CAPÍTULO ÚNICO
Todavía no sabía que
mierda pintaba él allí. Esa mañana se había levantado de la cama dispuesto a
pasar el día deprimiéndose y maldiciendo todo lo existente desde el sillón,
bote de helado en malo, como en las películas románticas. Pero el idiota de su
hermano le había obligado a ir.
Y allí estaba ahora,
muerto del asco, vistiendo su mejor traje porque Mikey le había dicho que tenía
que lucir perfecto para la ocasión, nada de hacerse el mártir por más tiempo.
Estaba completamente solo, esperando a que su ex novio se casase con un tío que
NO era él. Ojala cayese un rayo en ese momento y destrozase el edificio entero.
Gerard estaba en la
calle, apurando el tiempo para entrar a la famosa boda (famosa porque llevaba
meses oyendo a todos sus amigos hablar de ella), cigarro en mano y gafas de sol
puestas. Saludaba a la familia de su ex y soportaba las miradas de lástima que
tanto le cabreaban y a las cuales respondía con su sonrisa más falsa.
Estando allí, no
pudo evitar recordar su relación con ese chico que estaba a punto de casarse.
Se conocieron en la
universidad. Gerard estudiaba Bellas Artes y conoció a Ian en la cafetería de
su edificio, donde éste trabajaba para pagarse los estudios de Psicología. La
parte cursi de Gerard diría que fue amor a primera vista. Pero es que ese chico
entraba por los ojos. Pelo oscuro, despeinado y medio de punta, camisa blanca
de manga corta dejando ver varios tatuajes en los brazos, corbata fina negra y
mirada penetrante. Cuando Gerard fue a pagarle la comida, estaba tan absorto
mirándole (atontado sería más acertado), que el dinero se le cayó de las manos,
haciendo reír al chico.
Gerard quiso que la
tierra se le tragase mientras se agachaba para recoger las monedas que habían
rodado por todas partes. Sin embargo, su torpeza le valió la primera cita de
muchas con Ian.
Desde el primer
momento encajaron, aunque sus gustos no eran siempre los mismos y discutían por
eso de vez en cuando. Su familia acogió a Ian con gusto y lo que empezó como salimos-follamos-sigo con mi vida, se
convirtió en toda una relación seria, llegando a vivir juntos los dos últimos
meses.
Pero terminó. Así,
de repente.
Ian se apuntó a un
gimnasio nuevo, al cual Gerard no quiso acompañarle porque, para qué mentir,
era un negado en deporte, y cada vez pasaba más tiempo allí metido. O al menos
eso decía él porque poco después llegó a casa diciendo que lo sentía, pero se
había enamorado DE OTRO y no podía hacer nada por evitarlo. Que le dejaba, así
sin más. Una caricia en la mejilla y ya estaba saliendo de la casa que habían
compartido, maleta en mano.
Y ahora se casaba y
el muy cabrón invitaba a Gerard a su boda, como si fuese lo más normal invitar
a tu ex novio después de dejarle tirado.
Gerard suspiró y dio
una calada más al cigarrillo que se deshacía en sus dedos.
Vio a los novios
bajarse de un coche negro con lazos blancos en los tiradores de las puertas (muy
cursi si le preguntan a él) y caminar cogidos de la mano hacia el interior del
edificio. Lo vio todo lo más apartado posible, medio escondido tras una
columna. La mayoría de la gente ya estaba dentro, esperando el inicio de la
ceremonia, así que apuró el cigarro para entrar también.
Cuando daba la
última calada, sintió la presencia de alguien junto a él. No dijo nada, supuso
que sería algún familiar/amigo hiper-mega-alegre por la pareja y no le apetecía
hablar con ellos.
-Eres Gerard Way, ¿verdad?
–Habló el chico junto a él.
-Sí. –Respondió
soltando el humo. Tiró el cigarrillo al suelo y lo pisó antes de voltearse para
ver a quien le había hablado. Joder, ese chico no tenía pinta de ser un
invitado cualquiera.
Era bajito, con el
pelo castaño alborotado, el flequillo cayéndole sobre los ojos delineados de
negro, piercing en el labio y sonrisa traviesa. Llevaba un traje negro con
Converse, la chaqueta en la mano y la camisa blanca arremangada hasta los
codos. Muchos tatuajes asomaban bajo ella y Gerard se dio cuenta de que estaba
babeando. Frank alargó su sonrisa al darse cuenta.
-Y eres el ex novio
de Ian. –Gerard solo pudo asentir con torpeza– Yo soy Frank Iero. El ex novio
de Billie.
Billie, la actual
pareja y futuro esposo de Ian. Le odiaba desde que conoció su existencia, hacía
unos 5 meses.
-¿Sigues ahí? –Movió
una mano frente a la cara de Gerard, que se había perdido en sus pensamientos
de nuevo.
