CAPÍTULO 56:
F y G- Ya no aguanto más.
La frase fue dicha por los dos chicos, en sitios diferentes y a personas distintas.
Frank estaba hablando con Pete, sentados en el salón del piso del primero, mientras Helena dormía por fin en su cuna. Y Gerard hablaba con su hermano en una cafetería cercana al trabajo del mayor.
Dos conversaciones parecidas y simultáneas.
Pete- ¿Qué te ocurre, enano?
F- Estoy agotado y cansado de todo. ¿Sabes cuánto tiempo hace que no duermo en condiciones? Amo a Helena, joder que lo hago. Pero nunca imaginé que tener un bebé sería tan estresante. Lo único que hace es llorar, comer, gastar pañales y gatear por toda la casa. Me tiene loco. ¡Loco!
Pete- Venga ya, no será para tanto. -Movió la cabeza y la mano restándole importancia- Llevo aquí más de una hora y no ha hecho ni un ruido. Está durmiendo como un angelito.
F- ¿Un angelito? JÁ. Un demonio es lo que es. Ahora estará tranquila, pero tú no pasas las noches aquí. No la has visto gatear de un lado a otro y yo detrás con cuidado de que no se haga daño con nada. ¡Ha vaciado los cajones más de 5 veces!
Pete- Vale, tal vez tengas razón, yo no paso aquí más que un rato. Pero aún así no creo que sea para tanto. Tienes a Gerard contigo, que te ayuda, ¿no? -Frank bufó.
Mikey- ¿Qué te pasa, Gee? Se te ve agotado. Estás ojeroso y más pálido de lo normal.
G- Me pasa que estoy la mitad del tiempo trabajando y cuando llego a casa me toca cuidar de Helena para que Frank descanse un poco o al menos lo intente. Está igual que yo. Creo que dormimos una media de 5 horas al día desde que nació Helena. ¡Y de eso hacen ya 8 meses!
Mikey- ¿Tan bicho es?
G- No sabes cuánto. El otro día tiró la guitarra favorita de Frank y se le rompieron las cuerdas. Menos mal que no le cayó encima... -Suspiró- El caso es que no puedo más. No sé qué hacer. Necesito dormir, relajarme, pero es imposible.
F- Pero está Frank. ¿Él no te ayuda a relajarte? -Su tono era insinuante y Gerard sabía perfectamente a lo que se refería.
G- Sí, claro... -Respondió con tono sarcástico.
F- ¡¿Sabes cuánto hace que Gerard y yo no follamos?! Estoy que me subo por las paredes, coño. -Pete le vio gruñir y golpearse la cabeza con el sofá y solamente pudo reír.
Pete- Ese sí puede ser vuestro mayor problema siendo tan viciosos y salidos. ¿Cuándo fue la última vez?
F- Hace 3 jodidos meses. Desde entonces lo único que hemos podido tener ha sido un poco de toqueteo, pero siempre terminamos quedándonos a medias porque Helena se despierta y llora o porque él se tiene que ir a trabajar o cualquier mierda así
Pete- Creo que lo que necesitas es coger a Gerard por banda y encerraros en una habitación hasta deshidrataros o algo así. Lo que se llama una buena follada, vamos.
F- Eso es justo lo que necesito. -Asintió, aún con los ojos cerrados y la cabeza hacia atrás. De repente, con un movimiento brusco se incorporó para mirar a Pete de forma extraña.
Pete le devolvía la mirada extrañado, intentando adivinar qué pensaba, hasta que vio que comenzaba a acercarse a él con una mirada depredadora, gateando sobre el sofá hasta quedar casi sobre sus piernas. Entonces comprendió y frunció el ceño.
Pete- Frank Anthony Thomas Iero Priccolo, ¿qué crees que haces? Vuelve a tu sitio.
F- Pero... -Se fue a quejar pero le interrumpió.
Pete- Tienes que follar con TU NOVIO. -Remarcó- No conmigo ni con cualquier otro. -Su voz era típica de regañina pero también comprensiva y Frank pareció volver en sí de repente, como si el que había intentado seducir a su mejor amigo hubiese sido otra persona.
F- Dios, tienes razón. No sé qué me ha pasado... -Suspiró y tiró la cabeza hacia atrás de nuevo, masajeándose las sienes con los dedos.
