viernes, 27 de julio de 2012

Últimos caps de Obsesionados con el Sexo - 58


CAPÍTULO 58:

F- ¿Qué tal el día en la guardería, cielo?


Frank y Helena iban caminando de la mano por la calle. Era viernes y había ido a buscarla a la guardería y ahora se dirigían a casa de la abuela Donna.


La madre de Gerard había invitado a la pequeña a dormir para que pasase un día con los abuelos, pero no podía ser cualquier día, sino que tenía que ser ese viernes exactamente. Y cuando Frank le preguntó la razón, ella sólo se encogió de hombros.


Así que, tras las súplicas de Helena por ir donde sus abuelos, Frank había terminado cediendo bajo las risas de Gerard, que no paraba de decir que era un blando con la niña y le daba todos sus caprichos.


H- Chupi. Brian y yo hemos hecho una broma al tonto de Mark. -Se tapó la boca con la manita que tenía libre para esconder su risa.


F- Helena, ya te he dicho que no debes insultar a nadie. La próxima vez que lo hagas te quedarás sin clase de guitarra. -Su mirada endurecida se suavizó al ver que Helena le miraba desde abajo con carita de pena- ¿Y qué le habéis hecho? -La niña volvió a sonreír.


H- Hemos echado pegamento en sus zapatillas. -A pesar de que no debería, Frank no pudo evitar reírse con su hija mientras ésta le contada la broma con todo lujo de detalles, hasta que cambió de tema- Y Brian me ha invitado a su casa para conocer a sus papás. ¿Puedo, mami? ¿Sí? Por fa, por fa, por fa. -La niña se había parado en mitad de la calle y miraba a Frank con cara de perrito abandonado mientras daba saltos en el sitio.


F- No sé si a papá le hará mucha gracia... -Comentó pensando en lo sobreprotector que había resultado ser su pareja.


H- Jo, por fa. ¡Yo quiero!


F- Está bien, mi amor. Yo le convenceré. -Le dijo, agachándose para quedar a su altura.


H- ¡Gracias mami! -De un salto se colgó del cuello del mayor, quien estuvo a punto de caer de espaldas pero al final pudo mantenerse en pie. Y así siguieron hasta casa de Donna.


Cuando dejó a la pequeña con su abuela, ésta prácticamente le echó de casa mandándole a la suya, aunque disimuladamente. Así que, totalmente confundido, se vio en el porche de la casa de los padres de su novio, y con la puerta cerrada en las narices.


Dispuesto a hablar con Gerard para pedirle una explicación por el comportamiento de su madre, caminó a buena velocidad hasta su apartamento. Sacó sus llaves para abrir por si Gerard estaba ocupado haciendo algo y, cuando entró y fue a avisarle de que ya estaba en casa, se quedó asombrado mirando alrededor.


Todo estaba a oscuras, a excepción de algunas velas colocadas en puntos estratégicos de la casa, dejando zonas en penumbras y otras iluminadas. Un dulce olor a manzana flotando en el aire.


F- ¿Gerard? ¿Gee, dónde estás? -No hubo dado ni dos pasos, cuando una sombra enana corrió hasta sus pies y se apoyó en su pierna con dos patas- Vaya, ¿quién eres tú?


Era un perrito negro que le miraba con grandes ojos y la lengua fuera. Frank sonrió y se agachó para cogerlo y refugiarlo entre sus brazos. Sin importarle, le dejó que le lamiese un poco la cara para apartarle al darse cuenta de que algo colgaba del collar de su cuello.


F- ¿Qué llevas aquí, enano? -Le puso en el suelo de nuevo y le tranquilizó cuando el perro se revolvió entre sus manos intentando echar a correr de nuevo.


Cuando consiguió quitarle lo que llevaba colgado el perro salió corriendo hacia el salón y Frank pudo contemplar lo que tenía en las manos. Una pequeña caja de terciopelo negro.


F- ¿Pero qué... -Abrió la caja y las palabras se trabaron en su garganta. Dos argollas de plata relucieron cuando la luz de las velas llegó a ellas- Gerard. -Suspiró. Y, justo en ese momento, una figura emergió de entre las sombras. Una figura que reconoció como si fuese la suya misma.


Cuando sus miradas se encontraron, sus ojos brillaron. Avillana frente a esmeralda.


F- Gerard esto... ¿Esto es lo que creo que es? -El chico asintió y Frank volvió a mirar los anillos, embelesado. Gerard carraspeó, intentando quitarse los nervios de encima.


G- Bueno y... ¿qué respondes? -La mirada del menor volvió a clavarse en la suya.


F- Pídemelo. -Susurró. Su mirada cargada se sentimientos y más brillante que nunca.


Gerard sonrió y bajó la mirada avergonzado, pero le quitó la cajita de las manos, cogió uno de los anillos, guardó la caja en un bolsillo y se aclaró la garganta.