-Sí, perdona. Estaba
recreándome en mi odio. –Frank se rió, una risa desinhibida que recordaba a la
de un niño y Gerard tuvo que centrar su atención en él porque sí, porque en ese
momento Frank era lo mejor sobre la tierra.
-A mí también me
pasaba al principio. –Gerard le miró arqueando una ceja– Está bien, aún me
pasa. Pero hay que seguir adelante y, no sé tú, pero a mí me parece una
verdadera cabronada que nos hayan invitado a la boda. Si no venimos, creerán
que aún seguimos profundamente enamorados y deprimidos. Y si venimos, tenemos
que soportar a la familia mirándonos con pena. Que les jodan a todos.
-Estoy totalmente de
acuerdo. He de admitir que sólo he venido porque mi hermano me ha obligado, usando
el mismo razonamiento que tú, por cierto.
-Pues tendrás que
presentarme a tu hermano para que le dé las gracias. Siempre está bien tener
algo bonito que mirar. –La mirada de más bajo se paseó por todo el cuerpo del
contrario sin disimulo alguno. Se mordió el labio y Gerard tragó duro, pensando
que se moría por un subidón de temperatura– ¿No has pensado en vengarte de él? –Volvió
a preguntar, esta vez más bajo, casi un susurro que se le coló al moreno hasta
los huesos, erizando su piel.
-Claro que sí. Pero
mis ideas eran basura. Con todas ellas, lo más probable era acabar en la
cárcel. –De nuevo esa risa infantil por parte de Frank y Gerard tuvo que
unírsele.
-¿De qué serviría si
no se enterasen de lo que hemos hecho? –Intentaba sonar despreocupado, pero el
deseo hervía como fuego en su interior y le dificultaba pensar.
-Oh, tranquilo. Se
enterarán.
Y sin más le besó.
Con ganas, con pasión y lujuria desmedidas, como si llevase deseándolo toda su
vida. Y puede que no fuese tanto, pero sí desde que le había visto desde lejos
fumándose ese cigarro y haciendo burla de toda la gente que pasaba por su lado.
Gerard respondió el
beso de igual forma. Sus manos cobraron vida propia y se enroscaron en la
cintura del menor en un absurdo intento de evitar que Frank se alejase de él.
Tonterías. Lo último que Frank quería era alejarse de Gerard.
Frank sujetó el
rostro del moreno con una mano, fuerte, guiando el beso, y enredó los dedos de
la otra en el pelo negro y suave, dando ligeros tirones según aumentaba la
intensidad de los movimientos.
Toda la gente estaba
ya dentro del edificio, probablemente escuchando las primeras palabras de quien
oficiase la boda. Solo quedaban ellos dos fuera, y no por mucho tiempo.
Frank rompió el beso
y Gerard rugió descontento, sin embargo se dejó llevar por Frank, que le guiaba
cogido de la mano hacia el interior del edificio. Llegaron a la entrada al
salón de la boda, desde donde podían escuchar el sermón de fondo, pero en vez
de juntarse con el resto de invitados, Frank le empujó contra la puerta de
enfrente. Sonrió de medio lado al tener al moreno acorralado, le mordió el
labio y abrió la puerta, entrando y arrastrando a Gerard con él. Cerró tras
ellos y no perdió el tiempo.
Cuando Gerard se
quiso dar cuenta estaba de nuevo contra la puerta, esta vez dentro de un cuartito
oscuro que tenía toda la pinta de ser un almacén, aunque eso era lo de menos
cuando tenías a alguien como Frank Iero mordiendo y lamiendo tu cuello, con
toda seguridad dejando marcas, e intentando sacarte la camisa del pantalón.
No queriendo
quedarse atrás, las manos del mayor acariciaron desde la espalda hasta los
muslos de Frank, deteniéndose finalmente sobre su culo, el cual amasó y apretó
para juntar el cuerpo del menor por completo al suyo. En ese momento, sus
pollas hicieron el primer contacto y, Dios,
Gerard nunca había estado tan cachondo, y podría jurar que Frank tampoco.
Los primeros gemidos
llenaron el cuarto cuando Frank empezó un continuo vaivén en el que rozaba sus
pelvis.
A partir de entonces
se centraron en la ropa, intentando abrirse paso hacia la piel con más
necesidad y desesperación que antes. Gerard descubrió que el pecho de Frank
también estaba lleno de tatuajes y los redibujó con su lengua, en especial las
golondrinas de su estómago, aprovechando que se había puesto de rodillas para
bajar un poco más, quitar los pantalones del medio y descubrir con alegría que
Frank no llevaba nada debajo y que podía comérselo entero como quería hacer.
Si en algún momento
pensó que Ian era el tío más sexy y caliente del planeta, estaba jodidamente
equivocado. Esa persona se llamaba Frank Iero.