G- ¿Sabes cuántas veces he estado a punto de caer ante los coqueteos de Josh, uno de los dibujantes? No soporto estar tanto tiempo matándome a pajas.
Mikey- Tienes que aguantar, Gee. No puedes hacerle eso a Frank.
G- Lo sé. Es por eso que siempre me hecho atrás en el último momento, por él, porque le amo. Pero no sé cuánto más aguantaré. Puedo parecer un cabrón que solo piensa en sexo, pero LO NECESITO. No sé vivir sin sexo.
Mikey- Ya me había dado cuenta de eso hace unos años. -Bromeó. Gerard le sacó la lengua- Tenéis que aprovechar la mínima ocasión que tengáis. No puedes trabajar tanto. Doblas los turnos para no llegar a casa y encontrarte con horas y horas de lloros, no lo niegues. -El pelirrojo tuvo la decencia de parecer avergonzado- Pero tampoco puedes dejarle a Frank toda la responsabilidad. Deber ayudarle.
G- Tienes razón. Como siempre.
Pete- Lo que tenéis que hacer es tomaros un tiempo libre, solo para lo dos.
F-Como si fuera tan fácil. -Bufó de nuevo.
Mikey- Iros por ahí a pasar un fin de semana o algo así. Vosotros solos.
G- ¿Y qué pasa con Helena, listo?
Mikey- Algo se me ocurrirá.
Pete- Tú déjamelo a mí. -Le guiñó un ojo a Frank.
...
Unos días después de esas conversaciones, exactamente el viernes por la tarde, les daban una buena noticia.
Gerard y Frank veían la televisión en el sofá, con la niña en brazos del primero, cuando llamaron al timbre de la puerta.
Al otro lado estaban Donna y Linda.
F- ¡Mamá, Donna! -Las saludó a las dos con un beso en la mejilla- ¿Qué hacéis aquí?
Linda- ¿No nos invitas a entrar, cariño?
F- Oh, sí, claro. Pasad. Gerard y Helena están en el salón. -Siguió a las mujeres hasta allí, las cuales saludaron al pelirrojo y a su nieta, y se sentaron.
Donna- Bueno, chicos. Nos hemos dado cuenta de que en estos 8 meses no habéis tenido ni un segundo libre para vosotros y Mikey y Pete nos lo han confirmado.
Linda- Estáis siendo unos padres increíbles, pero también necesitáis desahogaros, necesitáis tranquilidad, tiempo libre.
Frank y Gerard las miraban en silencio, esperando a ver dónde querían llegar. Todo eso ya lo sabían, lo que necesitaban era una solución, no una charla.
Donna- Así que hemos decidido que nos haremos cargo de la pequeña Helena el fin de semana y que os ayudaremos más a menudo.
G- ¿El fin de semana?
Linda- Sí. Nos vendremos aquí, para que la niña tenga todas sus cosas, y la cuidaremos mientras estáis fuera.
F- ¿Fuera? Nosotros no hemos planeado nada.
Linda- Vosotros no, pero Mikey y Pete sí. -Les informó sonriendo. Acto seguido, Donna sacó unos papeles de su bolso y se los tendió a Frank.
Eran un par de billetes de tren para la costa y la reserva de un hotel. Además, había un mapa para que pudiesen llegar a él fácilmente y una nota en la esquina de éste que decía "Esperamos que folléis como conejos. Dedicadnos un orgasmo. P y M".
...
Esa misma noche salía el tren, así que guardaron lo básico en una maleta (total, tampoco iban a usar mucha ropa), de despidieron de su pequeña, lo cual les llevó más tiempo del planeado, ya que les costaba horrores despedirse de ella, y salieron hacia la estación.
G- No puedo creerme que vayamos a estar solos todo el fin de semana. -Comentó mirando por la ventanilla una vez en el tren.
F- Yo no me puedo creer que hayamos dejado a Helena sola.
G- Cómo que sola, está con sus abuelas. Cariño, no te preocupes. -Le pasó un brazo por los hombros y le besó la mejilla- No podría estar en mejores manos. La mimarán y la darán todo lo que se le antoje. Cuando regresemos el lunes será una niña mimada. -Rió.