G- Frank Anthony Thomas Iero Priccolo. -Un risilla escapó de la atorada garganta de Frank al escuchar su nombre completo- ¿Quieres casarte conmigo? -Tendió la mano libre pidiendo así la de su novio.


Frank sonrió todo lo que la piel de su cara le permitía y acercó su mano.


F- Gerard Arthur Way Lee. Sí. Quiero casarme contigo. -Gerard respondió a su sonrisa emocionada con una igual y cogió su mano para colocar el anillo antes de tirar de él para envolverle entre sus brazos y besarle suavemente durante un eterno momento de felicidad.


Cuando rompieron el beso se quedaron uno frente a otro, con las manos y las frentes unidas, los ojos entrecerrados y dos grandes sonrisas.


G- Ahora deberías de ponerme tú el otro anillo. -Susurró. Sus labios rozándose sensualmente con cada palabra.


Se alejaron lo mínimo necesario, sin ganas de despegarse ni un segundo, y Gerard sacó la caja de su bolsillo para que Frank cogiese el anillo. Le tendió la mano y, sin dejar de mirarse a los ojos, sintió como la argolla se deslizaba por su dedo.


Lo que quedó de noche la dedicaron a disfrutar el uno del otro, de sus cuerpos convertidos en uno


...


Mikey- Relájate, Gerard. -No sabía cuántas veces le había dicho lo mismo ya- Me estás estresando a mí.


Había llegado el día de la boda y el mayor de los hermanos Way estaba atacado de los nervios.


Se encontraban en la playa. La boda sería sobre la arena al atardecer de un día un poco nublado, típico del mes en el que estaban. Eran pocos los invitados. La familia, los amigos más cercanos, Jamia y su pareja y un compañero del trabajo de Gerard.


Los padrinos serían Mikey, por parte de Gerard, y Pete, por parte de Frank. Nada que pillase de improviso a nadie.


Ahora mismo estaban los dos hermanos bajo una especie de carpa enana colocada para que esperase hasta que fuese la hora de caminar hasta el altar. Frank tenía la suya propia al otro lado.


G- ¿Y si no viene, Mikey? ¿Y si se ha arrepentido y me deja plantado, llevándose a Helena y Sweet Pea con él? -Preguntó caminado de un lado a otro en ese sitio que cada vez le parecía más estrecho y asfixiante. Su hermano solo resopló por quinta vez en dos minutos y caminó a la entrada de la carpa para asomar la cabeza antes de volver junto a él.


Mikey- Tu hija y tu perro están colocados en su sitio. Frank no va a ir a ninguna parte. Me atrevería a decir que ahora mismo tiene las mismas paranoias que tú en la cabeza. -Rió por lo bajo.


G- Seguro que no porque Pete es mejor padrino que tú y le habrá tranquilizado. -Dijo cruzándose de brazos. La respuesta del menor fue sacarle la lengua y enseñarle el dedo, justo cuando la música empezaba a sonar fuera y Gerard se ponía más nervioso.


Mikey- Bien. En 4 minutos te toca salir a ti. -El otro asintió intentando acomodarse el pelo y fracasando, limpiándose el sudor de las manos en el pantalón- Suerte, hermano. -La primera respuesta de Gerard fue abrazar a su hermano con todas sus fuerzas.


G- Muchas gracias, Michael. Por todo. Por estar siempre conmigo. -Soltaron el abrazo y Mikey salió de la carpa con una última sonrisa y un guiño a su hermano.


Tres minutos después exactamente, Gerard coge aire, cierra los ojos y cuando los abre ya está fuera de la carpa y caminando hacia el sencillo altar donde la persona con la que quiere pasar el resto de su vida le espera.


No es una boda normal, así que camina solo hasta él, sin nadie que le acompañe. Estirado, sonriendo y todavía nervioso. Aunque ya ha comprobado que Frank no se ha echado atrás ni le ha dejado plantado, su corazón va a toda velocidad.


Y puede ver que Frank está igual porque juraría haberle visto suspirar de alivio cuando le ha visto al final del pasillo. Y no puede más que sonreír para tranquilizarle, olvidándose de sus propias dudas.


Llega a su lado y sus miradas no se han separado en todo el trayecto. Le toma la mano y le da un suave beso en el dorso que le hace enrojecer.


F- Estás guapísimo. -Le susurra cuando se giran hacia el hombre que les casaría.


Ambos chicos eligieron traje negro después de "discutir" sobre la idea de que Frank vistiese un traje blanco, cosa a la que se negó en rotundo. Camisa blanca y Gerard chaleco negro bajo la chaqueta. Básicamente eso era lo que les diferenciaba, incluso la corbata negra y fina era igual.


La verdadera novedad era el pelo de Gerard, negro de nuevo después de tanto tiempo.