Al notarse a punto,
Frank hizo levantarse a Gerard, le besó probándose a sí mismo, y le bajó el
pantalón hasta las rodillas antes de voltearle de cara a la pared. Frank era
más bajo que Gerard y tenía que ponerse un poco de puntillas para besar su
nuca, pero incluso así sus movimientos eran perfectos y Gerard estaba a punto
de explotar, sobre todo cuando sintió el primer dedo entre sus nalgas, el cual
entró sin muchos problemas, igual que el segundo, porque puede que desde la
ruptura Gerard se haya tirado todo lo que se mueve por puro despecho, pero qué
importa.
Frank le preparó
bien pero rápido y a los pocos minutos Gerard se había convertido en una masa
de gelatina temblorosa que sólo sabía rogar por algo más grande, duro y
caliente dentro de él. Y eso fue lo que obtuvo. La polla de Frank se enterró en
él hasta el fondo y con fuerza, con tanto ímpetu que la pelvis de Gerard golpeó
contra la puerta con fuerza, haciendo ruido. Se había olvidado completamente
que el mundo seguía fuera y que una boda se estaba celebrando a unos escasos
metros de distancia de donde ellos dos follaban como animales.
-¡Oh, sí, Gerard! Joder,
eres increíble, nene. Dios, Way, ¡sí! –Gritaba Frank junto a su oído. Tal vez
sonaba algo exagerado, pero eso sólo lo hacía más excitante, porque Gerard
sabía lo que pretendía y pensaba ayudar– Gime mi nombre bien alto. –Susurró luego
a su oído y Gerard sonrió porque había acertado. La sonrisa se borró de su
rostro cuando la mano caliente y resbaladiza de Frank cubrió su polla,
moviéndose con soltura.
Los movimientos eran
cada vez más y más rápidos, los choques contra la puerta más fuertes y sonoros
y la pasión escapaba por los poros de ambos chicos hasta que no pudieron más y,
sin dejar de gritar sus nombres y apellidos y todo lo que les sirviese para
identificarse ante la gente de fuera, se corrieron. Primero Gerard en la mano
del menor, manchando la puerta y el suelo, y después Frank en el interior del
moreno, mordiendo su hombro con fuerza.
Descansaron así unos
minutos, Gerard totalmente apoyado en la puerta, la frente contra la fría
madera despejándole la cabeza poco a poco, y Frank contra su espalda, ambos
ignorando los cuchicheos, plegarias y quejas de toda la gente de fuera, que no
se habían perdido lo más mínimo de lo ocurrido dentro del pequeño almacén, ya
que los gritos y gemidos habían resonado con fuerza en la sala donde estaban
los novios.
Frank por fin salió
del mayor cuando éste que quejó con voz queda. Le giró del nuevo y le besó
despacio, recreándose en el momento. Se separaron cuando necesitaron más aire y
se vistieron sin decir una sola palabra.
-¿Listo? –Preguntó Frank
antes de abrir la puerta para salir– Sabes que todos nos mirarán y hablarán.
-Estoy listo. Pueden
mirarnos todo lo que quieran. –Frank sonrió sincero, sin segundas intenciones
detrás por primera vez desde que le había conocido. Gerard recogió sus gafas
del suelo, sin saber cómo ni cuándo habían acabado allí.
-Vamos entonces.
Al abrir la puerta
se hizo el silencio en el exterior y todas las cabezas se giraron para mirarles,
los novios incluidos, que tenían el rostro pintado de incredulidad.
-Oh, perdón por la
interrupción. –Se disculpó con falso arrepentimiento Gerard- Sigan con la
ceremonia. –Rodeó los hombros de Frank con un brazo y caminó de nuevo fuera del
edificio, dejando a todos pasmados en sus lugares.
Una vez fuera, la
tensión y los nervios se evaporaron con las carcajadas que ambos soltaron.
-Dios, sus caras. –Rió
Frank– Teníamos que haber hecho una foto.
-Le pediré el vídeo
de la boda a Ian cuando lo terminen. –Bromeó el mayor- Oye, ¿iremos al banquete
o nos matarán los familiares antes?
-Pasemos de la boda.
Te invito a una copa. –Gerard aceptó y apretó a Frank más hacia él.
-Me alegro de haber
venido a la boda.
...FIN...
Estos dos sí que saben cómo vengarse, joder. No me imagino esto pasando de verdad, tía. Aunque con los personajes que hay por ahí, no me extrañaría XDDDDDDDDD En fin, todo sublime. Que no entiendo a los novios, hay que estar muy loco para dejar a alguien como Gerard y Frank, por muy buen que esté el otro. Pero en fin. Que no te voy a decir nada que nos sepas, que me encanta y tal.
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