F-Sí, tienes razón. Pero me cuesta tanto no estar con ella..
G- Yo haré que te olvides de todo. -Le susurró al oído en tono sensual y Frank ronroneó.
F- Mm, ¿en serio? ¿Cómo?
G- Pues para empezar te arrancaré toda esa ropa que no hace más que estorbar y no me deja admirar tu cuerpo lleno de tinta. Te besaré y te lameré cada milímetro de piel. Te haré gemir y jadear y gritarás cuando me meta dentro de ti, hasta el fondo, una y otra vez. -Todo esto se lo dijo al oído, haciéndolo más íntimo y causándole escalofríos de anticipación.
F- Dios, dime que queda poco para llegar. -Pidió desesperado, pasando su lengua por la mejilla del pelirrojo- Ves haciéndote a la idea de que no te dejaré salir de esa cama en todo el tiempo que dure el viaje.
G- No tenía intención de ir a ningún sitio donde no estés tú desnudo. -Terminó, besándole en los labios durante largo rato, ignorando al resto de viajantes.
...
El hotel se llamaba Congress Hall, con un estilo victoriano al igual que el resto de la ciudad en la que se encontraba.
Era un edificio alto, amarillo y con columnas a lo largo de toda su extensión y tenía una piscina en una gran zona verde que daba directamente a la playa, donde se distinguían pequeñas cabañas que podías alquilar en el hotel. Por dentro eran todo colores claros y estilo recargado.
La habitación eran más simple que el resto, de color azul cielo con cama matrimonial y una terraza con vistas a la piscina y al Atlántico.
Lo primero que hicieron Gerard y Frank nada más entrar a la habitación fue soltar la maleta y asomarse al balcón, desde donde podían escuchar el sonido de mar y se distinguían algunas luces de las cabañas y antorchas decorativas a lo largo de la playa.
G- Guau. Es hermoso.
F- Sí, es increíble. -Se quedaron un rato en silencio escuchando la naturaleza- Les ha tenido que costar una pasta.
G- Aham... Por eso sería una grosería no aprovechar todo esto, ¿no crees? -Preguntó, envolviéndole con los brazos desde la espalda.
F- Totalmente de acuerdo. -Giró sobre sus talones y quedó de frente a él para poder besarle.
Lo que empezó como un tierno y romántico beso bajo las estrellas se convirtió en pura pasión y deseo.
Sin romper el beso, Frank fue empujando a su pareja hacia atrás hasta que las piernas de ésta chocaron contra la cama, cayendo sentado.
Se separaron un poco y sonrieron con picardía. Frank rozó sus labios una vez más y los abandonó por el momento, centrando sus atenciones en acariciar los brazos y el pecho del pelirrojo y sacarle la camiseta.
Besó sus hombros con mucha lengua y saliva, mordió su cuello y descendió por el pecho, deteniéndose a pellizcar rítmicamente los pezones.
La respiración de Gerard salía entrecortada y sus ojos se habían cerrado solos para sentir todo con mayor intensidad. Y, por eso, no vio cuando la boca de Frank se adueñó de su polla, con ropa en medio y todo.
El pelirrojo gritó sorprendido y tuvo que apoyar las manos en la cama para no caer hacia atrás. La boca de Frank se paseaba por su paquete y le mordía de vez en cuando hasta que se cansó y con destreza y hambre desabrochó el cinturón y el pantalón, apartó el boxer y engulló esa polla que le hacía la boca agua.
G- Ahh, joderostiaputa Frank. -Gimió y se mordió el labio para intentar mantenerse en silencio. Pero Frank no quería eso y sabía que le haría gemir sin control si masajeaba y chupaba sus testículos, y eso hizo.
Cuando le notó tensarse a punto de correrse, se separó, dejándole a medias. Gerard gruñó roncamente y le miró esperando una razón para dejarle así.
F- Creo que en el tren me prometiste algo... -Dijo poniéndose de pie, con las manos en la cintura.
Gerard exprimió su cerebro para averiguar de qué le estaba hablando ya que su estado era todo menos lúcido y por fin se acordó.
G- Oh, es verdad. -Dijo poniéndose de pie- ¿Qué fue lo primero que te dije? -Preguntó para sí mismo- Ah, sí. Que me desharía de toda tu ropa y te lamería enterito.