La ceremonia comenzó y fue avanzando lentamente. Los dos protagonistas intercambiando miradas emocionadas y amorosas cada poco tiempo mientras escuchaban el típico discurso (aunque no tan típico, siendo su caso), esperando casi con ansias el momento de los anillos y el beso final.


-Los anillos, por favor.


Frank y Gerard se miraron sin saber quién tenía los anillos y se giraron a los padrinos esperando que ellos se los diesen, pero no fue así.


En cambio escucharon murmullos y ruidos al final del pasillo por el que ellos mismos habían caminado y allí vieron a Helena, con su elegante vestido blanco y su diadema roja y la correa de Sweet Pea sujeta en una mano.


La niña y el perro caminan hasta ellos y la pequeña les entrega los dos anillos que ha sacado de un bolsillito en el trajecito del animal.


No pueden resistirse a darle dos grandes besos antes de que vuelva con Sweet Pea a su sitio.


-Muy bien, sigamos. Frank Iero, ¿aceptas a Gerard Way como legítimo esposo hasta que la muerte los separe?


Sus miradas son una y parece que están conectados de todas las formas posibles cuando responden sin despegar sus ojos de aquellos que tanto aman.


F- Sí, acepto.


- Gerard Way, ¿aceptas a Frank Iero como legítimo esposo hasta que la muerte los separe?


G- Sí, acepto.


-Entonces, por el poder que me confiere el Estado de Nueva Jersey, les declaro marido y marido. Pueden besarse.


Apenas ha terminado la frase cuando ya han unido sus labios bajo los aplausos y voces alegres de los invitados. De fondo una hermosa puesta de sol que hace perfecto el momento pero en la que nadie se fija, ya que solo tienen ojos para los dos chicos que ahora abrazan a Helena.


...


La cena de celebración pasó sin problemas, con muchas fotos y felicitaciones, bromas por parte de los amigos y regalos.


Pero como todo, tenía que terminar y llega el momento de las despedidas (aunque sea solo por unos días). Lo más duro, sin duda, despedirse de su pequeña.


H- ¿Vamos de viaje? -Preguntó emocionada al ver a sus padres despedirse uno por uno de todos los invitados en la puerta del restaurante, donde ya les esperaba el coche.


F- No, mi amor. Tú te quedas con el tío Mikey y su novia. Papá y yo nos vamos. -Casi se echa a llorar al ver la carita de pena de su niña- No, no, no. No llores, mi vida. Volveremos pronto y te traeremos muchos regalos, ¿si?


H- ¿Me vais a comprar cosas? -Su cara se iluminó al escucharle y Gerard la cogió en brazos echándose a reír.


G- Vaya con la nena. Quiere más a los regalos que a nosotros. -Bromeó inflando los cachetes. Helena rió y los apretó con sus manitas para hacerle soltar el aire.


H- Mentira, papá. Yo os quiero mucho. Asíiii de grande. -Separó las manos todo lo que pudo para enseñarle cuánto.


F- Pero qué mona eres, cariño. Anda, ven aquí y dame un beso enorme antes de que nos vayamos. -Tendió sus brazos y la pequeña se lanzó a ellos, abrazándose a su cuello y dándole un beso de ventosa en la mejilla- Te voy a echar mucho de menos, pero volveremos pronto. Dale un beso a papá. -Le dio un beso igual que a Frank y éste la dejó en el suelo junto a Mikey, quien la cogió de la mano.


Mikey- Pasadlo bien, chicos.


F- Gracias, Mikes.


G- Hasta la vuelta, hermano.


Y sin más retraso subieron al coche donde ya tenían las maletas para dirigirse al aeropuerto y desde allí coger el avión que les llevaría a su destino: St. Barts, el Caribe francés.


...


G- Estoy reventado. -Nada más entrar en la habitación y dejar las maletas, se desplomó sobre la cama. Había sido un día largo y tenso y ahora sus músculos sufrían las consecuencias.


F- Oh, Dios, ¡este baño es increíble! -Gritó desde el otro cuarto de la suite. Cuando salió y vio a su pareja tirado en la cama, tuvo una idea. Un rato después volvió a hablar- Gee, cariño. ¿No vamos a probar el jacuzzi? -Preguntó en tono triste.


El pelinegro se removió en la cama murmurando algo que sonó a "estoy jodidamente cansado". Se dio la vuelta con los ojos cerrados, quedando boca arriba y un momento después abrió los ojos adormilados para encontrarse con los de Frank, que le miraban desde el otro lado de la cama.


Pero su mirada no duró mucho tiempo en sus ojos. Le llevó décimas de segundo darse cuenta de que Frank no llevaba nada encima. NADA. Solo la tinta de sus tatuajes.


Todo rastro de cansancio desapareció de su sistema al encontrarse con una semi erección entre esos rizos oscuros que le volvían loco.


