viernes, 27 de julio de 2012

Últimos caps de Obsesionados con el Sexo - 55

CAPÍTULO 55:

Donna- ¡Pero qué niña tan tranquilita!

F- La verdad es que sí, por ahora no parece que de muchos problemas.

Linda- Tampoco cantéis victoria. sólo lleváis unas horas con ella. A ver qué tal pasa la noche.

Donna- Bah, seguro que se porta bien ¿A que sí cosita linda?

La misma tarde que llevaron a Helena a casa, unas horas después, empezaron a llegar visitas que querían conocer a la pequeña.

Mikey fue el primero en llegar y pasó con ellos toda la tarde, conociendo a su nueva sobrinita. Pete y James estuvieron un rato para verla y despedirse, pues se irían unos días de viaje de negocios. Ray y Bill se encontraron en la entrada del edificio con los hermanos Leto cerca de la noche. Estuvieron un rato y se fueron cuando llegaron los abuelos.

Las recientes abuelas estaban como locas con Helena y fueron muy útiles para los chicos, dándoles consejos sobre el cuidado de bebés y enseñándoles cosas básicas, como la preparación del biberón o cómo cambiar los pañales, cosa que no le hizo demasiada gracia a ninguno de los dos.

G- Esperemos que sea buena y no nos de malas noches. -Rogó.

Mikey- No estaría mal que no os deje dormir en toda la noche. -Dijo, desternillándose de risa y ganándose un zape de su hermano.

G- Si pasa eso, te llamaremos para que vengas a ayudarnos.

Mikey- Ey, ey, ey. -Levantó las manos con inocencia- Yo sólo soy el tío Mikey, el que se encargará de mimarla y malcriarla regalándole todo lo que pida. El resto es cosa vuestra.

F- Vaya, gracias, Michael. -Dijo, sarcástico.

Mikey- No hay de qué. Sabéis que yo estoy aquí para ayudar. -Los más mayores se rieron de sus ocurrencias al tiempo que Frank y Gerard le sacaban la lengua- Bueno, yo me voy yendo que he quedado. Suerte, chicos.

Se despidió de todos los que estaban allí y se fue, dándole un último vistazo a Helena, que dormitaba en su moisés, el cual sería su cama los tres primeros meses antes de pasar a la cuna.

Linda- Nosotros también nos vamos a ir ya. Seguro que queréis descansar con la peque, que ha sido un día de muchas visitas.

F- La verdad es que estamos cansados. -Bostezó.

Cheech- Si necesitáis algo... Importante -Remarcó- Llamadnos. -Recogió las cosas de su mujer y suyas y se volvió hacia Donna- Si quieres te llevamos a casa.

Donna- Ay, sí, muchas gracias. Bueno, cuidadla bien, ¿eh? -les dio un beso a casa uno en la mejilla, y tras ella Linda. Pero pasaron rápidamente de ellos para ir hacia su nieta a quedarse mirándolas embobadas de nuevo.

G- A ver, las abuelas que se limpien la baba. -Los tres hombres rieron- Vamos, que Cheech os espera.

No sin reticencia, las dos mujeres salieron tras Frank padre para irse a casa. A ellas también les hacía falta descansar.

F- Estoy muerto. Vamos a dormir.

Empujaron el moisés de rudas con cuidado hasta la habitación y encendieron el intercomunicador cuya pareja tenían en su habitación.

Se quitaron la ropa hasta quedarse sólo en boxer, como acostumbraban a dormir cuando no hacía frío, y se metieron en la cama sin más, con un último beso. No tenían fuerzas para mucho más después de un día de lo más intenso, sólo para dormir.

Pero no pudieron disfrutar demasiado del sueño, ya que una hora escasa después escucharon el llanto de Helena.

F- Mierda. -Gruñó.

G- Demasiado bien se ha portado todo el día...

Ambos chicos se levantaron para ver qué ocurría, arrastrándose medio dormidos por la casa.

G- Voy a prepararle un biberón, ¿vale?. -Frank asintió en medio de un bostezo y cogió a Helena en brazos para acunarla.

F- Enana, necesitas un cambio de pañal. -Comentó, arrugando la nariz- Pero vamos a esperar a que tu papá Gee venga. -Le susurró al oído, antes de besarle la frente sin dejar de moverse de un lado a otro.

Unos minutos después, la Helena lloraba con menos intensidad, dejando de hacerlo por completo cuando Gerard le pasó a su pareja el biberón y éste se lo dio a la pequeña.

F-Gee, cariño. Helena necesita un cambio de pañal. -Dijo con voz suave.

G- ¿Y por qué no se lo has cambiado?

F- Te estaba esperando... -Soltó una risilla al ver la mirada del pelirrojo.

G- Qué cara tienes... Anda, ponla en el cambiador.

Sin dejar de darle el biberón, Gerard se dispuso a cambiarla y limpiarla.

Costó. Mucho. Pero al final lo consiguió, justo cuando la leche se terminaba y Helena se quedaba dormida de nuevo.

Con cuidado y sin hacer ruido, la dejaron en el moisés otra vez y volvieron a la cama, tirándose en ella sin cuidado.

Eran ya las 3 y pico de la mañana.

Y la cosa no había terminado ahí.

A las 5:20, del comunicador volvió a brotar el llanto de la bebé. Frank resopló y Gerard se dio la vuelta, tapándose la cabeza con la almohada.

G- Te toca ir a ti, que yo en unas horas tengo que ir a trabajar. -Con otro resoplido, se levantó. Mientras, el pelirrojo se dormía escuchando a su novio rogarle a la niña por un poco de descanso.

...

Así pasaron los primeros días, semanas y meses. Durmiendo una media de 5 horas al día y levantándose por lo menos 2 veces cada noche.

El sexo se hizo imposible, el tiempo libre desapareció y todo eran lloros, biberones y pañales.

A los 7 meses, además, debían tener cuidado porque la enana había aprendido a ponerse de pie, agarrándose de los barrotes de la cuna.

Pero lo que les traía de cabeza era que había empezado a gatear y recorría la casa, de un lado a otro a una velocidad increíble. Y tenían que tener muchísimo cuidado con lo que tenían por el medio y en los cajones más bajos de los armarios, los cuales había vaciado ya varias veces.

Todo eso sólo causaba las risas de sus familiares y amigos, pero lo cierto es que necesitaban un descanso, aunque fuese un rato para ellos dos solos. Amaban a Helena, cada día más. Pero el casi inexistente descanso y la nula privacidad, los estaba volviendo locos.

Sin embargo, cada vez que Helena aprendía algo nuevo, su pecho se inflaba orgulloso y todo lo demás carecía de importancia: la primera vez que rió, cuando comenzó a balbucear como si intentase hablar, la primera vez que gateó por todo el salón o cuando empezó a reconocer objetos y personas.

A los 8 meses ya se mantenía sola en pie y andaba con ayuda y poco después de cumplir un añito, dijo su primera palabra. Una anécdota de lo más curiosa.



Continuará...

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