Sin más se lanzó hacia él besándole deseoso mientras se deshacía de toda su ropa con una velocidad increíble.
En menos de dos minutos le tenía totalmente desnudo sobre la cama y su lengua estaba pegada a la piel tatuada, escurriéndose por los lugares más escondidos y privados.
Preparó su culo para poder meterse en él después de tanto tiempo añorando ese lugar y cuando le tuvo listo y rogando por más fue a quitarse los pantalones y boxers pero Frank le detuvo.
F- No, no. No te los quites. Fóllame así. Te hace parecer más dominante y duro. -Jadeó con lujuria brillando en sus ojos.
Una especie de rugido escapó de la garganta del pelirrojo para después besarle otra vez, todo lengua y dientes, y empezar a introducirse en su paraíso privado.
Le dio unas cuantas embestidas antes de girarle sin salir de él y dejarle a cuatro patas, mirando hacia los pies de la cama. Volvió a moverse, entrando y saliendo de él.
Frank disfrutaba con la mirada fija en el colchón y una mano acariciando su erección cuando Gerard le sujetó del pelo y tiró haciéndole levantar la cabeza. En la pared de enfrente descubrió un espejo que hasta el momento había pasado desapercibido para él y se encontró con la mirada penetrante de su pareja a través de él.
Sin despegar sus miradas Gerard volvió a moverle. Pasando un brazo por su cintura le hizo incorporarse, quedando los dos de rodillas, follando frente al espejo. El pelirrojo apartó la mano de Frank de su polla para cambiarla por la suya y le masturbó al mismo ritmo que le penetraba.
La imagen que tenían delante era lo más erótico que habían visto en mucho tiempo y fue lo último que necesitaron para tener un orgasmo brutal que les hizo caer desplomados hacia adelante.
F- Joder, Gerard.
G- Sí, eso es lo que hemos hecho. -Jadeó contra su espalda, donde había caído.
F- Eres un puto Dios del sexo.
G- Dime algo que no sepa. -Le mordió en el hombro, sonriendo al escuchar la risita infantil de su novio y se acomodó a su lado, con un brazo rodeando su espalda y la barbilla contra su brazo.
F- Te amo, aunque seas un egocéntrico. -Susurró medio dormido.
G- Te amo aunque me llames egocéntrico.
...
Pasaron el sábado entero enredados en las sábanas, saliendo sólo lo justo y necesario, recuperando el tiempo perdido, follando sin parar, en todas las posiciones posibles y algunas que perecerían imposibles. Y probaron la gigantesca bañera llena de espuma, el sillón, una mesita de té que nadie sabe como sobrevivió y la terraza.
El domingo decidieron descansar de tanta actividad física y salieron a pasear por la ciudad. Comieron fuera y pasearon descalzos por la playa hasta que se cansaron y se sentaron en la orilla.
Fue un día romántico como pocos. Hablaron, rieron, bromearon y se besaron frente al mar hasta que anocheció y se quedaron solos en el lugar.
G- Hoy es el último día aquí. -Susurró.
F- Sí... Lo bueno siempre acaba pronto. Pero bueno, tengo ganas de ver a Helena ya.
G-Yo también la echo de menos... -Reconoció taciturno, mirando al frente de nuevo. Se quedaron un rato en silencio, pero Frank decidió que no quería pasar así su última noche libre en quién sabe cuánto tiempo.
F- Me apetece darme un baño. -Dijo de repente. Se puso en pie de un salto y empezó a quitarse la ropa. Gerard le miraba con el ceño fruncido.
Al final, Frank quedó totalmente desnudo y los ojos del pelirrojo se abrieron todo lo que pudieron antes de mirar hacia todos lados vigilando que no hubiese nadie cerca. Cuando su mirada volvió a Frank, éste ya estaba corriendo el trozo que le separaba del mar, su culo respingón balanceándose y Gerard derritiéndose en la arena ante semejante imagen.
F- ¡Vamos, Gee! ¡Ven conmigo! -Le gritó ya desde el agua.
Gerard lo pensó un momento. Seguramente el agua estaría helada... Pero, por otra parte, un Frank Iero desnudo le esperaba dentro y sólo de pensarlo era capaz de calentarse y soportar las más bajas temperaturas.
