?
G- Sí, soy Gerard. ¿Quién llama?
-Llamo de la guardería. Helena ha tenido problemas con algunos niños y sería bueno para ella que vinieran a recogerla.
G- Claro, en seguida vamos. ¿Pero está bien, no?
-Sí, sólo está un poco alterada y no conseguimos que deje de llorar. Sólo sabe decir que quiere ver a sus padres.
G- Enseguida vamos. Gracias por avisarnos.
-Hasta ahora.
Gerard colgó el teléfono y fue al cuarto que utilizaban como estudio a llamar a Frank, que en ese momento practicaba con su guitarra.
G- Frank, acaba de llamar una profesora de Helena y dice que vayamos a por ella, que ha tenido problemas con algunos chicos y no consiguen tranquilizarla. -En cuanto le escuchó, el aludido soltó la guitarra y se puso en pie.
F- ¿Qué le ocurre? ¿Está bien?
G- Me ha dicho que no deja de llorar, así que vamos a por ella.
F- Sí, sí, vamos.
Los chicos cogieron una cazadora y cogieron el coche para llegar hasta la guardería. En menos de 15 minutos estaban allí, con la pequeña Helena en brazos de Gerard mientras trataban de tranquilizarla y averiguar qué había pasado.
La pequeña se aferraba a Gerard rodeando su cuello con los pequeños bracitos y escondía el rostro en su cuello. El moreno la balanceaba de un lado a otro y la arrullaba al oído y Frank acariciaba su espalda.
F- Peque, ¿qué ha pasado? -Le preguntó bajito cuando la niña parecía más tranquila.
H- Unos niños me han llamado bicho raro porque no tengo mamá. Dicen que tener dos papás no es normal y por eso no quieren ser mis amigos. -Frank y Gerard se miraron apenados.
G- No les hagas caso, mi amor. Esos niños no merecen ser tus amigos. Ya verás que cuando te conozcan, todos querrán ser amiguitos tuyos.
F- Sí, no te preocupes por ellos. ¿Tú eres feliz con dos papás? -Helena sorbió por su naricilla y asintió- Entonces da igual lo que digan. Sólo te tienen envidia.
La niña suavizó su rostro, asintiendo, y le tendió los brazos para que la cogiese. Al tenerla sujeta, habló de nuevo.
H- Yo no quiero una mamá. Tú eres mi mami.
G- Claro que sí, preciosa. Nos tienes a mami Frank y a mí. -Le dio un eso en la mejilla y sintió un tirón de su pantalón.
Al agachar la mirada se encontró a un rubito de la edad de su hija tirando de la tela de su pantalón vaquero para llamar su atención. Se acuclilló para quedar a su altura.
-Señor, ¿qué le pasa? -Preguntó, señalando a la niña.
G- Unos chicos se han metido con ella porque tiene dos papás.
-¿Dos papás?
G- Sí. Tú tienes una mamá y un papá, ¿a que sí? -El chico asintió efusivamente con la cabeza- Pues Helena tiene dos papás y no tiene mamá. Y por eso unos niños le han dicho que no quieren ser sus amigos.
-Pobrecita. -Murmuró, antes de volverse a Frank y tirarle también del pantalón, indicándole con un dedito que bajase para hablar con ella- No llores. Yo creo que tener a dos papis tiene que ser muy divertido. Además, eres muy bonita y no puedes llorar. ¿Quieres ser mi amiga?
Helena se le quedó mirando, admirando la gran sonrisa del rubio. Sonrió ella también y movió la cabeza en afirmación. Se removió en los brazos de Frank para que la dejase en el suelo y se acercó al niño.
H- ¡Me llamo Helena!
-Yo soy Brian. ¿Vienes a jugar en los columpios?
H- ¡Síii!
Y los dos pequeños salieron corriendo hacia la zona de juegos cogidos de la mano, dejando a Gerard y Frank con una gran sonrisa y la mirada enternecida.
G- Parece un buen chaval.
F- Sí... Tal vez cuando sean mayores se hagan pareja y todo.
G- ¿QUÉ? ¡Ni hablar! No dejaré que ningún jovencito salga con mi Helena. -Se negó, cruzándose de brazos y frunciendo el ceño.
F- No sé por qué me da que vas a ser un padre muy sobreprotector. -Comentó divertido, pasando un brazo sobre sus hombros.
G- No es eso. Simplemente que no dejaré que un adolescente hormonal toque a mi pequeña.
F- Bueno, aún queda mucho para eso, aunque no te extrañes si la peque sale como nosotros... Por el momento hay que alegrarse de que Helena tenga un amigo.
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