G- Santo cielo. -Murmuró, comiéndoselo con la mirada- ¿He oído algo de probar el jacuzzi?


Frank sonrió, vencedor, y le extendió una mano que no dudó en aceptar para ponerse en pie y seguirle hasta el baño donde el menor ya tenía lista la gran bañera. Los chorros y la espuma haciendo su trabajo.


Mordiéndose el labio inferior para reprimirse y no arrancarle el traje a trozos, Frank desnudó a su ahora marido.


Cada porción de piel que quedaba al aire era cubierta por sus manos o su boca hasta que ambos estuvieron en igualdad de condiciones. Entonces se metieron en la bañera, sintiendo enseguida que el agua tibia calmaba sus músculos.


Suspiraron, más relajados y Frank cogió el bote de jabón y se colocó a la espalda de Gerard. Le echó un poco del gel en los hombros y le regaló un fantástico masaje en el cual los hombros quedaron desplazados a un segundo plano cuando sus manos empezaron a acariciar su cuello, su pecho, su estómago y, sólo un segundo, ese duro trozo de carne capaz de llevarlo al paraíso.


Un gruñido escapó de la garganta del pelinegro cuando Frank pasó de largo de esa zona tan necesitada ya de atención, porque "joder, cabrón, duele".


G- Frankie, por lo que más quieras, tócame. -Rogó, impaciente.


F- Ya lo estoy haciendo. -Respondió con tono inocente, paseando sus manos por el interior de los pálidos muslos de su pareja.


G- Ya sabes a lo que me -ahh- refiero. -Gruñó.


F- No, lo siento, no tengo idea. -Su propia erección rozándose con la espalda baja de Gerard y mandándole descargas de placer directas al cerebro.


G- Eres un puto calienta-pollas. -Al escuchar la risa de Frank en su oreja se le erizaron los pelos de la nuca y no lo aguantó más. Con sus manos cogió las de Frank, una cada una, y las llevó directas a su polla, acariciándose a sí mismo con las manos del menor, que en respuesta le había mordido el hombro con fuerza.


Le acarició un rato, besando sus hombros y cuello desde la posición que tenía a su espalda y comiéndose su boca cuando el pelinegro giraba la cabeza dándole espacio.


Una de sus manos se deslizaba por todo lo largo de su polla, jugando con la punta y apretando, y la otra jugaba con sus pelotas, tirantes, donde podías notar el orgasmo formándose. Pero ésta mano fue bajando hasta dar con la entrada del cielo, donde se escurrieron dos dedos de un solo golpe, logrando que Gerard levantase el culo del jacuzzi y se acomodase mejor para darle más espacio de maniobra.


G- Hmm, Frank. Sí, hace eso otra vez. -Jadeó.


Jugó con sus dedos un rato, dejando olvidada la erección con la que minutos antes se entretenía, hasta que no lo soportó más.


F- Joder, Gee. Voy a follarte ya. -Dijo contra su piel.


El aludido, medio ido por todas las atenciones recibidas, se dejó hacer mientras Frank le colocaba.


El menor se sentó con las piernas un poco flexionadas y la espalda apoyada en la bañera y puso a Gerard de frente a él sobre su pelvis, en el hueco entre su pecho y sus rodillas, las cuales le servían de apoyo.


Con una mano sujetó la cadera del pelinegro y con la otra guió su polla hacia la cálida estrechez que hacía rato que le llamaba a gritos.


Gimieron sobre la boca contraria, luchando por meter aire a sus pulmones y Gerard tuvo que agarrarse a los hombros de Frank por miedo a resbalar en una de las embestidas que sacudían su cuerpo.


Su erección, apretada y resbaladiza entre los dos sudorosos cuerpos, fue atendida por la habilidosa mano de Frank, que consiguió llevarle al éxtasis en tiempo record, siguiéndole de cerca.


Ambos chicos sintieron que sus cerebros se derretían y escapaban por sus pollas, porque eso no había sido un orgasmo normal. No. Había sido EL ORGASMO de entre los orgasmos.


Se quedaron en esa posición un rato, recuperándose. La frente del mayor apoyada en el hombro de su pareja, quien le acariciaba los cabellos recién teñidos con mimo.


Se besaron lento, suave y con toda la ternura del mundo antes de cerrar los ojos y relajarse bajo el agua.


Cuando se sintieron con ánimo de moverse de nuevo, se lavaron y secaron y se metieron a la cama tal y como estaban, listos para descansar después de un día agotador. Total, estarían de viaje una semana. Había tiempo de sobra para rendir culto a sus cuerpos.


Tumbados de frente, se miraron y sonrieron, adormilados y pensando en la nueva etapa que recién empezaban en sus vidas.


F- Te amo, señor de Iero.


G- Yo también te amo, señor de Way.


FIN

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