Finalmente se puso de pie sonriendo, echó una última mirada a la playa y se quitó la ropa tan rápido como pudo antes de correr hasta el agua.
Sí que estaba fría, sentía que le llegaba hasta los huesos y eso le hacia tiritar, pero ya era tarde para arrepentirse.
G- ¿Frank? -Preguntó, buscándole a su alrededor, sin encontrarle- Frankie, ¿dónde estás? No tiene gracia. -Daba vueltas flotando en el mar pero seguía sin verle, hasta que algo tiró de su pie.
El pelirrojo se asustó y pataleó para quitarse lo que fuese de encima y entonces Frank emergió del agua soltando una gran carcajada al ver su cara de terror.
G- Hijo de puta, casi me da un infarto. -Le dijo enfadado. Y, al ver que no paraba de reír, fue hasta el y le hizo una aguadilla, poniendo las manos en sus hombros le metió bajo el agua unos segundos.
Cuando le soltó, Frank salió con la respiración agitada y tosiendo. Le lanzó una mirada furiosa al pelirrojo, quien ahora sí que reía.
F- Eres un cabrón. Casi me ahogo. -Un puchero apareció en sus labios y a Gerard le dieron ganas de morderlo.
G- Vamos, no es para tanto. Ven aquí, precioso. -Abrió los brazos para recibirle y caminó hacia él.
Frank se hizo el resentido unos segundo, pero en seguida sonrió y se acurrucó en sus brazos, compartiendo calor.
Se quedaron un rato así, siendo mecidos por las olas, besándose cálidamente, pero el movimiento estaba haciendo que sus cuerpos se rozasen y ciertas partes empezaban a despertar, así que el beso se hizo más profundo y desesperado.
Gerard llevó sus manos de la cadera del petizo a sus piernas. Acarició sus muslos y los sujetó para que se enroscase con ellos a su cintura.
Más besos, más caricias, más moriscos y Gerard estaba dentro de su novio otra vez.
Entre el movimiento del mar y los propios del sexo, terminaron acercándose más y más a la orilla, hasta caer el la arena, donde rompían las olas.
Mantuvieron un frenético baile de pasión y deseo, pero antes de llegar al orgasmo, el pelirrojo paró y se salió del cuerpo de Frank, quien le miró con una ceja alzada.
G- Ahora te toca a ti estar dentro de mi. -Le susurró al oído para después meter la lengua en su oreja.
Frank no se hizo de rogar y al segundo estaba preparándole.
G- No hace falta todo eso. Me tienes bien abierto de estos días.
F- Lo sé. Pero me encanta meterte los dedos y sentir cómo te aprietas sobre ellos. -Jadeó, besando su cuello.
Pero era cierto y ya había disfrutado de esa parte, así que quitó los dedos y presionó la punta de su polla con la apretada entrada del pelirrojo, desesperándole un poco más. Pero estaba seguro de que ninguno de los dos duraría mucho más, así que con un golpe certero de cadera se hundió hasta el fondo.
Gerard, bajo él y con la espalda en la arena, se arqueó y apretó dos puñados de tierra con las manos.
Se acompasaron con la primera embestida, Frank empujando hacia adelante y Gerard moviendo su cadera para encontrarse con la del otro.
Las olas chocaban contra ellos, la arena se movía debajo de sus cuerpos y el aire erizaba sus pieles.
Todo era perfecto y así lo demostró el orgasmo que tuvieron, que les hizo sentir una corriente de electricidad desde las puntas de los pies hasta el último pelo de sus cabezas.
Tras un momento de recuperación, Frank se dejó caer a un lado de Gerard, apoyando la cabeza en un brazo de éste y se quedaron mirando el cielo.
G- Nunca olvidaré este fin de semana.
F- Yo tampoco. Ha sido perfecto, fantástico.
G- ¿Y sabes qué ha sido lo mejor? -Giró el rostro para mirarle y Frank hizo lo propio.
F- ¿El qué?
G- Que ha sido contigo.
Frank sonrió, sus ojos más brillantes que nunca fijos en las esmeraldas de su pareja.
Con una nueva declaración de amor, terminó el fin de semana de relax y sexo.
Continuará...
No hay comentarios:
Publicar un comentario